/ jueves 25 de agosto de 2016

Desde tierras Olímpicas

Una auténtica regresión: el problema detrás de los Paralímpicos es el mismo que, en su momento, rodeó a los Olímpicos. Por ponerlo en términos prácticos: ¿Quién aporta el dinero?, ¿cuál escalafón del Gobierno?, ¿qué autoridad brasileña?

Recordemos que exactamente a un mes del inicio de los Olímpicos, el Estado de Río de Janeiro declaró situación de “calamidad pública”, como modo formal para exigir al Gobierno federal que le auxiliara liberando fondos para los Juegos. Fue así como pudo recibir casi mil millones de dólares que serían destinados a labores de seguridad y logística.

La crisis pre-paralímpica tuvo su momento álgido hace un par de semanas; es decir, también a un mes de la apertura, con una agravante: que parte de los fondos ya habilitados para este evento; fueron gastados a fin de resolver situaciones de emergencia como la mal acabada Villa Olímpica (¿recuerdan a la delegación australiana teniendo que mudarse fuera?, ¿recuerdan los olores a gas?, ¿recuerdan los cables sueltos?, ¿recuerdan los caos de plomería?) y como la reverdecida piscina del Centro Acuático María Lenk, que tan mala cara exhibió del país.

Así que con los Olímpicos en marcha y no exentos de constantes contratiempos, Río 2016 presenció la siguiente batalla económica. Sir Phil Craven, titular del Comité Paralímpico Internacional, no tardó en manifestar su inconformidad al percibir que parte del dinero requerido y prometido, le estaba siendo negado o regateado.

La novela de folletín pareció llegar a su fin esta semana, cuando el prefecto carioca, Eduardo Paes, admitió soltar una cantidad, a lo que se añadió una similar declaración desde el Gobierno federal, encabezado por el presidente interino, Michel Temer, que vio en esta justa una forma de limpiar su percudida imagen (ojo: el Gobierno estadual de Río, ese mismo que clamara “calamidad pública”, ha hecho como que no ve…, o acaso es que realmente no tiene).

Aquí se paga el precio de haber pospuesto debates imprescindibles, de no haber llegado a acuerdos cuando correspondía. Si a fines de junio no sabíamos de dónde saldría el dinero para los Olímpicos, en pleno agosto pasa lo mismo con los Paralímpicos que abren el 7 de septiembre.

La misma historia. En el fondo, sabemos, el dinero ahí estará. Twitter/albertolati

Una auténtica regresión: el problema detrás de los Paralímpicos es el mismo que, en su momento, rodeó a los Olímpicos. Por ponerlo en términos prácticos: ¿Quién aporta el dinero?, ¿cuál escalafón del Gobierno?, ¿qué autoridad brasileña?

Recordemos que exactamente a un mes del inicio de los Olímpicos, el Estado de Río de Janeiro declaró situación de “calamidad pública”, como modo formal para exigir al Gobierno federal que le auxiliara liberando fondos para los Juegos. Fue así como pudo recibir casi mil millones de dólares que serían destinados a labores de seguridad y logística.

La crisis pre-paralímpica tuvo su momento álgido hace un par de semanas; es decir, también a un mes de la apertura, con una agravante: que parte de los fondos ya habilitados para este evento; fueron gastados a fin de resolver situaciones de emergencia como la mal acabada Villa Olímpica (¿recuerdan a la delegación australiana teniendo que mudarse fuera?, ¿recuerdan los olores a gas?, ¿recuerdan los cables sueltos?, ¿recuerdan los caos de plomería?) y como la reverdecida piscina del Centro Acuático María Lenk, que tan mala cara exhibió del país.

Así que con los Olímpicos en marcha y no exentos de constantes contratiempos, Río 2016 presenció la siguiente batalla económica. Sir Phil Craven, titular del Comité Paralímpico Internacional, no tardó en manifestar su inconformidad al percibir que parte del dinero requerido y prometido, le estaba siendo negado o regateado.

La novela de folletín pareció llegar a su fin esta semana, cuando el prefecto carioca, Eduardo Paes, admitió soltar una cantidad, a lo que se añadió una similar declaración desde el Gobierno federal, encabezado por el presidente interino, Michel Temer, que vio en esta justa una forma de limpiar su percudida imagen (ojo: el Gobierno estadual de Río, ese mismo que clamara “calamidad pública”, ha hecho como que no ve…, o acaso es que realmente no tiene).

Aquí se paga el precio de haber pospuesto debates imprescindibles, de no haber llegado a acuerdos cuando correspondía. Si a fines de junio no sabíamos de dónde saldría el dinero para los Olímpicos, en pleno agosto pasa lo mismo con los Paralímpicos que abren el 7 de septiembre.

La misma historia. En el fondo, sabemos, el dinero ahí estará. Twitter/albertolati

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