/ sábado 17 de junio de 2017

Estado de México: ¡Inaudito!

Si alguna barbarie ha conmovido a la República mexicana, lo fue el secuestro, violación y homicidio de la niña Valeria, en el Estado de México. La pequeña de once años, apareció abandonada en el interior de una Combi de la Ruta 40.

Unos dolidos padres contaron cómo el progenitor, en vista de que llovía a cántaros, decidió que la niña se fuera en el transporte. Nunca pensó lo que pasaría. Lo más grave fue la negligencia de la policía: al ver que Valeria no llegaba a casa, dieron aviso inmediato, pero, como acostumbran estos inconcebibles “guardianes de la ley”, ni caso hicieron. Argumenta la dolida familia, que quizás la podían haber salvado de las garras de su verdugo.

Con una extraña velocidad, a los cuatro días aprehendieron al chofer del vehículo, al que se presumió culpable del bestial asesinato. José Octavio N. tenía antecedentes penales y de inmediato se le trasladó al Penal Neza-Bordo –así se le conoce-. Apenas habían pasado un par de jornadas y el presunto criminal se “suicidó”.

¿Quién demonios podría creer semejante cuento? El occiso estaba recluido en el área de investigación. Compartía celda con otros tres hombres y utilizó para colgarse un pedazo de cuerda, de las que se usan para hacer artesanías. ¿Ninguno de sus compañeros se dio cuenta?

Aún no se le practicaban los exámenes de ADN, lo que implica que pudiera ser inocente. Y, de acuerdo a la importancia del delito, ¿no deberían haber tenido un cuidado especial, con el presunto responsable?

El “suicidio” permitirá darle cerrojazo al expediente. Se enterró a Valeria, a José Octavio y el horrendo hecho pasará al olvido, sin que se pierda un minuto más, en su esclarecimiento.

Se le dio una solución al estilo Paulette, la chiquita “desaparecida” a la que encontraron a los pies de su cama, después de una semana de búsqueda. ¿Es incompetencia, están rebasados, o les da igual que se sancionen los delitos o siga la impunidad?

Si el Edomex tiene el campeonato nacional, en diversos tipos de crímenes, se comprende, cuando sus funcionarios repiten barrabasadas. En cuestión de feminicidios se lleva la palma y la única salida, a cargo de su desgobernador, es que las tasas obedecen al tamaño de su población.

Recibieron especial ayuda de la federación, en vista del origen del tlatoani en turno y las cifras rojas siguen en aumento. Hay que preguntar a cualquiera de sus habitantes, por la atención que reciben a sus denuncias. Ir ante un ministerio público es inenarrable. Después de la eterna espera, la respuesta es malhumorada y la queja va a dar a la inmensa pila, que la precede. Cero pesquisas.

De la corrupción e ineficacia de sus cuerpos policiacos se ha dicho todo, sin cambio alguno. Agentes que se dedican a extorsionar a los habitantes, a robar en contubernio con los malosos. No conozco a ningún mexiquense que hable bien de ellos y, frente a un asalto prefieren callar, antes que denunciar.

En este engranaje de podredumbre, la mujer es el eslabón más débil de la cadena. Solo en 2016, mataron a 263 -39 de ellas en Ecatepec- y en este año, de enero a mayo, iban 37 –número que ya subió-.

Frente a cada homicidio, las organizaciones femeninas ponen el grito en el cielo y exigen un hasta aquí. Nada ha funcionado. Eruviel Ávila se desvive en demagogias estériles. Poco extraña el que el PRI, con todo y alquimia, perdiera un millón de votantes.

¿Será cierto que indagarán lo sucedido con José Octavio? Lo pongo en duda, como el que jamás sabremos si fue o no responsable, del atroz sacrificio de Valeria.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

Si alguna barbarie ha conmovido a la República mexicana, lo fue el secuestro, violación y homicidio de la niña Valeria, en el Estado de México. La pequeña de once años, apareció abandonada en el interior de una Combi de la Ruta 40.

Unos dolidos padres contaron cómo el progenitor, en vista de que llovía a cántaros, decidió que la niña se fuera en el transporte. Nunca pensó lo que pasaría. Lo más grave fue la negligencia de la policía: al ver que Valeria no llegaba a casa, dieron aviso inmediato, pero, como acostumbran estos inconcebibles “guardianes de la ley”, ni caso hicieron. Argumenta la dolida familia, que quizás la podían haber salvado de las garras de su verdugo.

Con una extraña velocidad, a los cuatro días aprehendieron al chofer del vehículo, al que se presumió culpable del bestial asesinato. José Octavio N. tenía antecedentes penales y de inmediato se le trasladó al Penal Neza-Bordo –así se le conoce-. Apenas habían pasado un par de jornadas y el presunto criminal se “suicidó”.

¿Quién demonios podría creer semejante cuento? El occiso estaba recluido en el área de investigación. Compartía celda con otros tres hombres y utilizó para colgarse un pedazo de cuerda, de las que se usan para hacer artesanías. ¿Ninguno de sus compañeros se dio cuenta?

Aún no se le practicaban los exámenes de ADN, lo que implica que pudiera ser inocente. Y, de acuerdo a la importancia del delito, ¿no deberían haber tenido un cuidado especial, con el presunto responsable?

El “suicidio” permitirá darle cerrojazo al expediente. Se enterró a Valeria, a José Octavio y el horrendo hecho pasará al olvido, sin que se pierda un minuto más, en su esclarecimiento.

Se le dio una solución al estilo Paulette, la chiquita “desaparecida” a la que encontraron a los pies de su cama, después de una semana de búsqueda. ¿Es incompetencia, están rebasados, o les da igual que se sancionen los delitos o siga la impunidad?

Si el Edomex tiene el campeonato nacional, en diversos tipos de crímenes, se comprende, cuando sus funcionarios repiten barrabasadas. En cuestión de feminicidios se lleva la palma y la única salida, a cargo de su desgobernador, es que las tasas obedecen al tamaño de su población.

Recibieron especial ayuda de la federación, en vista del origen del tlatoani en turno y las cifras rojas siguen en aumento. Hay que preguntar a cualquiera de sus habitantes, por la atención que reciben a sus denuncias. Ir ante un ministerio público es inenarrable. Después de la eterna espera, la respuesta es malhumorada y la queja va a dar a la inmensa pila, que la precede. Cero pesquisas.

De la corrupción e ineficacia de sus cuerpos policiacos se ha dicho todo, sin cambio alguno. Agentes que se dedican a extorsionar a los habitantes, a robar en contubernio con los malosos. No conozco a ningún mexiquense que hable bien de ellos y, frente a un asalto prefieren callar, antes que denunciar.

En este engranaje de podredumbre, la mujer es el eslabón más débil de la cadena. Solo en 2016, mataron a 263 -39 de ellas en Ecatepec- y en este año, de enero a mayo, iban 37 –número que ya subió-.

Frente a cada homicidio, las organizaciones femeninas ponen el grito en el cielo y exigen un hasta aquí. Nada ha funcionado. Eruviel Ávila se desvive en demagogias estériles. Poco extraña el que el PRI, con todo y alquimia, perdiera un millón de votantes.

¿Será cierto que indagarán lo sucedido con José Octavio? Lo pongo en duda, como el que jamás sabremos si fue o no responsable, del atroz sacrificio de Valeria.

catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

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