Opinión
Jaime Alcántara
Ser diputado

Organización Editorial Mexicana
1 de diciembre de 2008

En el 2000 no sólo se renovó el poder. También cambiaron la centuria y el milenio. Con estos últimos, las costumbres hicieron lo mismo. Obvio que no es de un tajo como ocurrieron las formas del hacer, pero sí son parte de los tiempos que ya no son lo que fueron. Así se explica que los sindicatos estén en crisis. Que las familias sientan un resquebrajamiento, con la partida de hijos adolescentes, y con un número mayor de cónyuges que se separan. Los divorcios tienen un gran peso en las estadísticas, a diferencia de los tiempos recientes. Menos jóvenes tienden hacia el matrimonio, ya sea por comodidad o por cálculo. Si la semilla de la sociedad es la familia, el Gobierno no está exento de estos movimientos.

Aquí hay sincronía, hay mimetismo. El conjunto de individuos mira y replantea sus expectativas. Si el PRI fue durante siete décadas la referencia obligada para los asuntos de la administración pública, hoy es diferente. Y no porque no hubiera opciones en el pasado, sino por la nueva visión que tienen quienes apuntan para la toma de decisiones colectivas. La televisión, el internet, los celulares, la tecnología en general han hecho que la información esté a la mano. El cable, el teletipo y los cenáculos de iniciados son cosas que quedaron en el ayer. Hoy cualquier persona tiene acceso a los conocimientos. Prácticamente no hay limitaciones para el saber, sólo las ganas de indagar, y a veces ni ello. Y en este escenario tiene que vivir el diputado. Si bien es un privilegio serlo, también su desempeño es una gran responsabilidad. Tiempos se fueron en los que sólo opinaba a la hora de votar, para un determinado proyecto de ley o punto de acuerdo. En que no se pedía su opinión. En que ni un jefe de departamento le tomaba la llamada. En que sólo era útil para legitimar al poder establecido. En que ganaba como un asalariado más. Finalmente era sólo eso, un servidor del poder. Pero esto es dialéctica, que tendrá qué verse en otro entorno, en otras realidades, que son historia.

No es pecado el que en una época fuera limitada su participación. En que un grupo de expertos propusiera a unos cuantos la visión del Estado y los demás asintieran. "...Los dictámenes siempre se han elaborado con apoyo en las dependencias del Poder Ejecutivo", dice Miguel de la Madrid ("Cambio de rumbo". P. 838). Esto es, la iniciativa era formulada por esa instancia gubernamental. La conseja popular cobraba aquellas omisiones, llamándolos "levantadedos", empleados del Ejecutivo o legalizadores del poder. Por ello los raquíticos ingresos y sus nulas prestaciones, sin posibilidades de reclamo. Así operaba el régimen. El diputado casi no costaba al aparato, al erario. Era una especie de servidor público de tercera (...). Hoy el Legislativo camina de forma diferente. Recibe proyectos del Ejecutivo, de las legislaturas estatales, sugerencias, demandas populares, aspiraciones no sentidas en toda su magnitud, etcétera. También analiza su entorno y presenta sus propios anteproyectos de ley. Por ello debe hacer acuciosos análisis y resistir presiones de quienes vengan. Sus decisiones, dada la vigilancia extrema de sus mandantes, implican riesgos. Visto así, no se puede entender la función de un legislador pusilánime o indeciso. Debe tomar partido porque para eso fue electo. ¿Que su inclinación crea antecedentes?, por supuesto, es parte de su currículum. Si no hay determinación personal, capacidad para entender lo que ocurre, entonces hay otras opciones en el amplio espectro de la sociedad. Y todo cambia, hasta el modo en el que se ve cómo vota. Hace años era levantando la mano, ahora se refleja en los tableros, desplegados en los muros laterales de la Cámara y expuestos a la mirada social.

Son tiempos nuevos en los que el legislador debe asumir responsabilidades que, incluso, pueden marcar su destino. Los demás actores también, en el complejo entramado de la sociedad. Nadie tiene la verdad absoluta. Por ello las discusiones. No habrá bondades para todos en la decisión última, algún sector saldrá perjudicado. Pero es la forma de hacer las cosas. Es lo más cercano a la equidad. (El texto forma parte del libro "Ser diputado", que será presentado el 9 de diciembre próximo.)

jaimealcantara2005@hotmail.com
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