/ jueves 8 de junio de 2017

Incluyente

Con una ventaja de votos que no es ni mucho menos relevante, el candidato del PRI al gobierno del Estado de México ganó en las elecciones del último domingo. Sin embargo, el partido que obtuvo el segundo lugar, Morena, cuestiona la votación y pide que se cuente voto por voto alegando anulaciones dudosas. Se habla de que el priista obtuvo entre 32.75 y 33.59% de votos contra 30.73 o 31.53% para la candidata de Morena. Esto pone de relieve, a mi juicio, dos tipos de democracia, la cuantitativa y la cualitativa, es decir, en la que se vence aunque sea por un solo voto y en la que, en cambio, el criterio para calificar y decidir corresponde a la calidad del voto, a su peso específico, al especial valor o influencia que se le reconoce en un entorno determinado.

El dilema está aquí entre la cantidad y la calidad; asunto que por cierto ocupa un lugar importante en la ciencia política. Como se ve, números más, números menos, la votación estuvo proporcionalmente dividida, o sea, que hay millones de ciudadanos mexiquenses que no estuvieron de acuerdo con la propuesta política del PRI.

Ahora bien, en mi artículo de la semana pasada sostuve que esas elecciones fueron -y en algún sentido lo siguen siendo- una oportunidad, tal vez la última, para el cambio pacífico. Al respecto todos sabemos de su enorme repercusión en 2018. Por lo tanto es imposible ignorar a esos millones de ciudadanos descontentos con el sistema político que nos rige, lo que es exponencial en el resto del país y muy al margen de que se les reconozca o no a los mexiquenses el triunfo que reclaman. Tal es la experiencia más significativa de las elecciones del domingo anterior.

Por eso la palabra “incluyente”, si al final de cuentas gobierna el Estado de México Alfredo del Mazo, tendrá que ser realidad y desprenderse del discurso de la retórica ocasional. Incluir es poner a alguien dentro de un conjunto o dentro de sus límites. ¿Pero cómo? ¿Llamará del Mazo a gente de la oposición a gobernar? ¿Adoptará los programas de la oposición? ¿Y éstos aceptarán o en qué condiciones? Es todo un reto aparte de que hasta dónde piensa llegar Morena con su impugnación. Lo primero que salta a la vista habida cuenta del problema es que la ley electoral debería ser reformada en la especie, que previera situaciones de este tipo que equilibraran la balanza del poder satisfaciendo las inquietudes políticas de los gobernados. Porque junto al reto anterior tenemos el de un descontento general creciente que mina las bases de la democracia y va haciendo imposible el ejercicio de un poder efectivo. Añádase la violencia generalizada y el crimen creciente e incontrolable en sus índices más escandalosos. Se me ocurre una utopía, una fantasía, lo reconozco.

Que Del Mazo y López Obrador se sentaran a la mesa del diálogo y de los acuerdos y que se preguntaran cómo van a gobernar. ¿En conjunto? ¿No es eso, acaso, incluir? Sería algo imposible, absurdo, contradictorio, aunque pone de relieve lo complejo de la situación. La palabra incluir queda, en consecuencia, en el vacío. Por otra parte a López Obrador se lo acusa de empecinado, obstinado, terco, tenaz. No obstante contar los votos de la elección, uno por uno, y analizar con lupa las anulaciones es un camino que puede dar luz en la obscuridad.

Porque la gran falla es que no son confiables los mecanismos con que se maneja nuestro sistema electoral. Y algo sería, de algo serviría, ese conteo para satisfacer dudas y preguntas. En caso contrario 2018 pinta como un maremágnum, como una muchedumbre confusa en que se ahogará la democracia con todas sus consecuencias impredecibles. ¿O acaso predecibles?

@RaulCarranca

www.facebook.com/despacho.raulcarranca

Con una ventaja de votos que no es ni mucho menos relevante, el candidato del PRI al gobierno del Estado de México ganó en las elecciones del último domingo. Sin embargo, el partido que obtuvo el segundo lugar, Morena, cuestiona la votación y pide que se cuente voto por voto alegando anulaciones dudosas. Se habla de que el priista obtuvo entre 32.75 y 33.59% de votos contra 30.73 o 31.53% para la candidata de Morena. Esto pone de relieve, a mi juicio, dos tipos de democracia, la cuantitativa y la cualitativa, es decir, en la que se vence aunque sea por un solo voto y en la que, en cambio, el criterio para calificar y decidir corresponde a la calidad del voto, a su peso específico, al especial valor o influencia que se le reconoce en un entorno determinado.

El dilema está aquí entre la cantidad y la calidad; asunto que por cierto ocupa un lugar importante en la ciencia política. Como se ve, números más, números menos, la votación estuvo proporcionalmente dividida, o sea, que hay millones de ciudadanos mexiquenses que no estuvieron de acuerdo con la propuesta política del PRI.

Ahora bien, en mi artículo de la semana pasada sostuve que esas elecciones fueron -y en algún sentido lo siguen siendo- una oportunidad, tal vez la última, para el cambio pacífico. Al respecto todos sabemos de su enorme repercusión en 2018. Por lo tanto es imposible ignorar a esos millones de ciudadanos descontentos con el sistema político que nos rige, lo que es exponencial en el resto del país y muy al margen de que se les reconozca o no a los mexiquenses el triunfo que reclaman. Tal es la experiencia más significativa de las elecciones del domingo anterior.

Por eso la palabra “incluyente”, si al final de cuentas gobierna el Estado de México Alfredo del Mazo, tendrá que ser realidad y desprenderse del discurso de la retórica ocasional. Incluir es poner a alguien dentro de un conjunto o dentro de sus límites. ¿Pero cómo? ¿Llamará del Mazo a gente de la oposición a gobernar? ¿Adoptará los programas de la oposición? ¿Y éstos aceptarán o en qué condiciones? Es todo un reto aparte de que hasta dónde piensa llegar Morena con su impugnación. Lo primero que salta a la vista habida cuenta del problema es que la ley electoral debería ser reformada en la especie, que previera situaciones de este tipo que equilibraran la balanza del poder satisfaciendo las inquietudes políticas de los gobernados. Porque junto al reto anterior tenemos el de un descontento general creciente que mina las bases de la democracia y va haciendo imposible el ejercicio de un poder efectivo. Añádase la violencia generalizada y el crimen creciente e incontrolable en sus índices más escandalosos. Se me ocurre una utopía, una fantasía, lo reconozco.

Que Del Mazo y López Obrador se sentaran a la mesa del diálogo y de los acuerdos y que se preguntaran cómo van a gobernar. ¿En conjunto? ¿No es eso, acaso, incluir? Sería algo imposible, absurdo, contradictorio, aunque pone de relieve lo complejo de la situación. La palabra incluir queda, en consecuencia, en el vacío. Por otra parte a López Obrador se lo acusa de empecinado, obstinado, terco, tenaz. No obstante contar los votos de la elección, uno por uno, y analizar con lupa las anulaciones es un camino que puede dar luz en la obscuridad.

Porque la gran falla es que no son confiables los mecanismos con que se maneja nuestro sistema electoral. Y algo sería, de algo serviría, ese conteo para satisfacer dudas y preguntas. En caso contrario 2018 pinta como un maremágnum, como una muchedumbre confusa en que se ahogará la democracia con todas sus consecuencias impredecibles. ¿O acaso predecibles?

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