/ sábado 9 de enero de 2016

Desde tierras olímpicas | Alberto Lati

Ya hemos explicado en este espacio que en la Villa Olímpica no se colocarán televisores, que en las zonas VIP no habrá bebidas caras, que los voluntarios dispondrán de limitaciones a la hora de imprimir documentos, que la piscina no dispondrá de estructura superior que la cubra del sol. Bien por ese esfuerzo, pero al mismo tiempo en esta primera semana de enero sabemos que el costo de algunas instalaciones ha vuelto a dispararse.

El velódromo, una de las obras más demoradas, tiene que estar en condiciones de recibir su evento de prueba en exactamente 10 semanas. Pese a lo anterior, al día de hoy se calcula que la construcción apenas alcanza tres cuartas partes. Es decir, que el retraso es tan evidente como preocupante. ¿Qué relación tiene eso con mi planteamiento inicial? Que en términos de organización de un mega evento deportivo, cada prórroga se traduce en necesidad de inyectar más dinero. Y la ciudad carioca, por mucho que se ha acelerado desde mediados de 2014, va tarde.

Para que el velódromo de Río de Janeiro 2016 llegue a tiempo a sus eventos de prueba, se ha modificado el tipo de materiales. Eso representa un alza mayor en unos siete millones de dólares.

Nos referimos específicamente a una de las tres circunstancias que hizo a Atenas 2004 elevar tanto su dispendio: que a mayor demora, más dobles turnos y más caros materiales debieron de emplearse. Las otras atenuantes que encarecieron los Olímpicos griegos, también las teme hoy Río: primero, la volatilidad del contexto mundial que obligó a Atenas a triplicar el presupuesto de seguridad; segundo, la corrupción.

Tras lo que supuso el Mundial 2014 en términos de críticas y manifestaciones, Río 2016 ha conseguido minimizar la cantidad de desvíos y malversación de recursos. En cuanto a lo otro, demos por hecho que las crecientes amenazas terroristas ya elevaron los millones destinados a seguridad, inteligencia, capacitación, equipo militar.

El velódromo confirma que Río está cuidando los centavos, pero no puede hacer lo mismo con los reales. Ya no está en sus manos. A siete meses gastará lo que tenga que gastar.

Twitter/albertolati

/arm

Ya hemos explicado en este espacio que en la Villa Olímpica no se colocarán televisores, que en las zonas VIP no habrá bebidas caras, que los voluntarios dispondrán de limitaciones a la hora de imprimir documentos, que la piscina no dispondrá de estructura superior que la cubra del sol. Bien por ese esfuerzo, pero al mismo tiempo en esta primera semana de enero sabemos que el costo de algunas instalaciones ha vuelto a dispararse.

El velódromo, una de las obras más demoradas, tiene que estar en condiciones de recibir su evento de prueba en exactamente 10 semanas. Pese a lo anterior, al día de hoy se calcula que la construcción apenas alcanza tres cuartas partes. Es decir, que el retraso es tan evidente como preocupante. ¿Qué relación tiene eso con mi planteamiento inicial? Que en términos de organización de un mega evento deportivo, cada prórroga se traduce en necesidad de inyectar más dinero. Y la ciudad carioca, por mucho que se ha acelerado desde mediados de 2014, va tarde.

Para que el velódromo de Río de Janeiro 2016 llegue a tiempo a sus eventos de prueba, se ha modificado el tipo de materiales. Eso representa un alza mayor en unos siete millones de dólares.

Nos referimos específicamente a una de las tres circunstancias que hizo a Atenas 2004 elevar tanto su dispendio: que a mayor demora, más dobles turnos y más caros materiales debieron de emplearse. Las otras atenuantes que encarecieron los Olímpicos griegos, también las teme hoy Río: primero, la volatilidad del contexto mundial que obligó a Atenas a triplicar el presupuesto de seguridad; segundo, la corrupción.

Tras lo que supuso el Mundial 2014 en términos de críticas y manifestaciones, Río 2016 ha conseguido minimizar la cantidad de desvíos y malversación de recursos. En cuanto a lo otro, demos por hecho que las crecientes amenazas terroristas ya elevaron los millones destinados a seguridad, inteligencia, capacitación, equipo militar.

El velódromo confirma que Río está cuidando los centavos, pero no puede hacer lo mismo con los reales. Ya no está en sus manos. A siete meses gastará lo que tenga que gastar.

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