/ sábado 20 de agosto de 2016

Desde tierras Olímpicas

“Tengo que trabajar más, no me alcanzó, tengo que trabajar mucho más, yo venía por el oro”. Con esas palabras, las primeras que pronunció tras cruzar la meta, Guadalupe González ha demostrado de qué está hecha. Palabras que esconden muchísimo más mérito que una de por sí, altamente meritoria competencia de marcha 20 kilómetros. Palabras que reflejan una filosofía: solo conformarse con lo máximo y con nada menos.

Lupita se sobrepuso a condiciones por demás extremas en el circuito de marcha en Praia do Pontal. El sol a plomo que hizo abandonar a varias atletas, inclusive cuando apenas se pasaba de la mitad de la carrera. Además, correr lesionada, como explicaba a Fernando Schwartz: que tuvo que aprender a vivir con dolor, porque sus meniscos están despedazados. Para colmo, la permanente emboscada a la que la sometieron tres chinas: una adelantaba para jalarla, otra descansaba y luego atacaba, las tres la rodeaban, intentaban acelerarla, presionarla, desorientarla.

Sin embargo, Guadalupe mantuvo como única referencia su propia preparación. Ya podían apretar las tres rivales chinas, ya podía descolgarse brevemente la italiana, ya podían exigirla al máximo. Ella se limitaría a hacer lo que no tiene mucho tiempo haciendo y tan soberbiamente hace: marchar a un trepidante ritmo.

La primera guerrera de terracota china, capituló a falta de un par de kilómetros, primero cedió un metro y de a poco se fue descolgando. Era evidente que Guadalupe subiría al podio, ya era asunto de tres marchistas, pero ella solo tenía en mente la máxima cúspide. Entonces atacó primero Lü, pero pronto respondió Guadalupe dándole alcance, con Liu como sombra. Finalmente fue Liu la que arremetió y en un tremendo sprint hacia la meta, logró imponerse a la mexicana por un suspiro, dos centésimas.

Podemos hablar mucho de su tardía incursión en una disciplina que no le gustaba. Podemos hablar mucho del chilango verbo que usó para explicarme cómo la presionaron las chinas (“me venían coyoteando”). Podemos hablar mucho de la tristeza de que sus padres no hayan podido venir a estar con ella. Podemos hablar de esa plata que tanto urgía a una delegación mexicana, tan sufrida en Río 2016.

No obstante, yo prefiero hablar de esa frase, de esa lección, de ese monumento a la superación: “Tengo que trabajar más, no me alcanzó, tengo que trabajar mucho más, yo venía por el oro”.

Twitter/albertolati

“Tengo que trabajar más, no me alcanzó, tengo que trabajar mucho más, yo venía por el oro”. Con esas palabras, las primeras que pronunció tras cruzar la meta, Guadalupe González ha demostrado de qué está hecha. Palabras que esconden muchísimo más mérito que una de por sí, altamente meritoria competencia de marcha 20 kilómetros. Palabras que reflejan una filosofía: solo conformarse con lo máximo y con nada menos.

Lupita se sobrepuso a condiciones por demás extremas en el circuito de marcha en Praia do Pontal. El sol a plomo que hizo abandonar a varias atletas, inclusive cuando apenas se pasaba de la mitad de la carrera. Además, correr lesionada, como explicaba a Fernando Schwartz: que tuvo que aprender a vivir con dolor, porque sus meniscos están despedazados. Para colmo, la permanente emboscada a la que la sometieron tres chinas: una adelantaba para jalarla, otra descansaba y luego atacaba, las tres la rodeaban, intentaban acelerarla, presionarla, desorientarla.

Sin embargo, Guadalupe mantuvo como única referencia su propia preparación. Ya podían apretar las tres rivales chinas, ya podía descolgarse brevemente la italiana, ya podían exigirla al máximo. Ella se limitaría a hacer lo que no tiene mucho tiempo haciendo y tan soberbiamente hace: marchar a un trepidante ritmo.

La primera guerrera de terracota china, capituló a falta de un par de kilómetros, primero cedió un metro y de a poco se fue descolgando. Era evidente que Guadalupe subiría al podio, ya era asunto de tres marchistas, pero ella solo tenía en mente la máxima cúspide. Entonces atacó primero Lü, pero pronto respondió Guadalupe dándole alcance, con Liu como sombra. Finalmente fue Liu la que arremetió y en un tremendo sprint hacia la meta, logró imponerse a la mexicana por un suspiro, dos centésimas.

Podemos hablar mucho de su tardía incursión en una disciplina que no le gustaba. Podemos hablar mucho del chilango verbo que usó para explicarme cómo la presionaron las chinas (“me venían coyoteando”). Podemos hablar mucho de la tristeza de que sus padres no hayan podido venir a estar con ella. Podemos hablar de esa plata que tanto urgía a una delegación mexicana, tan sufrida en Río 2016.

No obstante, yo prefiero hablar de esa frase, de esa lección, de ese monumento a la superación: “Tengo que trabajar más, no me alcanzó, tengo que trabajar mucho más, yo venía por el oro”.

Twitter/albertolati

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