/ viernes 8 de enero de 2016

El chavismo, un modo de ver la vida / Economía y Política / Miguel Ángel Ferrer

Es cosa bien sabida que España vive una profunda crisis económica y social como producto de la aplicación de las políticas neoliberales. Una crisis que se expresa en un alto desempleo general y un más alto aún desempleo entre la población juvenil y femenina. Un notorio precarismo salarial (los ya célebres 600 euros mensuales). Las deudas personales impagables y los desahucios por hipotecas imposibles de cubrir. La emigración hacia el extranjero de los jóvenes que no encuentran medios de vida en su tierra. Los padres y abuelos que deben acoger en casa a los hijos y nietos que ya no pueden sostenerse sin este auxilio.

Pero aun así, casi el 70 por ciento de los ciudadanos que votaron en las recientes elecciones hispanas lo hicieron por tres partidos de orientación ideológica claramente neoliberal, es decir, de derecha. El Partido Popular (el de Aznar y la guerra contra Irak y el acoso a Cuba) se llevó entre 25 y 30 por ciento de los sufragios; el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) atrajo entre 20 y 25 por ciento; y Ciudadanos cosechó entre 15 y 20 por ciento.

El mismo fenómeno se ha visto en Argentina. Más de medio país sufragó por un partido claramente neoliberal, derechista, menemista, videlista. Y esta media Argentina vivió no hace mucho, con Menem y con De la Rúa, una bárbara crisis económica que llegó incluso a la congelación de las cuentas bancarias de millones de ciudadanos. Todos los que votaron por Mauricio Macri no pueden haber olvidado esos días aciagos. Pero, recordándolos sin duda, sufragaron por el videlista Macri. (Y por lo que toca a México, tres partidos de derecha: PRI, PAN y PRD recogen el mayor caudal de votos).

¿Qué tiene de extraño, en consecuencia, que en las recientes elecciones parlamentarias de Venezuela algo así como el 60 por ciento de los votantes haya sufragado por el partido o conjunto de partidos de la derecha, de Estados Unidos, del neoliberalismo?

Pero aun así, la victoria de la derecha venezolana en nada se parece al triunfo de la derecha chilena de 1973. Y la victoria de Mauricio Macri no guarda semejanza alguna con el triunfo de la derecha argentina con Rafael Videla a la cabeza.

Estas victorias de la derecha argentina y venezolana no eran los triunfos apetecidos. La derecha pro yanqui venezolana tuvo que conformarse con ganar en las urnas porque no pudo cuajar un golpe de Estado que derrocara a Chávez, primero, y a Maduro, después. Lo más cerca que llegó la derecha venezolana a esa, su meta, fue el golpe fallido contra Chávez en 2002.

Y para Argentina lo mismo: la derecha no pudo derrocar a Cristina Fernández mediante un golpe clásico y tuvo que atenerse al dictamen de las urnas. No cabe duda que los tiempos han cambiado. No es lo mismo el triunfo de Rajoy que el de Franco.

Golpe que no mata fortalece, reza la sentencia clásica. Y las victorias de las oligarquías argentina y venezolana no han logrado matar a los movimientos populares y antineoliberales de estas dos naciones. En Venezuela el chavismo, que es un movimiento de masas, una ideología, una forma de ver la vida y no una persona, sigue vivo y en lucha. Y recuérdese que el voto fluye y refluye. Y que lo que se perdió hoy se puede ganar mañana. A menos, claro está, que la oligarquía, ahora ensoberbecida, decida jugarse el todo por el todo y se tire a matar.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

www.miguelangelferrer-mentor.com.mx

Es cosa bien sabida que España vive una profunda crisis económica y social como producto de la aplicación de las políticas neoliberales. Una crisis que se expresa en un alto desempleo general y un más alto aún desempleo entre la población juvenil y femenina. Un notorio precarismo salarial (los ya célebres 600 euros mensuales). Las deudas personales impagables y los desahucios por hipotecas imposibles de cubrir. La emigración hacia el extranjero de los jóvenes que no encuentran medios de vida en su tierra. Los padres y abuelos que deben acoger en casa a los hijos y nietos que ya no pueden sostenerse sin este auxilio.

Pero aun así, casi el 70 por ciento de los ciudadanos que votaron en las recientes elecciones hispanas lo hicieron por tres partidos de orientación ideológica claramente neoliberal, es decir, de derecha. El Partido Popular (el de Aznar y la guerra contra Irak y el acoso a Cuba) se llevó entre 25 y 30 por ciento de los sufragios; el Partido Socialista Obrero Español (PSOE) atrajo entre 20 y 25 por ciento; y Ciudadanos cosechó entre 15 y 20 por ciento.

El mismo fenómeno se ha visto en Argentina. Más de medio país sufragó por un partido claramente neoliberal, derechista, menemista, videlista. Y esta media Argentina vivió no hace mucho, con Menem y con De la Rúa, una bárbara crisis económica que llegó incluso a la congelación de las cuentas bancarias de millones de ciudadanos. Todos los que votaron por Mauricio Macri no pueden haber olvidado esos días aciagos. Pero, recordándolos sin duda, sufragaron por el videlista Macri. (Y por lo que toca a México, tres partidos de derecha: PRI, PAN y PRD recogen el mayor caudal de votos).

¿Qué tiene de extraño, en consecuencia, que en las recientes elecciones parlamentarias de Venezuela algo así como el 60 por ciento de los votantes haya sufragado por el partido o conjunto de partidos de la derecha, de Estados Unidos, del neoliberalismo?

Pero aun así, la victoria de la derecha venezolana en nada se parece al triunfo de la derecha chilena de 1973. Y la victoria de Mauricio Macri no guarda semejanza alguna con el triunfo de la derecha argentina con Rafael Videla a la cabeza.

Estas victorias de la derecha argentina y venezolana no eran los triunfos apetecidos. La derecha pro yanqui venezolana tuvo que conformarse con ganar en las urnas porque no pudo cuajar un golpe de Estado que derrocara a Chávez, primero, y a Maduro, después. Lo más cerca que llegó la derecha venezolana a esa, su meta, fue el golpe fallido contra Chávez en 2002.

Y para Argentina lo mismo: la derecha no pudo derrocar a Cristina Fernández mediante un golpe clásico y tuvo que atenerse al dictamen de las urnas. No cabe duda que los tiempos han cambiado. No es lo mismo el triunfo de Rajoy que el de Franco.

Golpe que no mata fortalece, reza la sentencia clásica. Y las victorias de las oligarquías argentina y venezolana no han logrado matar a los movimientos populares y antineoliberales de estas dos naciones. En Venezuela el chavismo, que es un movimiento de masas, una ideología, una forma de ver la vida y no una persona, sigue vivo y en lucha. Y recuérdese que el voto fluye y refluye. Y que lo que se perdió hoy se puede ganar mañana. A menos, claro está, que la oligarquía, ahora ensoberbecida, decida jugarse el todo por el todo y se tire a matar.

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