/ lunes 23 de diciembre de 2019

2019: primera llamada

En su libro, Hacia una economía moral, el presidente Andrés Manuel López Obrador pone en claro que “el fracaso del modelo económico neoliberal” (capítulo 2) ha sido uno de los mayores lastres para México.

El mandatario escribió, correctamente, que “por más que los gobernantes neoliberales definieran el impulso al crecimiento económico como máxima prioridad, lo alcanzado en esta materia ha sido insuficiente para satisfacer los requerimientos mínimos de la población”.

Bajo dicho contexto, es altamente significativo que el primer año de la Cuarta Transformación termine con un crecimiento cercano a cero por ciento y sin alejarse de la inercia de los últimos 40 años en política económica.

El mejor parámetro es que no se haya instrumentado una vigorosa y moderna política industrial, que es el camino para dejar atrás la etapa neoliberal: implica educación, innovación, creación de empresas mexicanas de nueva base tecnológica, encadenamientos productivos, mayor valor agregado y contenido nacional.

Las naciones que han vencido a la pobreza en los últimos 50 años así lo hicieron. Aun China y Vietnam, con un sistema orientado por el comunismo, construyeron una base de empresas privadas industriales nacionales.

Sólo el desarrollo industrial de nueva generación permitirá cumplir con los compromisos laborales suscritos en el T-MEC al mismo tiempo que el país sigue siendo atractivo para nuevas inversiones.

En contrasentido, 2019 muestra que en México la lógica de la apertura comercial sigue teniendo prioridad sobre el desarrollo industrial.

La elaboración del Programa Especial para la Productividad y Competitividad de la economía nacional, que por ley debería enfocarse al desarrollo industrial, no sólo viene con retraso sino con un enfoque diferente a lo que ocurre a nivel global.

La evidencia internacional es clara: después de la crisis financiera de 2007-2009, el mundo se encaminó hacia la reconstrucción de los acuerdos multilaterales en donde la idea del libre comercio ha quedado atrás.

La actual etapa se caracteriza por el resurgimiento del interés nacional y favorece a los países con una sólida base industrial. La disputa es por recapturar los procesos de innovación y manufactura para generar empleo.

El Brexit, el T-MEC, los primeros acuerdos en la guerra geopolítica entre China y Estados Unidos, la nueva alianza industrial entre Alemania y Francia, y la Iniciativa de la Ruta de la Seda de China, forman parte del reordenamiento que deja atrás al libre comercio y da paso a un comercio administrado por los intereses y objetivos de esos países. Es cooperación administrada.

La Cuarta Transformación se plantea la construcción de un Estado promotor del desarrollo para toda la población y 2019 dio muestra de que no es posible sin mayor inversión productiva y sin crecimiento económico.

Probablemente debería ser el primer cambio por realizar. El propio presidente López Obrador señaló que durante algunos momentos de la etapa neoliberal México creció menos que Haití.

Tiene razón en ese aspecto por lo que es pertinente realizar un ajuste que priorice el desarrollo social, pero con una nueva base productiva. Centrarse en la redistribución con un crecimiento de cero por ciento terminará limitando el alcance de la Cuarta Transformación.

En su libro, Hacia una economía moral, el presidente Andrés Manuel López Obrador pone en claro que “el fracaso del modelo económico neoliberal” (capítulo 2) ha sido uno de los mayores lastres para México.

El mandatario escribió, correctamente, que “por más que los gobernantes neoliberales definieran el impulso al crecimiento económico como máxima prioridad, lo alcanzado en esta materia ha sido insuficiente para satisfacer los requerimientos mínimos de la población”.

Bajo dicho contexto, es altamente significativo que el primer año de la Cuarta Transformación termine con un crecimiento cercano a cero por ciento y sin alejarse de la inercia de los últimos 40 años en política económica.

El mejor parámetro es que no se haya instrumentado una vigorosa y moderna política industrial, que es el camino para dejar atrás la etapa neoliberal: implica educación, innovación, creación de empresas mexicanas de nueva base tecnológica, encadenamientos productivos, mayor valor agregado y contenido nacional.

Las naciones que han vencido a la pobreza en los últimos 50 años así lo hicieron. Aun China y Vietnam, con un sistema orientado por el comunismo, construyeron una base de empresas privadas industriales nacionales.

Sólo el desarrollo industrial de nueva generación permitirá cumplir con los compromisos laborales suscritos en el T-MEC al mismo tiempo que el país sigue siendo atractivo para nuevas inversiones.

En contrasentido, 2019 muestra que en México la lógica de la apertura comercial sigue teniendo prioridad sobre el desarrollo industrial.

La elaboración del Programa Especial para la Productividad y Competitividad de la economía nacional, que por ley debería enfocarse al desarrollo industrial, no sólo viene con retraso sino con un enfoque diferente a lo que ocurre a nivel global.

La evidencia internacional es clara: después de la crisis financiera de 2007-2009, el mundo se encaminó hacia la reconstrucción de los acuerdos multilaterales en donde la idea del libre comercio ha quedado atrás.

La actual etapa se caracteriza por el resurgimiento del interés nacional y favorece a los países con una sólida base industrial. La disputa es por recapturar los procesos de innovación y manufactura para generar empleo.

El Brexit, el T-MEC, los primeros acuerdos en la guerra geopolítica entre China y Estados Unidos, la nueva alianza industrial entre Alemania y Francia, y la Iniciativa de la Ruta de la Seda de China, forman parte del reordenamiento que deja atrás al libre comercio y da paso a un comercio administrado por los intereses y objetivos de esos países. Es cooperación administrada.

La Cuarta Transformación se plantea la construcción de un Estado promotor del desarrollo para toda la población y 2019 dio muestra de que no es posible sin mayor inversión productiva y sin crecimiento económico.

Probablemente debería ser el primer cambio por realizar. El propio presidente López Obrador señaló que durante algunos momentos de la etapa neoliberal México creció menos que Haití.

Tiene razón en ese aspecto por lo que es pertinente realizar un ajuste que priorice el desarrollo social, pero con una nueva base productiva. Centrarse en la redistribución con un crecimiento de cero por ciento terminará limitando el alcance de la Cuarta Transformación.