/ miércoles 14 de junio de 2017

El internet de las cosas

Si inicio este texto hablándoles de un refrigerador conectado a internet, ¿le ven necesidad o al menos lógica? Quizá no hasta hace algunos años, pero finalmente nuestras cosas de siempre, unas tras otras, se van integrando a la red de redes, como en una especie de destino manifiesto del que no habría como sustraerse.

Retomando el tema del refrigerador, veámosle de una forma desapasionada y podremos notar que, dados los actuales tiempos, puede operar con cierta lógica. Imaginemos nuestras compras de víveres perecederos de la semana y el momento en que los metemos a nuestro refrigerador, mismo que puede tener ya un sistema inteligente en el que se anota aquello que se ingresa, teniendo éste la capacidad de notar cómo se va consumiendo lo comprado, todo para que una vez llegado cierto día de la semana destinado a las compras, nuestro aparato se ponga en contacto por internet con el supermercado de nuestra preferencia para que éste envíe los comestibles a nuestro hogar y los cobre a través de nuestra tarjeta de crédito.

Nuevamente digo, ese es el internet de las cosas.

Sí, esa forma en que la “Autopista de la Información”, como alguna vez la llamara el ex-vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, cada vez se mete más en nuestras vidas, formando parte de lo que pudiéramos poseer.

Pero curiosamente esas cosas con las que se involucra cada vez más la red, son precisamente muchas de las que vamos dejando de tener, precisamente por causa de este contundente avance de la tecnología.

Otro ejemplo al respecto lo tenemos en el entretenimiento, más ahora que el comprar discos se ha vuelto más un acto de nostalgia que de verdadera necesidad, pues lejos ya quedaron los acetatos, ni qué decir de las cintas de tres cuartos y los cassettes, además ahora de los discos compactos. Hoy la música la bajamos de internet a nuestros dispositivos inteligentes, como teléfonos celulares, tabletas electrónicas y una que otra computadora.

Pero no solo eso, ya que incluso la compra de música digital está quedando de lado, gracias a sistemas de “streaming” que nos permiten tocar canciones en directo desde la red, sin necesidad de tener el disco o poseer el archivo en formato MP3.

Algo similar ocurre con las películas, ya que el comprar éstas o alquilarlas físicamente es algo que definitivamente quedó en el pasado, por lo que gradualmente fueron desapareciendo los que otrora llamábamos videoclubes. Ahora podemos comprar las películas en línea y almacenarlas en nuestros dispositivos inteligentes, o bien, si no queremos ocupar tanta memoria digital, la opción puede ser rentarlas por algunos días, lo que permite que de forma pronta se borren automáticamente y nuevamente tengamos espacio para alquilar alguna otra. Otro objeto que se nos va de las manos en el marco del internet de las cosas.

Es así que hoy los objetos que utilizamos conviven cada vez más entre ellos, muchas veces incluso sin que lo advirtamos de primera mano, ya que cuanto poseemos cada vez está más ligado a la red, misma que sabe qué vemos por TV, qué programas de radio escuchamos y cada vez se vincula con cuestiones más cotidianas, como lo que está en nuestro refrigerador. Es por ello que hasta lo que se vincula con el cuidado de nuestra salud está ya en la red, de la que con frecuencia será bueno que no olvidemos que es creación nuestra como especie y no una suerte de patrón invitado en nuestros hogares y oficinas.

* Senadora de la República.

correo: yolandadelatorre@senado.gob.mx

FB: YolandaDeLaTorreV

Tw: @Yoladelatorre

Si inicio este texto hablándoles de un refrigerador conectado a internet, ¿le ven necesidad o al menos lógica? Quizá no hasta hace algunos años, pero finalmente nuestras cosas de siempre, unas tras otras, se van integrando a la red de redes, como en una especie de destino manifiesto del que no habría como sustraerse.

Retomando el tema del refrigerador, veámosle de una forma desapasionada y podremos notar que, dados los actuales tiempos, puede operar con cierta lógica. Imaginemos nuestras compras de víveres perecederos de la semana y el momento en que los metemos a nuestro refrigerador, mismo que puede tener ya un sistema inteligente en el que se anota aquello que se ingresa, teniendo éste la capacidad de notar cómo se va consumiendo lo comprado, todo para que una vez llegado cierto día de la semana destinado a las compras, nuestro aparato se ponga en contacto por internet con el supermercado de nuestra preferencia para que éste envíe los comestibles a nuestro hogar y los cobre a través de nuestra tarjeta de crédito.

Nuevamente digo, ese es el internet de las cosas.

Sí, esa forma en que la “Autopista de la Información”, como alguna vez la llamara el ex-vicepresidente de Estados Unidos, Al Gore, cada vez se mete más en nuestras vidas, formando parte de lo que pudiéramos poseer.

Pero curiosamente esas cosas con las que se involucra cada vez más la red, son precisamente muchas de las que vamos dejando de tener, precisamente por causa de este contundente avance de la tecnología.

Otro ejemplo al respecto lo tenemos en el entretenimiento, más ahora que el comprar discos se ha vuelto más un acto de nostalgia que de verdadera necesidad, pues lejos ya quedaron los acetatos, ni qué decir de las cintas de tres cuartos y los cassettes, además ahora de los discos compactos. Hoy la música la bajamos de internet a nuestros dispositivos inteligentes, como teléfonos celulares, tabletas electrónicas y una que otra computadora.

Pero no solo eso, ya que incluso la compra de música digital está quedando de lado, gracias a sistemas de “streaming” que nos permiten tocar canciones en directo desde la red, sin necesidad de tener el disco o poseer el archivo en formato MP3.

Algo similar ocurre con las películas, ya que el comprar éstas o alquilarlas físicamente es algo que definitivamente quedó en el pasado, por lo que gradualmente fueron desapareciendo los que otrora llamábamos videoclubes. Ahora podemos comprar las películas en línea y almacenarlas en nuestros dispositivos inteligentes, o bien, si no queremos ocupar tanta memoria digital, la opción puede ser rentarlas por algunos días, lo que permite que de forma pronta se borren automáticamente y nuevamente tengamos espacio para alquilar alguna otra. Otro objeto que se nos va de las manos en el marco del internet de las cosas.

Es así que hoy los objetos que utilizamos conviven cada vez más entre ellos, muchas veces incluso sin que lo advirtamos de primera mano, ya que cuanto poseemos cada vez está más ligado a la red, misma que sabe qué vemos por TV, qué programas de radio escuchamos y cada vez se vincula con cuestiones más cotidianas, como lo que está en nuestro refrigerador. Es por ello que hasta lo que se vincula con el cuidado de nuestra salud está ya en la red, de la que con frecuencia será bueno que no olvidemos que es creación nuestra como especie y no una suerte de patrón invitado en nuestros hogares y oficinas.

* Senadora de la República.

correo: yolandadelatorre@senado.gob.mx

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