/ domingo 10 de enero de 2016

“El cortesísimo Cortés” | Juan Antonio García Villa

En el capítulo ocho de la II parte de la inmortal novela de Miguel de Cervantes, capitulo donde “se cuenta lo que le sucedió a Don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea del Toboso”, el caballero de la triste figura y su escudero Sancho Panza sostienen en el camino una deliciosa conversación. Platican entre otros tópicos acerca de lo que han sido capaces algunos personajes a lo largo de la historia, para ver satisfecho su deseo de alcanzar fama y que su nombre quede vivo en los siglos venideros. Don Quijote menciona al efecto varios casos de la antigüedad. “Y, con ejemplos más modernos – dice-, ¿quién barrenó los navíos y dejó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por el cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo?”

Es claro que el autor se refiere a Hernán Cortés, fallecido en 1547 (año por cierto del nacimiento del propio Cervantes), y al episodio de la quema de naves en las costas del Golfo de México, que ordenó para evitar las deserciones de los “valerosos españoles”.

Lo anterior viene a cuento con motivo de que en días pasados, al aprovechar los recientes días de asueto para poner en orden los libros que se suelen acumular sin concierto por aquí y por allá (en la biblioteca, en la oficina, en los pequeños libreros de la recámara y de la sala de TV), apareció una media docena de títulos olvidados, de esos que se van adquiriendo de manera un tanto inconsciente a lo largo de los años. Se trata de otras tantas biografías de Hernán Cortés y de las Cartas de Relación “escritas en un castellano terso” por el propio conquistador, libros que se me han quedado sin leer.

Una de las biografías, solo titulada Hernán Cortés, corresponde a la escrita por José Luis Martínez. En la introducción el autor escribe que “como casi todos los mortales, Hernán Cortés fue un tejido contradictorio de bienes y de males, de actos justos e injustos, de grandezas y de miserias, de valentía y de crueldad, de nobleza y de crímenes. Fue, además –remata-, una personalidad sorprendente”. Y agrega: “por todo ello, Cortés nos interesa siempre de manera extremosa, para exaltarlo o para detestarlo”.

De la colección “Sepan Cuantos…” de Porrúa, aparecieron los números. siete y 165, las Cartas de Relación y la biografía simplemente titulada Hernán Cortés, escritas por el propio conquistador y por el paisano coahuilense Carlos Pereyra, respectivamente. De la obra Hernán Cortés, inventor de México, publicada inicialmente en 2001, escrita por el historiador y diplomático mexicano Juan Miralles, apareció un par de ejemplares, ambos impresos en España por dos distintas casas editoriales.

Aparecieron también dos biografías escritas por autores franceses, aunque de distintas épocas. Una es de Jean Babelon, nacido en 1889, titulada simplemente Hernán Cortés y la otra solo Cortés, del académico Christian Duverger, nacido en Burdeos en 1948, con nota introductoria de José Luis Martínez. Se halló también un librito de bolsillo publicado en 2002 titulado Hernán Cortés, escrito por el abogado y notario público capitalino Francisco de Icaza Dufour.

Material acumulado de manera inconsciente al paso de los años y que permanece sin leer, hay suficiente para profundizar en la biografía, que debe ser muy interesante, del cortesísimo Cortés, como lo llamó Cervantes.

/arm

En el capítulo ocho de la II parte de la inmortal novela de Miguel de Cervantes, capitulo donde “se cuenta lo que le sucedió a Don Quijote yendo a ver a su señora Dulcinea del Toboso”, el caballero de la triste figura y su escudero Sancho Panza sostienen en el camino una deliciosa conversación. Platican entre otros tópicos acerca de lo que han sido capaces algunos personajes a lo largo de la historia, para ver satisfecho su deseo de alcanzar fama y que su nombre quede vivo en los siglos venideros. Don Quijote menciona al efecto varios casos de la antigüedad. “Y, con ejemplos más modernos – dice-, ¿quién barrenó los navíos y dejó en seco y aislados los valerosos españoles guiados por el cortesísimo Cortés en el Nuevo Mundo?”

Es claro que el autor se refiere a Hernán Cortés, fallecido en 1547 (año por cierto del nacimiento del propio Cervantes), y al episodio de la quema de naves en las costas del Golfo de México, que ordenó para evitar las deserciones de los “valerosos españoles”.

Lo anterior viene a cuento con motivo de que en días pasados, al aprovechar los recientes días de asueto para poner en orden los libros que se suelen acumular sin concierto por aquí y por allá (en la biblioteca, en la oficina, en los pequeños libreros de la recámara y de la sala de TV), apareció una media docena de títulos olvidados, de esos que se van adquiriendo de manera un tanto inconsciente a lo largo de los años. Se trata de otras tantas biografías de Hernán Cortés y de las Cartas de Relación “escritas en un castellano terso” por el propio conquistador, libros que se me han quedado sin leer.

Una de las biografías, solo titulada Hernán Cortés, corresponde a la escrita por José Luis Martínez. En la introducción el autor escribe que “como casi todos los mortales, Hernán Cortés fue un tejido contradictorio de bienes y de males, de actos justos e injustos, de grandezas y de miserias, de valentía y de crueldad, de nobleza y de crímenes. Fue, además –remata-, una personalidad sorprendente”. Y agrega: “por todo ello, Cortés nos interesa siempre de manera extremosa, para exaltarlo o para detestarlo”.

De la colección “Sepan Cuantos…” de Porrúa, aparecieron los números. siete y 165, las Cartas de Relación y la biografía simplemente titulada Hernán Cortés, escritas por el propio conquistador y por el paisano coahuilense Carlos Pereyra, respectivamente. De la obra Hernán Cortés, inventor de México, publicada inicialmente en 2001, escrita por el historiador y diplomático mexicano Juan Miralles, apareció un par de ejemplares, ambos impresos en España por dos distintas casas editoriales.

Aparecieron también dos biografías escritas por autores franceses, aunque de distintas épocas. Una es de Jean Babelon, nacido en 1889, titulada simplemente Hernán Cortés y la otra solo Cortés, del académico Christian Duverger, nacido en Burdeos en 1948, con nota introductoria de José Luis Martínez. Se halló también un librito de bolsillo publicado en 2002 titulado Hernán Cortés, escrito por el abogado y notario público capitalino Francisco de Icaza Dufour.

Material acumulado de manera inconsciente al paso de los años y que permanece sin leer, hay suficiente para profundizar en la biografía, que debe ser muy interesante, del cortesísimo Cortés, como lo llamó Cervantes.

/arm

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