/ sábado 17 de junio de 2017

Alto poder

  • La pobreza y delincuencia se extienden por todo el país
  • Hay asesinatos que llaman la atención y tampoco se resuelven
  • Se destina el 18% del PIB para combatir la inseguridad

En rededor de la República se instala, peligrosamente, un muro de inseguridad y miseria más nefasto al que pretende levantar en la frontera sur Donald Trump.

Nunca antes habían marchado tan unidos y causando daño por doquier los narcotraficantes y la escases de alimentos en zonas donde los habitantes que no tienen dinero con que adquirirlos.

El México amargo, escrito hace 40 años, ya se extendió del Bravo al Suchiate y del Golfo al Pacífico. Hace apenas 30 años en la línea divisoria entre México y los Estados Unidos, en Tijuana, se levantaba como una vergüenza nacional “Cartolandia”, una ciudad perdida hecha de desperdicios. Hoy, hay muchas “Cartolandias” en el país.

Pasan los años, las décadas y los siglos y en el país continúa muy bien asentada la miseria y la inseguridad. Una población desesperada por la forma de vida que está obligada a llevar, no puede desprenderse de los grilletes impuestos por el hambre, el hacinamiento, la falta de ropa, calzado y educación, además de una violencia que cubre como nube negra a la nación.

En la realidad, los mexicanos ya se cansaron de ser buenos y buscan los caminos de la delincuencia, de la justicia por propia mano y las sendas truculentas para alcanzar recursos económicos uniéndose al crimen organizado y al narcotráfico.

En las calles se vive la violencia a niveles jamás vistos. Si un transeúnte presencia una pelea, de inmediato saca su teléfono y empieza a grabar, pero no interviene para evitarlo. Por el contrario, rehúye y desaparece del lugar.

La miseria es inconmensurable en toda la geografía mexicana. Se siente en los hogares donde faltan los alimentos e impide que los niños accedan a la educación debido a la necesidad de trabajar a corta edad.

LOS MISMO POBRES EN 25 AÑOS

La pobreza en México aumentó en dos millones de personas entre 2012 y 2014. Pasó de 53.3 a 55.3 millones. La pobreza extrema, que comprende parámetros entre la miseria y el hambre, no ha podido erradicarse ni del campo ni en las ciudades de la nación mexicana.

Para simular una disminución de la pobreza, los genios de las estadísticas dividieron a los desposeídos. No es lo mismo ser pobre por falta de dinero, que ser pobre por carencias sociales, en educación, salud, seguridad social, alimentación, calidad y espacio de vivienda y servicios básicos.

Hasta en la pobreza hay niveles, según los estadistas.

Según la organización no gubernamental Acción Ciudadana, en el país hay 64 millones de habitantes en la pobreza (nueve millones más que las cifras oficiales), 53 por ciento de la población, el mismo porcentaje de hace 25 años cuando no existían los tres mil 127 programas de asistencia social que, por sus resultados, solo han servido para enriquecer a quienes los administran.

No hay democracia en el mundo que resista el 60 por ciento de pobres, sin esperanza de abandonar esa situación a corto plazo.

Según el informe presentado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre 2014 y 2015 las carencias que más disminuyeron en México fueron el acceso a la seguridad social, la alimentación y de servicios de salud.

El desarrollo social en México debe ser más amplio que solo el abatimiento de la pobreza. Existen caminos por recorrer para lograr que diversos grupos, como los indígenas y los adultos mayores, no sean marginados y se establezcan políticas públicas para que cuenten con oportunidades económicas, políticas y sociales, similares a las de otros grupos que históricamente han tenido mayores privilegios.

Las señales económicas no son buenas en el país. A pesar de que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos acordó incrementar siete pesos a los sueldos más bajos, ubicándolo a 80.04 pesos diarios, ese dinero no cubre las necesidades ni de los más desposeídos. Además existen factores externos como la devaluación del peso, la caída del PIB, el recorte del presupuesto y las políticas de Trump hacia México podrían dar forma a una tormenta perfecta para la economía mexicana, con los mayores impactos en la población más vulnerable.

LOS ASESINATOS EN CIFRAS IMPARABLES

Este año podría ser el más violento del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto. Durante el mes de marzo se cometió el mayor número de homicidios dolosos de 2013 a la fecha. El primer trimestre de 2017 dejó un saldo de dos mil 20 asesinatos. Desde 2011, este delito no había superado las dos mil muertes violentas.

