/ martes 5 de enero de 2016

La economía mexicana en 2016 / En cantera y Plata / Claudia S. Corichi

Iniciamos el año con grandes expectativas, sin embargo, más allá de esa tensa calma de la “estabilidad” macroeconómica en el país los últimos años, las condiciones internacionales dibujan nuevos escenarios en los que no solo se prevé un efímero crecimiento, sino severas afectaciones al bolsillo de las y los mexicanos.

Las razones de ese agravamiento que se hará tangible en 2016, van desde la constante reducción de los precios del petróleo, la volatilidad de las divisas –y el súper dólar-, el proteccionismo de Estados Unidos –y su entrada en un año electoral con poco margen de maniobra-, así como la depreciación del tipo de cambio, entre otros.

En el terreno internacional, Christine Lagarde, presidenta del FMI, no solo ha señalado lo decepcionante y desigual del crecimiento para 2016, sino que además ha señalado que la desaceleración China se prevé sea uno de los principales factores que inhiban los mercados, hecho visible con la caída de su bolsa el día de ayer, que tuvo como consecuencia una de las peores caídas en años para las principales casas de valores en todo el mundo.

Otro gran aspecto a destacar será el aumento en la tasa de interés de Estados Unidos, que no solo refleja su crecimiento, sino que abre la posibilidad de que la Reserva Federal de ese país inicie un ciclo de aumentos de tasas que propicie salidas contagiosas de capitales y genere mayor volatilidad en los mercados globales.

En México, la lectura es compleja; mientras la cuesta de enero de 2016 se presenta más grave que otros años para muchas familias mexicanas, el fantasma de la reducción de los precios de las gasolinas se presenta solo como “pantalla” ante la responsabilidad del Ejecutivo de mejorar tangiblemente la calidad de vida de las personas. El hecho es que los pocos centavos que se han ganado no son significativos, toda vez que en 2006 el precio por litro rondaba los siete pesos, y que entramos a una era de fluctuaciones que no aseguran que terminemos el año con aumentos significativos.

Entre los problemas más graves para México en 2016 están la volatilidad del tipo de cambio y su efecto en las reservas internacionales, que totalizó pérdidas superiores a los 178 mil millones de dólares, siendo éste el nivel más bajo de los activos internacionales en casi dos años, debido a las subastas de dólares de Banxico; y sin duda alguna, la baja de los precios del petróleo, que se encuentra casi 50 por ciento por debajo de lo que estuvo en julio de 2014, el impacto será brutal y de grandes dimensiones, ya que el petróleo representa 24 por ciento de los ingresos totales del sector público y seis por ciento del PIB; es decir, aunque la dependencia petrolera disminuyó en general, su efecto en las finanzas públicas es en extremo considerable.

En el marco de esta serie de eventos desafortunados, no debemos olvidar que la inseguridad y la corrupción continúan siendo factores que inhiben la recepción de capitales y, por ende, la generación real de empleos; esto es en extremo importante dado el contexto de que la Reforma Energética atraerá menos inversión extranjera de lo inicialmente previsto, lo que pone, al final de cuentas, en riesgo no solo una mermada imagen de México en el exterior, sino la capacidad del Ejecutivo federal de generar gobernanza en el país.

Este año será aún más complejo si consideramos que en plena época de vacas flacas, tendremos comicios en más de 14 entidades, dónde no solo están en juego 12 gubernaturas y sus congresos, sino 965 ayuntamientos, lo que incrementa la presión sobre el gasto y, como sabemos, el uso faccioso de algunos recursos correspondientes a programas sociales.

El panorama sin duda es gris con tintes a negro; no solo es una perenne calma lo que hemos vivido en estos últimos años, sino la precarización de la calidad de vida, que ha sumado a más de dos millones más hacia la pobreza. Peña Nieto no solo enfrenta un 2016 lleno de retos, sino que difícilmente podrá hacer algo para rescatar la economía de México en plena desaprobación de su mandato. Mientras tanto, el reto para millones de mexicanos y mexicanas será sobrevivir a estas penurias en épocas aún más difíciles. Son urgentes cambios de fondo; si lo que queremos es comenzar el próximo año con mejores esperanzas, pues este no pinta nada bien.

