/ sábado 19 de noviembre de 2016

Alto Poder

No hay que temerle a Trump.

  • Manuel Mejido
  • Trump no es EU ni controlará al Partido Republicano
  • Los mexicanos eligieron a su Presidente y los gringos el suyo
  • El Gobierno nacional debe blindar sus programas sociales

Aunque los republicanos tengan bajo su control al Congreso, es decir, las cámaras de Senadores y de Representantes, casi la mitad del Partido Republicano no está de acuerdo con Donald Trump, no en la política de zarpazos que el magnate de Nueva York y de casinos en Las Vegas manejó durante su campaña.

No se olvide que los imperios cuando sienten que su poder mengua y que el mundo les está perdiendo el respeto y el miedo, siempre aparece el hombre o grupo que da fuertes golpes para recuperar el temor del mundo.

Cuando todos temblaban con el “ugly american” (el americano feo) que invadía países y patrocinaba guerras y guerrillas por doquier, la presencia de las tropas de Washington eran temidas en todo el orbe, como ahora Trump (y la mitad de los gringos) quiere que sea.

Ese miedo se acaba poco a poco, sobre todo sabiendo que la Reserva Federal de Estados Unidos es el poder detrás del trono, el que tiene la última palabra en la economía y las finanzas de la Unión Americana y el que toma las grandes decisiones.

También maneja a su antojo el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y hasta la Organización de Naciones Unidas.

Trump y su posible procurador general, Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York, no podrán hacer deportaciones masivas, porque crearían un gran caos en la economía estadunidense. Tienen que frenar su apetito de poder.

En su primera entrevista con la cadena televisiva CBS, como presidente electo, Donald Trump moderó sus expresiones y suavizó sus amenazas. El muro con México no será ni tan grande ni tan largo, no encarcelará a Hillary Clinton y solo deportaría a tres millones de indocumentados (de cualquier país, no solo mexicanos) con antecedentes penales. ¿CUÁNTO CUESTA UN TRABAJADOR INDOCUMENTADO?

La disparidad financiera entre México y Estados Unidos es notable. En California se paga la hora de trabajo a un mínimo de 15 dólares, o sea más de 300 pesos, en tanto que, con la devaluación del peso, esos 60 minutos se pagan a 40 centavos de dólar. Esa disparidad es una bomba de tiempo.

Lo importante es que el Gobierno mexicano tenga planes A, B, C y hasta la Z si es necesario, para neutralizar los efectos de posibles deportaciones masivas, que tiene muchas más posibilidades de que no ocurran o que Trump se arriesgue a echarse encima a 20 millones de hispanoparlantes residentes en la Unión Americana.

De momento, las manifestaciones tumultuarias en contra de Trump en 15 ciudades de Estados Unidos, siguen ocurriendo. Al mismo tiempo que aumentan las agresiones xenófobas. Hasta un juego se puso de moda en las universidades de ese país. Al grito de “Trump’s comming”, (Ahí viene Trump) todos salen corriendo.

Como primera medida, cuando quieran enviar a México deportados, nuestro país debe cerrar sus fronteras y dejar entrar únicamente a aquellos mexicanos que comprueben, con pasaporte, la credencial de elector o su acta de nacimiento que son connacionales, para evitar que en el mismo costal ingresen centro, sudamericanos y hasta filipinos.

Una buena parte de los 18 mil haitianos que se encuentran a la espera de que Estados Unidos les ofrezca asilo político, ya están desistiendo de ese intento y es a México a quien ahora recurren para solucionar su problema.

Por lo menos el 50 por ciento de los braceros que se van a Estados Unidos, no tienen ninguno de esos documentos. Han emigrado al grito de “Viva México” y nada más.

La enojada raza blanca de pocas posibilidades económicas, esos que votaron por Trump en toda la Unión Americana, no serán los trabajadores que no cobran más que cuatro o cinco dólares la hora, la tercer parte de lo que pagan en aquel país.