Estas cifras confirman la relación que existe entre pobreza-violencia porque el número de pobres aumentó en el mismo porcentaje que los homicidios.

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, en su informe de este año, ubicó a México como el segundo país más violento del mundo, con 23 mil asesinatos, solo superado por Siria, con 50 mil y Afganistán e Irak, con 17 y 16 mil respectivamente.

La organización británica descubrió el incremento del 22 por ciento del crimen en el último año. Debe subrayarse que el segundo lugar que ocupa México es el de un país que se supone no está en guerra como Siria, Afganistán o Irak.

El aumento de los homicidios contribuyó al retroceso en los niveles de paz en México, según señaló la coordinadora del Centro de Investigación Instituto de Economía y Paz en México, Patricia Obeso.

La violencia le costó a México, en 2016, el equivalente al 18 por ciento de su Producto Interno Bruto, alrededor de 25 mil pesos por habitante, según el Informe de Paz publicado hace unas semanas.

Para la investigadora, esta suma representa “un impuesto a la seguridad en el país”, pagada por los ciudadanos y que supera el ingreso del trabajador promedio en entidades como Colima, donde el costo de la violencia anual per cápita es de 66 mil 500 pesos o Guerrero, donde asciende a 53 mil 600 pesos.

Además de los asesinatos perpetrados por el crimen organizado, y que siempre quedan impunes, deben sumársele los homicidios del fuero común, esos que cometen hombres y mujeres por diversas razones o sin ellas.

La semana antepasada llamó la atención de la población el “suicidio” de una familia en San Jerónimo y, días después, la violación y homicidio de una menor en una camioneta del servicio público en el Estado de México.

Estos casos fueron mediáticamente difundidos. Pero en las calles ocurren muchos más, a diario, en todo el país que no se publicitan y se archivan cómodamente como casos no resueltos.

¿Cuántos años hace ya de los casos como el de la guardería ABC, del News Divine, de Lobohombo, de Paulette, del casino Royal, de las fosas en Nuevo León y Tamaulipas, de Tierra Blanca y muchos otros sucedidos en Guerrero, Michoacán y Oaxaca sin que ocurra nada?

Hacen falta más evidencias para confirmar los hechos.

Hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

  • La pobreza y delincuencia se extienden por todo el país
  • Hay asesinatos que llaman la atención y tampoco se resuelven
  • Se destina el 18% del PIB para combatir la inseguridad

En rededor de la República se instala, peligrosamente, un muro de inseguridad y miseria más nefasto al que pretende levantar en la frontera sur Donald Trump.

Nunca antes habían marchado tan unidos y causando daño por doquier los narcotraficantes y la escases de alimentos en zonas donde los habitantes que no tienen dinero con que adquirirlos.

El México amargo, escrito hace 40 años, ya se extendió del Bravo al Suchiate y del Golfo al Pacífico. Hace apenas 30 años en la línea divisoria entre México y los Estados Unidos, en Tijuana, se levantaba como una vergüenza nacional “Cartolandia”, una ciudad perdida hecha de desperdicios. Hoy, hay muchas “Cartolandias” en el país.

Pasan los años, las décadas y los siglos y en el país continúa muy bien asentada la miseria y la inseguridad. Una población desesperada por la forma de vida que está obligada a llevar, no puede desprenderse de los grilletes impuestos por el hambre, el hacinamiento, la falta de ropa, calzado y educación, además de una violencia que cubre como nube negra a la nación.

En la realidad, los mexicanos ya se cansaron de ser buenos y buscan los caminos de la delincuencia, de la justicia por propia mano y las sendas truculentas para alcanzar recursos económicos uniéndose al crimen organizado y al narcotráfico.

En las calles se vive la violencia a niveles jamás vistos. Si un transeúnte presencia una pelea, de inmediato saca su teléfono y empieza a grabar, pero no interviene para evitarlo. Por el contrario, rehúye y desaparece del lugar.

La miseria es inconmensurable en toda la geografía mexicana. Se siente en los hogares donde faltan los alimentos e impide que los niños accedan a la educación debido a la necesidad de trabajar a corta edad.

LOS MISMO POBRES EN 25 AÑOS

La pobreza en México aumentó en dos millones de personas entre 2012 y 2014. Pasó de 53.3 a 55.3 millones. La pobreza extrema, que comprende parámetros entre la miseria y el hambre, no ha podido erradicarse ni del campo ni en las ciudades de la nación mexicana.