Iniciamos el año con grandes expectativas, sin embargo, más allá de esa tensa calma de la “estabilidad” macroeconómica en el país los últimos años, las condiciones internacionales dibujan nuevos escenarios en los que no solo se prevé un efímero crecimiento, sino severas afectaciones al bolsillo de las y los mexicanos.

Las razones de ese agravamiento que se hará tangible en 2016, van desde la constante reducción de los precios del petróleo, la volatilidad de las divisas –y el súper dólar-, el proteccionismo de Estados Unidos –y su entrada en un año electoral con poco margen de maniobra-, así como la depreciación del tipo de cambio, entre otros.

En el terreno internacional, Christine Lagarde, presidenta del FMI, no solo ha señalado lo decepcionante y desigual del crecimiento para 2016, sino que además ha señalado que la desaceleración China se prevé sea uno de los principales factores que inhiban los mercados, hecho visible con la caída de su bolsa el día de ayer, que tuvo como consecuencia una de las peores caídas en años para las principales casas de valores en todo el mundo.

Otro gran aspecto a destacar será el aumento en la tasa de interés de Estados Unidos, que no solo refleja su crecimiento, sino que abre la posibilidad de que la Reserva Federal de ese país inicie un ciclo de aumentos de tasas que propicie salidas contagiosas de capitales y genere mayor volatilidad en los mercados globales.

En México, la lectura es compleja; mientras la cuesta de enero de 2016 se presenta más grave que otros años para muchas familias mexicanas, el fantasma de la reducción de los precios de las gasolinas se presenta solo como “pantalla” ante la responsabilidad del Ejecutivo de mejorar tangiblemente la calidad de vida de las personas. El hecho es que los pocos centavos que se han ganado no son significativos, toda vez que en 2006 el precio por litro rondaba los siete pesos, y que entramos a una era de fluctuaciones que no aseguran que terminemos el año con aumentos significativos.

Entre los problemas más graves para México en 2016 están la volatilidad del tipo de cambio y su efecto en las reservas internacionales, que totalizó pérdidas superiores a los 178 mil millones de dólares, siendo éste el nivel más bajo de los activos internacionales en casi dos años, debido a las subastas de dólares de Banxico; y sin duda alguna, la baja de los precios del petróleo, que se encuentra casi 50 por ciento por debajo de lo que estuvo en julio de 2014, el impacto será brutal y de grandes dimensiones, ya que el petróleo representa 24 por ciento de los ingresos totales del sector público y seis por ciento del PIB; es decir, aunque la dependencia petrolera disminuyó en general, su efecto en las finanzas públicas es en extremo considerable.

En el marco de esta serie de eventos desafortunados, no debemos olvidar que la inseguridad y la corrupción continúan siendo factores que inhiben la recepción de capitales y, por ende, la generación real de empleos; esto es en extremo importante dado el contexto de que la Reforma Energética atraerá menos inversión extranjera de lo inicialmente previsto, lo que pone, al final de cuentas, en riesgo no solo una mermada imagen de México en el exterior, sino la capacidad del Ejecutivo federal de generar gobernanza en el país.

Este año será aún más complejo si consideramos que en plena época de vacas flacas, tendremos comicios en más de 14 entidades, dónde no solo están en juego 12 gubernaturas y sus congresos, sino 965 ayuntamientos, lo que incrementa la presión sobre el gasto y, como sabemos, el uso faccioso de algunos recursos correspondientes a programas sociales.

El panorama sin duda es gris con tintes a negro; no solo es una perenne calma lo que hemos vivido en estos últimos años, sino la precarización de la calidad de vida, que ha sumado a más de dos millones más hacia la pobreza. Peña Nieto no solo enfrenta un 2016 lleno de retos, sino que difícilmente podrá hacer algo para rescatar la economía de México en plena desaprobación de su mandato. Mientras tanto, el reto para millones de mexicanos y mexicanas será sobrevivir a estas penurias en épocas aún más difíciles. Son urgentes cambios de fondo; si lo que queremos es comenzar el próximo año con mejores esperanzas, pues este no pinta nada bien.

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