/ miércoles 16 de agosto de 2017

Centro de barrio

  • Narrativa de Gobierno

Acostumbrados a gobiernos poco “tangibles” de pronto llegó Andrés Manuel López Obrador y empezó a dar dinero a los adultos mayores y a discutir, todas las mañanas, de temas nacionales. El gobernante contó la historia. Los temas locales pasaron a segundo término, la confrontación con la Federación derivó en más historias, como el complot.

Al narrar uno evita que otros narren. El mitómano, antes de ser descubierto, logra manipular su entorno en la medida que la congruencia de sus relatos va envolviendo a sus interlocutores e impidiendo que otros cuenten historias. Hay realidades que los confrontan, pero con unos buenos argumentos, su historia prevalece.

Pocos pensarían que si pasamos una semana completa en contingencia ambiental, la Ciudad de México esté disminuyendo sus niveles de contaminación, pero es una realidad: los niveles de contaminación mantienen una tendencia descendente, como también se redujo el nivel que dispara la contingencia.

¿Qué habría hecho distinto AMLO frente a la molestia ciudadana que representaron las contingencias de 2016 y 2017? Culpar a otros del cambio en las contingencias para desprestigiar a su gobierno y su persona. Habría tenido a sus opositores cuestionando las omisiones de su gobierno, pero habría dado a sus aliados un argumento para defenderlo. Ojo: los aliados necesitan argumentos.

La ausencia de una narrativa en torno a las contingencias, dio a los críticos una historia: la política de seguridad vial contamina. Tanto la reducción de las velocidades máximas como la modificación de las vialidades han sido historias mal contadas. La Ciudad de México ha dado pasos importantes en acotar el uso del automóvil, no así en la mejora del transporte público para que la gente cambie de modo de transporte.

Hemos instrumentado restricciones que urgían tanto en seguridad vial como de uso equitativo del espacio. Siempre estuvimos dispuestos a recortar una banqueta para facilitar el paso del auto, pero cuando hacemos lo opuesto se viene el desgaste político. En esta historia hace falta la narrativa. ¿Por qué estas políticas me harán más feliz y mejorarán mi calidad de vida? Las vidas salvadas carecen de nombre y voz, los beneficiarios de las nuevas políticas no hablan, pero ahí están los coches con su claxon.

Del otro lado, el metrobús llega cada vez a más lugares, pero víctima de su éxito está saturado; el metro funciona también al límite de su capacidad y, con casi 50 años en operación, cada falla es magnificada por los medios de comunicación. No hay un solo servicio ordinario de autobuses que sea ejemplar.

La historia de la movilidad sustentable es incompleta, no la estamos redondeando. El hecho  de que salvamos vidas es tan solo una pieza, pero la verdadera narrativa, la que nos urge contar es que más personas hacen menos tiempo y van más cómodas en sus trayectos cotidianos. Esto no es así y sólo cambiará cuando empecemos a cambiar las rutas que atienden los centros de trabajo.

Transformar el transporte público es una decisión técnica, pero su narrativa es política. No es al revés. Gobernar es una historia, pero no siempre la cuenta el que gobierna.

  • Narrativa de Gobierno

Acostumbrados a gobiernos poco “tangibles” de pronto llegó Andrés Manuel López Obrador y empezó a dar dinero a los adultos mayores y a discutir, todas las mañanas, de temas nacionales. El gobernante contó la historia. Los temas locales pasaron a segundo término, la confrontación con la Federación derivó en más historias, como el complot.

Al narrar uno evita que otros narren. El mitómano, antes de ser descubierto, logra manipular su entorno en la medida que la congruencia de sus relatos va envolviendo a sus interlocutores e impidiendo que otros cuenten historias. Hay realidades que los confrontan, pero con unos buenos argumentos, su historia prevalece.

Pocos pensarían que si pasamos una semana completa en contingencia ambiental, la Ciudad de México esté disminuyendo sus niveles de contaminación, pero es una realidad: los niveles de contaminación mantienen una tendencia descendente, como también se redujo el nivel que dispara la contingencia.

¿Qué habría hecho distinto AMLO frente a la molestia ciudadana que representaron las contingencias de 2016 y 2017? Culpar a otros del cambio en las contingencias para desprestigiar a su gobierno y su persona. Habría tenido a sus opositores cuestionando las omisiones de su gobierno, pero habría dado a sus aliados un argumento para defenderlo. Ojo: los aliados necesitan argumentos.

La ausencia de una narrativa en torno a las contingencias, dio a los críticos una historia: la política de seguridad vial contamina. Tanto la reducción de las velocidades máximas como la modificación de las vialidades han sido historias mal contadas. La Ciudad de México ha dado pasos importantes en acotar el uso del automóvil, no así en la mejora del transporte público para que la gente cambie de modo de transporte.

Hemos instrumentado restricciones que urgían tanto en seguridad vial como de uso equitativo del espacio. Siempre estuvimos dispuestos a recortar una banqueta para facilitar el paso del auto, pero cuando hacemos lo opuesto se viene el desgaste político. En esta historia hace falta la narrativa. ¿Por qué estas políticas me harán más feliz y mejorarán mi calidad de vida? Las vidas salvadas carecen de nombre y voz, los beneficiarios de las nuevas políticas no hablan, pero ahí están los coches con su claxon.

Del otro lado, el metrobús llega cada vez a más lugares, pero víctima de su éxito está saturado; el metro funciona también al límite de su capacidad y, con casi 50 años en operación, cada falla es magnificada por los medios de comunicación. No hay un solo servicio ordinario de autobuses que sea ejemplar.

La historia de la movilidad sustentable es incompleta, no la estamos redondeando. El hecho  de que salvamos vidas es tan solo una pieza, pero la verdadera narrativa, la que nos urge contar es que más personas hacen menos tiempo y van más cómodas en sus trayectos cotidianos. Esto no es así y sólo cambiará cuando empecemos a cambiar las rutas que atienden los centros de trabajo.

Transformar el transporte público es una decisión técnica, pero su narrativa es política. No es al revés. Gobernar es una historia, pero no siempre la cuenta el que gobierna.

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