¿Quién hará el trabajo que Vicente Fox tuvo la barbaridad de decir que no harían ni los “negros”? Nadie, porque ni Trump ni sus allegados tomarían ni un trapo para limpiar los retretes. MÉXICO TAMBIÉN DEBE PROTEGER SU FRONTERA

El segundo paso, quizá más urgente, es reforzar la vigilancia en su Embajada y los consulados, donde acudirán en gran cantidad los mexicanos que quieran repatriarse de manera voluntaria, sin papeles de identidad, durante los próximos días.

Además, una tercera medida a emprender, es idear un plan de apoyo de autoempleo, en México, que recibirá el tremendo impacto de las deportaciones, aunque también podría ocurrir el regreso por temor a las agresiones en contra de “morenos” que ya se advierte en Estados Unidos.

Muchos inmigrantes mexicanos radicados en la Unión Americana, que suman casi 12 millones de personas, están tomando el camino de regreso a casa. La vuelta de mexicanos procedentes de ese país fue en 2016 de 165 mil y sigue aumentando el número.

Los connacionales que han experimentado en Estados Unidos en los últimos tiempos la discriminación, los malos tratos y las agresiones por su color moreno, saben muy bien de lo que son capaces los blancos anglosajones como Trump.

Quieren preservar un territorio que robaron a los indígenas, el que quitaron a los mexicanos en una guerra de rapiña y a España de la misma manera, cuando en todo el mundo se han abierto las fronteras, especialmente en Europa, para recibir a seres humanos o perseguidos por el hambre.

También deberá blindarse el sistema de seguridad social en el país, a nivel federal y estatal, porque programas como la ayuda para personas de la tercera edad, desempleados, madres solteras y estudiantes, pueden disminuir porque las actuales partidas presupuestales no serán suficientes.

Lo mismo deberá hacerse con los servicios de salud, el seguro popular principalmente, porque la demanda podrá incrementarse considerablemente, de ocurrir la repatriación o regreso de los migrantes mexicanos. QUE FORD NO VENDRÁ A MÉXICO, SEGÚN TRUMP

La situación se agrava porque Trump declaró a la CBS que una vez fortalecida la frontera, definirá qué medidas tomará en contra de los indocumentados a los que el magnate, nieto de inmigrantes, atribuye el mayor de los males por los que atraviesa la economía estadunidense.

Incluso se atrevió a amenazar al gran poder económico de la compañía Ford, al asegurar que no permitirá instalar una planta de autos compactos en México, dijo que habló con su “amigo” presidente de la compañía y le afirmó que se quedará en Kentucky.

Las posibilidades de que Trump domine las decisiones del Gobierno de Estados Unidos son pocas. Primero, por ser el Presidente más acotado del mundo, segundo, porque los republicanos no lo dejarán gobernar solo y tercero, porque el país está dividido y cualquier acción provocaría una reacción que le generaría un desequilibrio, que el empresario sería incapaz de resolver.

Según James Petras, catedrático de la Universidad de Nueva York, un caso similar al ocurrido en Estados Unidos, hubo en México pero en el 2000 con la llegada de Vicente Fox a la Presidencia.

Trump y Fox en su momento se lanzaron fuera de sus partidos al inicio de sus campañas políticas y hasta que no fue posible frenarlos, sus partidos los aceptaron y apoyaron.

En México, entre panistas fue muy fácil negociar con un aspirante, que podía conseguir la Presidencia, aunque no representaba los intereses partidistas y tenía más cualidades histriónicas que políticas.

Pero la laxitud en las negociaciones del PAN es muy diferente al ideario conservador y duro del Partido Republicano de Estados Unidos y sus decisiones colegiadas.

Lo importante para México, en estos momentos, es que el Gobierno nacional se deje de lamentaciones y busque los mejores caminos para paliar la crisis que provocó el triunfo de Trump en Estados Unidos.

No se tiene que olvidar que Trump fue electo para gobernar la Unión Americana, no a México. El presidente que eligieron los mexicanos es quien debe responder con inteligencia y valor a cualquier contingencia o amenaza.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

No hay que temerle a Trump.

