/ lunes 6 de enero de 2020

2020: la necesidad de un nuevo modelo económico integral

El 2019 no fue un buen año para la economía nacional, eso ya se conoce. La única duda gira en torno al número final del PIB y el costo social que ello implicará. El segundo año de la Cuarta Transformación comenzó y los primeros resultados para analizar la situación de las familias mexicanas se derivarán de lo que ocurrió con el empleo registrado ante el IMSS durante diciembre.

A partir de ello se tendrá el escenario completo de lo ocurrido en el mercado laboral formal, la única variable que refleja el avance real para revertir los problemas de pobreza, inequidad, informalidad, bajo crecimiento económico y carencia de acceso a un sistema de pensiones.

Para 2020 el Banco de México anticipa una recuperación que llamó “modesta”, una palabra con diversas implicaciones para un país cuyo crecimiento ha sido modesto (2%) en los últimos 38 años: ¿Qué es modesto en esta coyuntura?

La reducción en las tasas de interés tendrá un efecto marginal en la economía, el problema productivo tiene su origen fuera de la esfera financiera: son otros los factores que inhiben una mayor inversión pública y privada.

Para 2020 las cartas están sobre la mesa, pero pocos conocen su contenido: se tiene idea de lo que ocurrirá con el presupuesto público y es claro que no será expansivo.

El sector privado comenzó a operar los ajustes derivados de un mal año, particularmente en una industria que vive la mayor recesión en 10 años. Las cifras del IMSS mostrarán la dirección y magnitud de las decisiones.

El Gobierno ha expresado su confianza en que la aprobación del T-MEC propicie mayor inversión en nuestro país, una reflexión que deja de lado cinco cosas: los cambios de fondo en el T-MEC respecto al TLCAN, la desaceleración industrial en Estados Unidos, el proceso de aprobación del T-MEC en el parlamento de Canadá, el hecho de que la planeación financiera de la mayoría de las empresas trasnacionales para 2020 ya se hizo y lo pactado entre China y Estados Unidos.

No se debe minimizar el cambio que el T-MEC propiciará en el mercado laboral de México: se deben construir nuevos diferenciales productivos, de innovación tecnológica, infraestructura, seguridad pública, fiscales, energéticos y de financiamiento para sustituir la pérdida de la ventaja en costos laborales que el país utilizó desde 1986 con la entrada al GATT.

El caso de la desaceleración industrial en Estados Unidos es igualmente delicado: las cifras de noviembre y diciembre muestran la contracción de su sector automotriz y manufacturas en general: es un proceso que inhibirá el crecimiento de México porque las exportaciones del país, y el T-MEC, dependen del ciclo estadounidense.

Por ello, 2020 comenzará con un entorno económico poco favorable tanto para la “modesta” recuperación que prevé el Banco de México como para la esperanza de inversión derivada de la aprobación del T-MEC.

En realidad, México requiere un programa de reactivación económica endógeno, uno que se anticipe al proceso de negociación de la reforma fiscal prometida en 2021, pero que se gestará este año.

El 2020 debe darle vida al nuevo modelo económico integral que sustituya al llamado “neoliberal”, cambios parciales podrían tener un costo social elevado, particularmente si el pronóstico de crecimiento económico vuelve a fallar.

El 2019 no fue un buen año para la economía nacional, eso ya se conoce. La única duda gira en torno al número final del PIB y el costo social que ello implicará. El segundo año de la Cuarta Transformación comenzó y los primeros resultados para analizar la situación de las familias mexicanas se derivarán de lo que ocurrió con el empleo registrado ante el IMSS durante diciembre.

A partir de ello se tendrá el escenario completo de lo ocurrido en el mercado laboral formal, la única variable que refleja el avance real para revertir los problemas de pobreza, inequidad, informalidad, bajo crecimiento económico y carencia de acceso a un sistema de pensiones.

Para 2020 el Banco de México anticipa una recuperación que llamó “modesta”, una palabra con diversas implicaciones para un país cuyo crecimiento ha sido modesto (2%) en los últimos 38 años: ¿Qué es modesto en esta coyuntura?

La reducción en las tasas de interés tendrá un efecto marginal en la economía, el problema productivo tiene su origen fuera de la esfera financiera: son otros los factores que inhiben una mayor inversión pública y privada.

Para 2020 las cartas están sobre la mesa, pero pocos conocen su contenido: se tiene idea de lo que ocurrirá con el presupuesto público y es claro que no será expansivo.

El sector privado comenzó a operar los ajustes derivados de un mal año, particularmente en una industria que vive la mayor recesión en 10 años. Las cifras del IMSS mostrarán la dirección y magnitud de las decisiones.

El Gobierno ha expresado su confianza en que la aprobación del T-MEC propicie mayor inversión en nuestro país, una reflexión que deja de lado cinco cosas: los cambios de fondo en el T-MEC respecto al TLCAN, la desaceleración industrial en Estados Unidos, el proceso de aprobación del T-MEC en el parlamento de Canadá, el hecho de que la planeación financiera de la mayoría de las empresas trasnacionales para 2020 ya se hizo y lo pactado entre China y Estados Unidos.

No se debe minimizar el cambio que el T-MEC propiciará en el mercado laboral de México: se deben construir nuevos diferenciales productivos, de innovación tecnológica, infraestructura, seguridad pública, fiscales, energéticos y de financiamiento para sustituir la pérdida de la ventaja en costos laborales que el país utilizó desde 1986 con la entrada al GATT.

El caso de la desaceleración industrial en Estados Unidos es igualmente delicado: las cifras de noviembre y diciembre muestran la contracción de su sector automotriz y manufacturas en general: es un proceso que inhibirá el crecimiento de México porque las exportaciones del país, y el T-MEC, dependen del ciclo estadounidense.

Por ello, 2020 comenzará con un entorno económico poco favorable tanto para la “modesta” recuperación que prevé el Banco de México como para la esperanza de inversión derivada de la aprobación del T-MEC.

En realidad, México requiere un programa de reactivación económica endógeno, uno que se anticipe al proceso de negociación de la reforma fiscal prometida en 2021, pero que se gestará este año.

El 2020 debe darle vida al nuevo modelo económico integral que sustituya al llamado “neoliberal”, cambios parciales podrían tener un costo social elevado, particularmente si el pronóstico de crecimiento económico vuelve a fallar.