/ miércoles 13 de septiembre de 2017

Norcorea: una rara expulsión

El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas acordó imponer nuevas sanciones a la República Popular Democrática de Corea, ante las pruebas nucleares que ese país ha llevado a cabo en los últimos días. En su reunión de Ginebra, la totalidad de sus miembros aprobaron la aplicación de esas sanciones, incluido el voto de Rusia y China, que habían mantenido su apoyo al régimen norcoreano en su enfrentamiento con Corea del Sur, agudizado en las últimas semanas por la postura amenazante del gobierno de Donald Trump.

En la situación creada por esa pugna entre las grandes potencias  nucleares se ha puesto en riesgo no sólo la paz en el Lejano Oriente, sino el equilibrio que podría llegar a una conflagración con armas letales de consecuencias incalculables para el mundo entero. Sería insensato adoptar una postura consecuente con las pruebas nucleares de Corea del Norte y cerrar los ojos ante la crisis internacional ocasionada por la pugna entre ese país y el gobierno de Donald Trump, cuyas amenazas de incendiar esa zona del mundo enconan el enfrentamiento, que de verbal puede pasar a los hechos.

México promovió en 1967, con el Tratado de Tlatelolco, la declaración de desnuclearización de toda América Latina. Es un ejemplo de acción concreta a favor de la paz, que corresponde a los mejores principios de nuestra política exterior de rechazo al uso de la fuerza y de afirmación del diálogo para la solución de todo conflicto. La consumación del Tratado de Tlatelolco fue reconocida internacionalmente y su principal impulsor, Alfonso García Robles, se hizo merecedor, años después, al Premio Nobel de la Paz.

El gobierno de México anunció la decisión de declarar al hasta entonces embajador de Corea del Norte persona non grata y en consecuencia ordenar su inmediata salida del país. La determinación de expulsar al jefe de la misión de Norcorea, inexplicablemente no va acompañada del rompimiento de relaciones diplomáticas con ese país. Consecuente con la reprobación de las pruebas nucleares de Norcorea, la medida tiene aspectos discutibles desde el punto de vista de los usos diplomáticos y de la práctica que de ello se ha hecho en nuestra relación con el exterior. La declaración de persona non grata es una respuesta a hechos concretos en contra del país -espionaje, injerencia en asuntos internos, insultos -por parte de funcionarios de una legación extranjera. La expulsión de un diplomático es personal, aunque en el fondo se refiere a la relación con el país que representa.

Antes de abandonar el país, el embajador Kim Jong-un manifestó su extrañeza y su disgusto por su expulsión. El pleito es con los Estados Unidos, no con México, dijo. La expulsión del diplomático norcoreano podría interpretarse como un hecho enfocado a respaldar la postura del gobierno de Donald Trump, más allá de las acciones y manifestaciones que el gobierno de México ha expresado y debe sostener en los organismos internacionales frente a un problema que no es bilateral sino de dimensiones y consecuencias internacionales en una comunidad de la que México forma parte. El embajador Kim Jong-un no insultó a México ni llevó a cabo acto alguno en su agravio. Representó a un país inmerso en un conflicto multilateral cuyos aspectos y consecuencias deben ser analizados en las instancias internacionales. Es en ese amplio ámbito internacional, el de la ONU y sus órganos para la preservación de la paz, donde México debe expresar con toda energía su postura en un conflicto de la magnitud del creado tanto por Corea del Norte como por Estados Unidos. Pero no es con medidas ajenas a los usos diplomáticos o con la provocación de enfrentamientos bilaterales como podrá contribuirse al mantenimiento de la paz y la seguridad amenazadas en estos momentos.

Srio28@prodigy.net.mx

El Consejo de Seguridad de la Organización de las Naciones Unidas acordó imponer nuevas sanciones a la República Popular Democrática de Corea, ante las pruebas nucleares que ese país ha llevado a cabo en los últimos días. En su reunión de Ginebra, la totalidad de sus miembros aprobaron la aplicación de esas sanciones, incluido el voto de Rusia y China, que habían mantenido su apoyo al régimen norcoreano en su enfrentamiento con Corea del Sur, agudizado en las últimas semanas por la postura amenazante del gobierno de Donald Trump.

En la situación creada por esa pugna entre las grandes potencias  nucleares se ha puesto en riesgo no sólo la paz en el Lejano Oriente, sino el equilibrio que podría llegar a una conflagración con armas letales de consecuencias incalculables para el mundo entero. Sería insensato adoptar una postura consecuente con las pruebas nucleares de Corea del Norte y cerrar los ojos ante la crisis internacional ocasionada por la pugna entre ese país y el gobierno de Donald Trump, cuyas amenazas de incendiar esa zona del mundo enconan el enfrentamiento, que de verbal puede pasar a los hechos.

México promovió en 1967, con el Tratado de Tlatelolco, la declaración de desnuclearización de toda América Latina. Es un ejemplo de acción concreta a favor de la paz, que corresponde a los mejores principios de nuestra política exterior de rechazo al uso de la fuerza y de afirmación del diálogo para la solución de todo conflicto. La consumación del Tratado de Tlatelolco fue reconocida internacionalmente y su principal impulsor, Alfonso García Robles, se hizo merecedor, años después, al Premio Nobel de la Paz.

El gobierno de México anunció la decisión de declarar al hasta entonces embajador de Corea del Norte persona non grata y en consecuencia ordenar su inmediata salida del país. La determinación de expulsar al jefe de la misión de Norcorea, inexplicablemente no va acompañada del rompimiento de relaciones diplomáticas con ese país. Consecuente con la reprobación de las pruebas nucleares de Norcorea, la medida tiene aspectos discutibles desde el punto de vista de los usos diplomáticos y de la práctica que de ello se ha hecho en nuestra relación con el exterior. La declaración de persona non grata es una respuesta a hechos concretos en contra del país -espionaje, injerencia en asuntos internos, insultos -por parte de funcionarios de una legación extranjera. La expulsión de un diplomático es personal, aunque en el fondo se refiere a la relación con el país que representa.

Antes de abandonar el país, el embajador Kim Jong-un manifestó su extrañeza y su disgusto por su expulsión. El pleito es con los Estados Unidos, no con México, dijo. La expulsión del diplomático norcoreano podría interpretarse como un hecho enfocado a respaldar la postura del gobierno de Donald Trump, más allá de las acciones y manifestaciones que el gobierno de México ha expresado y debe sostener en los organismos internacionales frente a un problema que no es bilateral sino de dimensiones y consecuencias internacionales en una comunidad de la que México forma parte. El embajador Kim Jong-un no insultó a México ni llevó a cabo acto alguno en su agravio. Representó a un país inmerso en un conflicto multilateral cuyos aspectos y consecuencias deben ser analizados en las instancias internacionales. Es en ese amplio ámbito internacional, el de la ONU y sus órganos para la preservación de la paz, donde México debe expresar con toda energía su postura en un conflicto de la magnitud del creado tanto por Corea del Norte como por Estados Unidos. Pero no es con medidas ajenas a los usos diplomáticos o con la provocación de enfrentamientos bilaterales como podrá contribuirse al mantenimiento de la paz y la seguridad amenazadas en estos momentos.

Srio28@prodigy.net.mx

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