  • Manuel Mejido
  • Trump no es EU ni controlará al Partido Republicano
  • Los mexicanos eligieron a su Presidente y los gringos el suyo
  • El Gobierno nacional debe blindar sus programas sociales

Aunque los republicanos tengan bajo su control al Congreso, es decir, las cámaras de Senadores y de Representantes, casi la mitad del Partido Republicano no está de acuerdo con Donald Trump, no en la política de zarpazos que el magnate de Nueva York y de casinos en Las Vegas manejó durante su campaña.

No se olvide que los imperios cuando sienten que su poder mengua y que el mundo les está perdiendo el respeto y el miedo, siempre aparece el hombre o grupo que da fuertes golpes para recuperar el temor del mundo.

Cuando todos temblaban con el “ugly american” (el americano feo) que invadía países y patrocinaba guerras y guerrillas por doquier, la presencia de las tropas de Washington eran temidas en todo el orbe, como ahora Trump (y la mitad de los gringos) quiere que sea.

Ese miedo se acaba poco a poco, sobre todo sabiendo que la Reserva Federal de Estados Unidos es el poder detrás del trono, el que tiene la última palabra en la economía y las finanzas de la Unión Americana y el que toma las grandes decisiones.

También maneja a su antojo el Banco Mundial, el Fondo Monetario Internacional, el Banco Interamericano de Desarrollo y hasta la Organización de Naciones Unidas.

Trump y su posible procurador general, Rudolph Giuliani, exalcalde de Nueva York, no podrán hacer deportaciones masivas, porque crearían un gran caos en la economía estadunidense. Tienen que frenar su apetito de poder.

En su primera entrevista con la cadena televisiva CBS, como presidente electo, Donald Trump moderó sus expresiones y suavizó sus amenazas. El muro con México no será ni tan grande ni tan largo, no encarcelará a Hillary Clinton y solo deportaría a tres millones de indocumentados (de cualquier país, no solo mexicanos) con antecedentes penales. ¿CUÁNTO CUESTA UN TRABAJADOR INDOCUMENTADO?

La disparidad financiera entre México y Estados Unidos es notable. En California se paga la hora de trabajo a un mínimo de 15 dólares, o sea más de 300 pesos, en tanto que, con la devaluación del peso, esos 60 minutos se pagan a 40 centavos de dólar. Esa disparidad es una bomba de tiempo.

Lo importante es que el Gobierno mexicano tenga planes A, B, C y hasta la Z si es necesario, para neutralizar los efectos de posibles deportaciones masivas, que tiene muchas más posibilidades de que no ocurran o que Trump se arriesgue a echarse encima a 20 millones de hispanoparlantes residentes en la Unión Americana.

De momento, las manifestaciones tumultuarias en contra de Trump en 15 ciudades de Estados Unidos, siguen ocurriendo. Al mismo tiempo que aumentan las agresiones xenófobas. Hasta un juego se puso de moda en las universidades de ese país. Al grito de “Trump’s comming”, (Ahí viene Trump) todos salen corriendo.

Como primera medida, cuando quieran enviar a México deportados, nuestro país debe cerrar sus fronteras y dejar entrar únicamente a aquellos mexicanos que comprueben, con pasaporte, la credencial de elector o su acta de nacimiento que son connacionales, para evitar que en el mismo costal ingresen centro, sudamericanos y hasta filipinos.

Una buena parte de los 18 mil haitianos que se encuentran a la espera de que Estados Unidos les ofrezca asilo político, ya están desistiendo de ese intento y es a México a quien ahora recurren para solucionar su problema.

Por lo menos el 50 por ciento de los braceros que se van a Estados Unidos, no tienen ninguno de esos documentos. Han emigrado al grito de “Viva México” y nada más.

La enojada raza blanca de pocas posibilidades económicas, esos que votaron por Trump en toda la Unión Americana, no serán los trabajadores que no cobran más que cuatro o cinco dólares la hora, la tercer parte de lo que pagan en aquel país.

