/ martes 20 de febrero de 2024

1984.0

Por Laura Coronado Contreras*

¿La creación literaria puede ser automatizada? George Orwell mencionaba en su célebre novela distópica, 1984, que “la historia se reescribe constantemente para adaptarse a los intereses del presente" y tal parece que quien la está redactando actualmente es la Inteligencia Artificial (IA). En esta nueva etapa tecnológica, las grandes preguntas giran en torno a: ¿Quién es dueño de las ideas, imágenes, audios o videos realizados a partir del uso de chats y otras plataformas? ¿Puede considerárseles como autores?

Recientemente, se han dado a conocer dos decisiones en Estados Unidos que podrían sentar las incipientes bases del futuro legal de los derechos de autor. La primera favorece abiertamente a la compañía creadora del famoso ChatGPT, OpenAI, ya que una juez de distrito de California desestimó la mayoría de las acusaciones planteadas por autores como Sarah Silverman, Michael Chabon y Paul Tremblay que señalaban que dicha plataforma de IA había sido entrenada ilegalmente con copias pirateadas de sus obras. Para la juzgadora, los escritores no pudieron evidenciar de forma contundente que las respuestas de ChatGPT eran sustancialmente similares a sus libros, una copia directa o que se omitieron sus nombres, títulos o las condiciones de uso.

Por otra parte, la Oficina de Patentes y Marcas (USPTO) ha señalado que la IA no puede inventar y que, por lo tanto, las “personas no físicas” no pueden figurar en las solicitudes como autores ante dicha dependencia. La USPTO ha publicado distintas guías para ayudar a distinguir aquellos procesos considerados como creativos frente al uso de sistemas que siguen órdenes (promts). ¿Esto es suficiente?

Voltaire mencionaba que “la escritura es la pintura de la voz”. No existe un proceso que detone mejor la imaginación que aquello que leemos. Nos permite conocer lugares, empatizar con personajes, ilusionarnos, enfrentarnos a situaciones inesperadas, vivir conexiones emocionales, resolver problemas o mejorar nuestras habilidades.

Los teóricos clasifican la IA en 4 tipos: 1) reactiva, aquella que responde ciertas preguntas en tiempo real, pero no puede almacenar información para el futuro como los chats que utilizamos con bancos; 2) de memoria limitada que almacena conocimientos, los usa para aprender y capacitarse para tareas futuras como los programas lanzados por Microsoft, OpenAI, Google y Meta; 3) basadas en la teoría de la mente, cuyo avance les permitiría responder a emociones humanas como lo narra Spike Jonze en la película Her; por último, 4) consciente de sí mismo, vista como una etapa final en donde tendrían sentido de sí mismos e inteligencia a nivel humano como Spielberg lo desarrolla en A.I: Inteligencia Artificial.

Es difícil predecir si los avances podrán desarrollarse de esa manera o incluso, si queremos llegar a esos grados de integración de la IA en la sociedad. Sin embargo, estamos en un momento que nos invita a utilizar la tecnología para acortar tiempos y delegar actividades monótonas a las plataformas, pero, además, valorar aquella sensibilidad, creatividad y complejidad que solamente los seres humanos podemos transmitir en la literatura. ¿Puede la IA generarnos este tipo de emociones?


* LAURA CORONADO CONTRERAS. Académica de la Universidad Anáhuac, México Norte. Investigadora del IMEESDN. Autora de Familias Enredadas: Cultura Digital para papás y novatos (Penguin), la Libertad de Expresión en el Ciberespacio (Tirant), la Regulación global del ciberespacio (Porrúa) y 12 óperas para conocer el Derecho (Bosch). @soylaucoronado


Por Laura Coronado Contreras*

¿La creación literaria puede ser automatizada? George Orwell mencionaba en su célebre novela distópica, 1984, que “la historia se reescribe constantemente para adaptarse a los intereses del presente" y tal parece que quien la está redactando actualmente es la Inteligencia Artificial (IA). En esta nueva etapa tecnológica, las grandes preguntas giran en torno a: ¿Quién es dueño de las ideas, imágenes, audios o videos realizados a partir del uso de chats y otras plataformas? ¿Puede considerárseles como autores?

Recientemente, se han dado a conocer dos decisiones en Estados Unidos que podrían sentar las incipientes bases del futuro legal de los derechos de autor. La primera favorece abiertamente a la compañía creadora del famoso ChatGPT, OpenAI, ya que una juez de distrito de California desestimó la mayoría de las acusaciones planteadas por autores como Sarah Silverman, Michael Chabon y Paul Tremblay que señalaban que dicha plataforma de IA había sido entrenada ilegalmente con copias pirateadas de sus obras. Para la juzgadora, los escritores no pudieron evidenciar de forma contundente que las respuestas de ChatGPT eran sustancialmente similares a sus libros, una copia directa o que se omitieron sus nombres, títulos o las condiciones de uso.

Por otra parte, la Oficina de Patentes y Marcas (USPTO) ha señalado que la IA no puede inventar y que, por lo tanto, las “personas no físicas” no pueden figurar en las solicitudes como autores ante dicha dependencia. La USPTO ha publicado distintas guías para ayudar a distinguir aquellos procesos considerados como creativos frente al uso de sistemas que siguen órdenes (promts). ¿Esto es suficiente?

Voltaire mencionaba que “la escritura es la pintura de la voz”. No existe un proceso que detone mejor la imaginación que aquello que leemos. Nos permite conocer lugares, empatizar con personajes, ilusionarnos, enfrentarnos a situaciones inesperadas, vivir conexiones emocionales, resolver problemas o mejorar nuestras habilidades.

Los teóricos clasifican la IA en 4 tipos: 1) reactiva, aquella que responde ciertas preguntas en tiempo real, pero no puede almacenar información para el futuro como los chats que utilizamos con bancos; 2) de memoria limitada que almacena conocimientos, los usa para aprender y capacitarse para tareas futuras como los programas lanzados por Microsoft, OpenAI, Google y Meta; 3) basadas en la teoría de la mente, cuyo avance les permitiría responder a emociones humanas como lo narra Spike Jonze en la película Her; por último, 4) consciente de sí mismo, vista como una etapa final en donde tendrían sentido de sí mismos e inteligencia a nivel humano como Spielberg lo desarrolla en A.I: Inteligencia Artificial.

Es difícil predecir si los avances podrán desarrollarse de esa manera o incluso, si queremos llegar a esos grados de integración de la IA en la sociedad. Sin embargo, estamos en un momento que nos invita a utilizar la tecnología para acortar tiempos y delegar actividades monótonas a las plataformas, pero, además, valorar aquella sensibilidad, creatividad y complejidad que solamente los seres humanos podemos transmitir en la literatura. ¿Puede la IA generarnos este tipo de emociones?


* LAURA CORONADO CONTRERAS. Académica de la Universidad Anáhuac, México Norte. Investigadora del IMEESDN. Autora de Familias Enredadas: Cultura Digital para papás y novatos (Penguin), la Libertad de Expresión en el Ciberespacio (Tirant), la Regulación global del ciberespacio (Porrúa) y 12 óperas para conocer el Derecho (Bosch). @soylaucoronado