Para simular una disminución de la pobreza, los genios de las estadísticas dividieron a los desposeídos. No es lo mismo ser pobre por falta de dinero, que ser pobre por carencias sociales, en educación, salud, seguridad social, alimentación, calidad y espacio de vivienda y servicios básicos.

Hasta en la pobreza hay niveles, según los estadistas.

Según la organización no gubernamental Acción Ciudadana, en el país hay 64 millones de habitantes en la pobreza (nueve millones más que las cifras oficiales), 53 por ciento de la población, el mismo porcentaje de hace 25 años cuando no existían los tres mil 127 programas de asistencia social que, por sus resultados, solo han servido para enriquecer a quienes los administran.

No hay democracia en el mundo que resista el 60 por ciento de pobres, sin esperanza de abandonar esa situación a corto plazo.

Según el informe presentado por el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social (Coneval), entre 2014 y 2015 las carencias que más disminuyeron en México fueron el acceso a la seguridad social, la alimentación y de servicios de salud.

El desarrollo social en México debe ser más amplio que solo el abatimiento de la pobreza. Existen caminos por recorrer para lograr que diversos grupos, como los indígenas y los adultos mayores, no sean marginados y se establezcan políticas públicas para que cuenten con oportunidades económicas, políticas y sociales, similares a las de otros grupos que históricamente han tenido mayores privilegios.

Las señales económicas no son buenas en el país. A pesar de que la Comisión Nacional de Salarios Mínimos acordó incrementar siete pesos a los sueldos más bajos, ubicándolo a 80.04 pesos diarios, ese dinero no cubre las necesidades ni de los más desposeídos. Además existen factores externos como la devaluación del peso, la caída del PIB, el recorte del presupuesto y las políticas de Trump hacia México podrían dar forma a una tormenta perfecta para la economía mexicana, con los mayores impactos en la población más vulnerable.

LOS ASESINATOS EN CIFRAS IMPARABLES

Este año podría ser el más violento del sexenio del presidente Enrique Peña Nieto. Durante el mes de marzo se cometió el mayor número de homicidios dolosos de 2013 a la fecha. El primer trimestre de 2017 dejó un saldo de dos mil 20 asesinatos. Desde 2011, este delito no había superado las dos mil muertes violentas.

Estas cifras confirman la relación que existe entre pobreza-violencia porque el número de pobres aumentó en el mismo porcentaje que los homicidios.

El Instituto Internacional de Estudios Estratégicos, en su informe de este año, ubicó a México como el segundo país más violento del mundo, con 23 mil asesinatos, solo superado por Siria, con 50 mil y Afganistán e Irak, con 17 y 16 mil respectivamente.

La organización británica descubrió el incremento del 22 por ciento del crimen en el último año. Debe subrayarse que el segundo lugar que ocupa México es el de un país que se supone no está en guerra como Siria, Afganistán o Irak.

El aumento de los homicidios contribuyó al retroceso en los niveles de paz en México, según señaló la coordinadora del Centro de Investigación Instituto de Economía y Paz en México, Patricia Obeso.

La violencia le costó a México, en 2016, el equivalente al 18 por ciento de su Producto Interno Bruto, alrededor de 25 mil pesos por habitante, según el Informe de Paz publicado hace unas semanas.

Para la investigadora, esta suma representa “un impuesto a la seguridad en el país”, pagada por los ciudadanos y que supera el ingreso del trabajador promedio en entidades como Colima, donde el costo de la violencia anual per cápita es de 66 mil 500 pesos o Guerrero, donde asciende a 53 mil 600 pesos.

Además de los asesinatos perpetrados por el crimen organizado, y que siempre quedan impunes, deben sumársele los homicidios del fuero común, esos que cometen hombres y mujeres por diversas razones o sin ellas.

La semana antepasada llamó la atención de la población el “suicidio” de una familia en San Jerónimo y, días después, la violación y homicidio de una menor en una camioneta del servicio público en el Estado de México.

Estos casos fueron mediáticamente difundidos. Pero en las calles ocurren muchos más, a diario, en todo el país que no se publicitan y se archivan cómodamente como casos no resueltos.

¿Cuántos años hace ya de los casos como el de la guardería ABC, del News Divine, de Lobohombo, de Paulette, del casino Royal, de las fosas en Nuevo León y Tamaulipas, de Tierra Blanca y muchos otros sucedidos en Guerrero, Michoacán y Oaxaca sin que ocurra nada?

Hacen falta más evidencias para confirmar los hechos.

Hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

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