/ sábado 3 de octubre de 2015

Olimpiónicos / Héctor Reyes

La película Everest, inspirada en la tragedia de 1996 ha tenido varios comentarios positivos por el realismo de las escenas y la trama se concentra en las expediciones comerciales de los guías profesionales Rob Hall y Scott Fisher. Fallecieron 15 montañistas - ocho el 10 de mayo -, entre 40 personas que estaban en el Collado Sur de los 10 equipos que tenían el permiso del Gobierno nepalí.

Dos mexicanos escalaron el “Techo del mundo” esa temporada: Hugo Rodríguez Barroso, único sobreviviente a más de ocho mil metros, sin oxígeno y en vivac, así como Andrés Delgado, el alpinista que falleció junto con Alfonso de la Parra en el monte Changabang, ubicado en la India, en el año 2006.

Hugo Barroso, un deportista con diversas facetas, antes de cumplir el sueño de escalar el Everest cruzó el Canal de la Mancha. El considera que fue la adaptación a las bajas temperaturas con los entrenamientos en la laguna del Nevado de Toluca y el propio cruce de Inglaterra a Francia, son los factores que le permitieron preservar la vida.

En el año 1997, Hugo publicó el libro “Everest, La Voluntad de Vivir” (editorial Planeta) donde narra su singular experiencia de la trágica temporada en el emblemático monte del Himalaya. El comentario de la editorial señala que no era montañista de carrera, menos de los que dicen escalador puro. Del Aconcagua, como única experiencia logró formar parte de una expedición comercial en el Everest con una aportación de 34 mil dólares.

Hugo Rodríguez, no sabía cuál sería el resultado y si valía la pena arriesgar la vida. Decidió atacar la cumbe sin oxígeno, a pesar de la negativa del líder de la expedición y llegó a la cumbre el 23 de mayo. Luego pasó una noche a ocho mil 550 metros, sin bolsa de dormir, ni tienda, ni oxígeno y amaneció vivo. Y empezó su largo descenso al campamento cuatro, en donde ya lo habían dado por muerto.

Y concluye que el libro es un relato de supervivencia que tuvo un entrenamiento específico y mucha suerte de regresar, porque a esas alturas la sangre se espesa y el alpinista jamás vuelve a despertar. En el caso de las expediciones de la película, la escaladora española Araceli Segarra, consideró que fue una combinación de malas decisiones y mala suerte. Ella todavía los vio con vida y ayudó a otros expedicionarios que salvaron la vida. Comentarios:

olimpionico6@hotmail.com

Twitter: @olimpionico10

La película Everest, inspirada en la tragedia de 1996 ha tenido varios comentarios positivos por el realismo de las escenas y la trama se concentra en las expediciones comerciales de los guías profesionales Rob Hall y Scott Fisher. Fallecieron 15 montañistas - ocho el 10 de mayo -, entre 40 personas que estaban en el Collado Sur de los 10 equipos que tenían el permiso del Gobierno nepalí.

Dos mexicanos escalaron el “Techo del mundo” esa temporada: Hugo Rodríguez Barroso, único sobreviviente a más de ocho mil metros, sin oxígeno y en vivac, así como Andrés Delgado, el alpinista que falleció junto con Alfonso de la Parra en el monte Changabang, ubicado en la India, en el año 2006.

Hugo Barroso, un deportista con diversas facetas, antes de cumplir el sueño de escalar el Everest cruzó el Canal de la Mancha. El considera que fue la adaptación a las bajas temperaturas con los entrenamientos en la laguna del Nevado de Toluca y el propio cruce de Inglaterra a Francia, son los factores que le permitieron preservar la vida.

En el año 1997, Hugo publicó el libro “Everest, La Voluntad de Vivir” (editorial Planeta) donde narra su singular experiencia de la trágica temporada en el emblemático monte del Himalaya. El comentario de la editorial señala que no era montañista de carrera, menos de los que dicen escalador puro. Del Aconcagua, como única experiencia logró formar parte de una expedición comercial en el Everest con una aportación de 34 mil dólares.

Hugo Rodríguez, no sabía cuál sería el resultado y si valía la pena arriesgar la vida. Decidió atacar la cumbe sin oxígeno, a pesar de la negativa del líder de la expedición y llegó a la cumbre el 23 de mayo. Luego pasó una noche a ocho mil 550 metros, sin bolsa de dormir, ni tienda, ni oxígeno y amaneció vivo. Y empezó su largo descenso al campamento cuatro, en donde ya lo habían dado por muerto.

Y concluye que el libro es un relato de supervivencia que tuvo un entrenamiento específico y mucha suerte de regresar, porque a esas alturas la sangre se espesa y el alpinista jamás vuelve a despertar. En el caso de las expediciones de la película, la escaladora española Araceli Segarra, consideró que fue una combinación de malas decisiones y mala suerte. Ella todavía los vio con vida y ayudó a otros expedicionarios que salvaron la vida. Comentarios:

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