/ domingo 20 de noviembre de 2016

Domesticar Halcones / Numerados

1.- Una cabeza de nota torcida de origen parecía dar razón a la pesadumbre. El tweet venía de la cima de la vanagloria y se solazaba, que su amigo Bill Ford le había confirmado que la planta de Lincoln se quedaba en Kentucky, “no México”, en señal de la confianza que le tiene a él mismo. El trámite que le dio alguna agencia local fue recogido por un par de medios nacionales y no tardó en zarandear el percudido petate del muerto, para decir que la planta de Ford ya no se construirá en México, con lo que se esfumaban a esa velocidad mil 600 millones de dólares de inversión y cerca de 3 mil empleos en la zona del Bajío. Luego resultó que Lincoln no pensaba instalarse en México, que la planta de San Luis sigue en pie y que el señor Ford hablaba de otra cosa.

2.- En la perplejidad y el pasmo que tiene sumidos al mundo y a nuestro país el presidente electo, no era para menos. El Banco de México apenas informa la cuarta alza del año a la tasa de interés de referencia, el peso vapuleado como pocas veces, el petróleo sin sacar la mano y la Bolsa en descenso, dan poco margen a ligerezas de ese tipo, sobre todo si son equivocadas e implican una alta dosis de mala fe, a la que debemos habituarnos desde ya, sin necesidad de que agencias de noticias de este lado de la frontera se apuren a apropiarse del gazapo, como si fueran las que favorece el señor Trump para sus resplandores.

3.- Las voces que piden calma y esperar a que asuma el puesto tienen razón, pero no mucha. El caballero cabalga feliz porque siente y sabe, que tiene al mundo y a México temblando a sus pies, está seguro que su veleidad y su fanfarronería, han causado el efecto que él deseaba, seguramente porque así trata a sus empleados, a sus socios y a su servidumbre. Ya se conocen sus criterios para rentar sus propiedades: solo a blancos, pudientes, serviles y a modelos muy sugerentes. Así ha de tratar a Gobiernos en cuyos países ha sentado sus negocios.

4.- Pero existe una faceta del caballero que probablemente él no se conozca. De ser verdad que ni él ni su equipo esperaban el resultado de la elección, que no calculaban la dimensión del cargo y que ignoran las formas y el trato de y hacia el Presidente de Estados Unidos y el modo como opera la maquinaria del Estado, entonces el riesgo puede ser menor. No por desestimar las garras de un halcón, ojo, es muy peligroso; pero no por su rapiña tiene menos temor a lo extraño, no es sin embargo un Nixon, o un McCain que conoce los sótanos y vericuetos de la política de ida y vuelta. Ese es oficio muy diverso al de comerciante inmobiliario, así como las cuestiones delicadas que requieren sensibilidad y tacto son de la tosquedad del que impone y manda.

5.- Así como no se ve a este señor alzarle la voz al Presidente de Francia o a la señora Merkel, el Presidente de México, y su Gobierno, tienen la oportunidad de hablarle franco y claro, y va a escuchar. Tal vez no lo entienda de sus asistentes –su yerno y sus hijos-, pero lo hará con estadistas extranjeros a los que debe tratar, qué tal si no comprende aún que México es vecino, amigo, socio y aliado de Estados Unidos, porque no se le ha explicado. Quizá solo piensa castigar a México y no sabe qué es lo que arriesga su propio país en el garlito. Se tiene por cierto que aprende pronto y no es tonto, cuando tenga que entenderse con un jefe de Estado, sabrá para qué sirven las cuerdas.

6.- No podemos permanecer en el enajenamiento. México tiene y debe utilizar, todos los recursos de la política, la diplomacia y la experiencia para darse a entender. Sobre todo, para hacerse respetar. camilo@kawage.com

1.- Una cabeza de nota torcida de origen parecía dar razón a la pesadumbre. El tweet venía de la cima de la vanagloria y se solazaba, que su amigo Bill Ford le había confirmado que la planta de Lincoln se quedaba en Kentucky, “no México”, en señal de la confianza que le tiene a él mismo. El trámite que le dio alguna agencia local fue recogido por un par de medios nacionales y no tardó en zarandear el percudido petate del muerto, para decir que la planta de Ford ya no se construirá en México, con lo que se esfumaban a esa velocidad mil 600 millones de dólares de inversión y cerca de 3 mil empleos en la zona del Bajío. Luego resultó que Lincoln no pensaba instalarse en México, que la planta de San Luis sigue en pie y que el señor Ford hablaba de otra cosa.

2.- En la perplejidad y el pasmo que tiene sumidos al mundo y a nuestro país el presidente electo, no era para menos. El Banco de México apenas informa la cuarta alza del año a la tasa de interés de referencia, el peso vapuleado como pocas veces, el petróleo sin sacar la mano y la Bolsa en descenso, dan poco margen a ligerezas de ese tipo, sobre todo si son equivocadas e implican una alta dosis de mala fe, a la que debemos habituarnos desde ya, sin necesidad de que agencias de noticias de este lado de la frontera se apuren a apropiarse del gazapo, como si fueran las que favorece el señor Trump para sus resplandores.

3.- Las voces que piden calma y esperar a que asuma el puesto tienen razón, pero no mucha. El caballero cabalga feliz porque siente y sabe, que tiene al mundo y a México temblando a sus pies, está seguro que su veleidad y su fanfarronería, han causado el efecto que él deseaba, seguramente porque así trata a sus empleados, a sus socios y a su servidumbre. Ya se conocen sus criterios para rentar sus propiedades: solo a blancos, pudientes, serviles y a modelos muy sugerentes. Así ha de tratar a Gobiernos en cuyos países ha sentado sus negocios.

4.- Pero existe una faceta del caballero que probablemente él no se conozca. De ser verdad que ni él ni su equipo esperaban el resultado de la elección, que no calculaban la dimensión del cargo y que ignoran las formas y el trato de y hacia el Presidente de Estados Unidos y el modo como opera la maquinaria del Estado, entonces el riesgo puede ser menor. No por desestimar las garras de un halcón, ojo, es muy peligroso; pero no por su rapiña tiene menos temor a lo extraño, no es sin embargo un Nixon, o un McCain que conoce los sótanos y vericuetos de la política de ida y vuelta. Ese es oficio muy diverso al de comerciante inmobiliario, así como las cuestiones delicadas que requieren sensibilidad y tacto son de la tosquedad del que impone y manda.

5.- Así como no se ve a este señor alzarle la voz al Presidente de Francia o a la señora Merkel, el Presidente de México, y su Gobierno, tienen la oportunidad de hablarle franco y claro, y va a escuchar. Tal vez no lo entienda de sus asistentes –su yerno y sus hijos-, pero lo hará con estadistas extranjeros a los que debe tratar, qué tal si no comprende aún que México es vecino, amigo, socio y aliado de Estados Unidos, porque no se le ha explicado. Quizá solo piensa castigar a México y no sabe qué es lo que arriesga su propio país en el garlito. Se tiene por cierto que aprende pronto y no es tonto, cuando tenga que entenderse con un jefe de Estado, sabrá para qué sirven las cuerdas.

6.- No podemos permanecer en el enajenamiento. México tiene y debe utilizar, todos los recursos de la política, la diplomacia y la experiencia para darse a entender. Sobre todo, para hacerse respetar. camilo@kawage.com

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