¿Quién hará el trabajo que Vicente Fox tuvo la barbaridad de decir que no harían ni los “negros”? Nadie, porque ni Trump ni sus allegados tomarían ni un trapo para limpiar los retretes. MÉXICO TAMBIÉN DEBE PROTEGER SU FRONTERA

El segundo paso, quizá más urgente, es reforzar la vigilancia en su Embajada y los consulados, donde acudirán en gran cantidad los mexicanos que quieran repatriarse de manera voluntaria, sin papeles de identidad, durante los próximos días.

Además, una tercera medida a emprender, es idear un plan de apoyo de autoempleo, en México, que recibirá el tremendo impacto de las deportaciones, aunque también podría ocurrir el regreso por temor a las agresiones en contra de “morenos” que ya se advierte en Estados Unidos.

Muchos inmigrantes mexicanos radicados en la Unión Americana, que suman casi 12 millones de personas, están tomando el camino de regreso a casa. La vuelta de mexicanos procedentes de ese país fue en 2016 de 165 mil y sigue aumentando el número.

Los connacionales que han experimentado en Estados Unidos en los últimos tiempos la discriminación, los malos tratos y las agresiones por su color moreno, saben muy bien de lo que son capaces los blancos anglosajones como Trump.

Quieren preservar un territorio que robaron a los indígenas, el que quitaron a los mexicanos en una guerra de rapiña y a España de la misma manera, cuando en todo el mundo se han abierto las fronteras, especialmente en Europa, para recibir a seres humanos o perseguidos por el hambre.

También deberá blindarse el sistema de seguridad social en el país, a nivel federal y estatal, porque programas como la ayuda para personas de la tercera edad, desempleados, madres solteras y estudiantes, pueden disminuir porque las actuales partidas presupuestales no serán suficientes.

Lo mismo deberá hacerse con los servicios de salud, el seguro popular principalmente, porque la demanda podrá incrementarse considerablemente, de ocurrir la repatriación o regreso de los migrantes mexicanos. QUE FORD NO VENDRÁ A MÉXICO, SEGÚN TRUMP

La situación se agrava porque Trump declaró a la CBS que una vez fortalecida la frontera, definirá qué medidas tomará en contra de los indocumentados a los que el magnate, nieto de inmigrantes, atribuye el mayor de los males por los que atraviesa la economía estadunidense.

Incluso se atrevió a amenazar al gran poder económico de la compañía Ford, al asegurar que no permitirá instalar una planta de autos compactos en México, dijo que habló con su “amigo” presidente de la compañía y le afirmó que se quedará en Kentucky.

Las posibilidades de que Trump domine las decisiones del Gobierno de Estados Unidos son pocas. Primero, por ser el Presidente más acotado del mundo, segundo, porque los republicanos no lo dejarán gobernar solo y tercero, porque el país está dividido y cualquier acción provocaría una reacción que le generaría un desequilibrio, que el empresario sería incapaz de resolver.

Según James Petras, catedrático de la Universidad de Nueva York, un caso similar al ocurrido en Estados Unidos, hubo en México pero en el 2000 con la llegada de Vicente Fox a la Presidencia.

Trump y Fox en su momento se lanzaron fuera de sus partidos al inicio de sus campañas políticas y hasta que no fue posible frenarlos, sus partidos los aceptaron y apoyaron.

En México, entre panistas fue muy fácil negociar con un aspirante, que podía conseguir la Presidencia, aunque no representaba los intereses partidistas y tenía más cualidades histriónicas que políticas.

Pero la laxitud en las negociaciones del PAN es muy diferente al ideario conservador y duro del Partido Republicano de Estados Unidos y sus decisiones colegiadas.

Lo importante para México, en estos momentos, es que el Gobierno nacional se deje de lamentaciones y busque los mejores caminos para paliar la crisis que provocó el triunfo de Trump en Estados Unidos.

No se tiene que olvidar que Trump fue electo para gobernar la Unión Americana, no a México. El presidente que eligieron los mexicanos es quien debe responder con inteligencia y valor a cualquier contingencia o amenaza.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

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