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Opinión
![]() Eduardo Andrade Sánchez
El Estado como ente económico
Organización Editorial Mexicana
1 de diciembre de 2008
DIA 732. EL ÍNDICE DE MORTANDAD CERRÓ LA SEMANA PASADA EN 10.74 MUERTES DIARIAS VINCULADAS CON LA CRIMINALIDAD ORGANIZADA.
Hace algunos días la revista The Economist atribuyó casi como si fuera un insulto, o por lo menos una descalificación, el adjetivo de "socialista salido del closet" al presidente francés Nicolás Sarkozy. De algún modo le reprocha el haber declarado que ha concluido el "dejar hacer" del capitalismo y el haberse lanzado contra lo que llamó "dictadura del mercado". Entre las explicaciones para este cambio de posición por parte de un centroderechista que aparecía como campeón de las medidas neoliberales, el artículo correspondiente aventura la posibilidad de que el mandatario francés desea arrebatarle banderas ideológicas a sus adversarios izquierdistas, o bien que hace algunas concesiones discursivas y hasta reales al adoptar ciertas soluciones estatistas mientras, con otra mano, empuja políticas de corte liberal. Una tercer hipótesis es que simplemente busca responder a problemas concretos, sin motivos ideológicos, ante la presión del desempleo. Sea lo que fuere, el colapso financiero ha trastocado la posición teórica de muchos dirigentes. El mundo parece de cabeza cuando uno escucha a Mariano Rajoy defender la propiedad española de Repsol y al presidente Zapatero, formalmente socialista, parapetarse en el principio de la libre empresa para justificar la no intervención del Estado en la posible compra de acciones de la compañía petrolera española por parte de un consorcio ruso. Por eso es necesario volver a los fundamentos, en donde se unen la ciencia política y la economía, para verificar que desde el origen del Estado está presente su acción reguladora y conductora de la vida colectiva, y como parte muy importante de ella, de las actividades económicas. En los Estados originarios, primeras formaciones sociales que evolucionaron a formas estatales centralizadas, como China, Sumeria o Egipto, entre otras, surgió una autoridad centralizada y organizadora de las tareas colectivas. Las "sociedades hidráulicas", así denominadas por Wittfogel, realizaban actividades que hacían del Estado una empresa común, un conjunto organizado de acciones humanas para obtener finalidades específicas, esencialmente de carácter económico, puesto que el objetivo perseguido era la organización de la población para la producción. En tales sociedades, el Estado impone el trabajo como un recurso aportado por los miembros de la colectividad para alcanzar esa finalidad. A este sistema le llaman algunos autores "modo de producción asiático". El Estado, desde sus albores, toma y administra recursos del conjunto social para satisfacer necesidades colectivas, y salta a la vista que su actividad tiene una gran cantidad de elementos económicos. El Estado aparece como un resultado de la actividad económica de los hombres; no podemos concebirlo sino como producto de un proceso en el que se hace compleja la interacción productiva, se divide el trabajo y se precisa la especialización de un determinado sector social con el carácter de gobernante. El Estado es no solamente una categoría política, como tradicionalmente se le considera, sino también una categoría económica; es una conceptualización que refleja la realidad surgida de un proceso de evolución y de diferenciación en el que la economía juega un papel fundamental. Puede existir una sociedad sin Estado, como también sociedades que no conozcan el uso del dinero. El dinero supone un cierto grado de evolución económica, lo mismo que el Estado. No podemos imaginar una economía compleja sin el dinero, como no podemos imaginarla sin el Estado. eandrade@oem.com.mx Columnas anteriores
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