/ domingo 21 de agosto de 2016

Punto de rocío: cuando se satura el aire | Numerados

1.-El terrorismo humanitario parece rendir frutos solamente al funcionario federal, que se ve más obcecado en propagar incendios que empeñado en hacer prevalecer el respeto y la temperancia entre una sociedad cada vez más agraviada, vulnerable y asustada. Al rendir su informe relativo al enfrentamiento entre delincuentes de alta peligrosidad y aplastantemente armados, y fuerzas del orden en una localidad de Michoacán en mayo de 2015, el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se arrogó el papel de árbitro divino y arremetió contra la Policía Federal en unos términos de descrédito, menosprecio y humillación que dicen muy poco de la seriedad y sensatez que obliga a una persona de su talante.

2.- En conferencia convocada para exponer las líneas de su informe de 31 tomos y 11 mil 300 fojas, el doctor González Pérez no incluyó presunción, supuesto o sospecha alguna hacia los policías federales –como se acostumbra en esta época de tanta cortesía hacia los infractores de la ley-: emitió sentencia inapelable. Sigilosamente los agentes entraron a despertar a los inocentes; asesinaron arbitrariamente a 22 que solo tenían para su pobre defensa lanzacohetes y metralletas de guerra. Actuaron con abuso de la fuerza, dijo, porque en la batalla ejecutaron a 42 y únicamente murió un Policía Federal (no dijo cuántas bajas de policías harían el empate).

3.- Si es narcotráfico o sedición, el trato a la fuerza pública es el mismo; primero se acusa y condena a los policías, soldados o marinos, se les pone en entredicho y se les sentencia al escarnio público, y luego se averigua si entre los inocentes victimados arbitrariamente había pandillas de sicarios perfectamente organizados y capacitados para provocar en su chantaje a las Fuerzas Armadas con el único objeto de presionar al Gobierno para desestabilizar al Estado por la vía de la subversión, en un esquema de coerción y adoctrinamiento que aquí ya se ha abordado.

4.- No ha faltado el protagonismo del Defensor del Pueblo (así se le llama en varios países) a la hora de tutelar y promover los derechos humanos de los transgresores de la ley; recordar cuando a los señores de la CNTE se les coarta su derecho al libre tránsito, la muy rara vez que se les impide cerrar todo el Paseo de la Reforma, o las ocasiones en que se pitorrean del resto de la población clausurando Estados de la República, sus líderes encarcelados contra su voluntad y luego puestos en la calle para no conculcar sus derechos humanos y franquearles el paso a perturbar la vida y la tranquilidad de los demás. Y resulta que el ombudsman y los disidentes de la CNTE y sus intocables líderes tienen un patrón común: todos cobran del erario.

5.- Y el Defensor del Pueblo hace uso excesivo de su poder en contra de las fuerzas del orden porque, si actuara con equidad, ya habría denunciado ante la PGR e inculpado con la misma furia que a los policías, a los miles de servidores públicos que tienen paralizados Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Salvo que él distinga alguna diferencia, policías, soldados, marinos y maestros son empleados del Estado igual que él, y los antisociales que chantajean al Gobierno y cercenan los derechos humanos del resto de nosotros no le merecen siquiera un comentario. Será que tiene distintas clasificaciones para la impartición de sus condenas.

6.- Recomiéndese, entre sus 31 tomos de informe, y en sus acalorados desplantes al doctor González obsequiar alguna idea, si es que la tiene, de la unidad nacional, la salvaguarda del orden público, así como sobre el bien y la prosperidad de la unión que protestó guardar y hacer guardar. camilo@kawage.com

1.-El terrorismo humanitario parece rendir frutos solamente al funcionario federal, que se ve más obcecado en propagar incendios que empeñado en hacer prevalecer el respeto y la temperancia entre una sociedad cada vez más agraviada, vulnerable y asustada. Al rendir su informe relativo al enfrentamiento entre delincuentes de alta peligrosidad y aplastantemente armados, y fuerzas del orden en una localidad de Michoacán en mayo de 2015, el presidente de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos se arrogó el papel de árbitro divino y arremetió contra la Policía Federal en unos términos de descrédito, menosprecio y humillación que dicen muy poco de la seriedad y sensatez que obliga a una persona de su talante.

2.- En conferencia convocada para exponer las líneas de su informe de 31 tomos y 11 mil 300 fojas, el doctor González Pérez no incluyó presunción, supuesto o sospecha alguna hacia los policías federales –como se acostumbra en esta época de tanta cortesía hacia los infractores de la ley-: emitió sentencia inapelable. Sigilosamente los agentes entraron a despertar a los inocentes; asesinaron arbitrariamente a 22 que solo tenían para su pobre defensa lanzacohetes y metralletas de guerra. Actuaron con abuso de la fuerza, dijo, porque en la batalla ejecutaron a 42 y únicamente murió un Policía Federal (no dijo cuántas bajas de policías harían el empate).

3.- Si es narcotráfico o sedición, el trato a la fuerza pública es el mismo; primero se acusa y condena a los policías, soldados o marinos, se les pone en entredicho y se les sentencia al escarnio público, y luego se averigua si entre los inocentes victimados arbitrariamente había pandillas de sicarios perfectamente organizados y capacitados para provocar en su chantaje a las Fuerzas Armadas con el único objeto de presionar al Gobierno para desestabilizar al Estado por la vía de la subversión, en un esquema de coerción y adoctrinamiento que aquí ya se ha abordado.

4.- No ha faltado el protagonismo del Defensor del Pueblo (así se le llama en varios países) a la hora de tutelar y promover los derechos humanos de los transgresores de la ley; recordar cuando a los señores de la CNTE se les coarta su derecho al libre tránsito, la muy rara vez que se les impide cerrar todo el Paseo de la Reforma, o las ocasiones en que se pitorrean del resto de la población clausurando Estados de la República, sus líderes encarcelados contra su voluntad y luego puestos en la calle para no conculcar sus derechos humanos y franquearles el paso a perturbar la vida y la tranquilidad de los demás. Y resulta que el ombudsman y los disidentes de la CNTE y sus intocables líderes tienen un patrón común: todos cobran del erario.

5.- Y el Defensor del Pueblo hace uso excesivo de su poder en contra de las fuerzas del orden porque, si actuara con equidad, ya habría denunciado ante la PGR e inculpado con la misma furia que a los policías, a los miles de servidores públicos que tienen paralizados Oaxaca, Chiapas y Guerrero. Salvo que él distinga alguna diferencia, policías, soldados, marinos y maestros son empleados del Estado igual que él, y los antisociales que chantajean al Gobierno y cercenan los derechos humanos del resto de nosotros no le merecen siquiera un comentario. Será que tiene distintas clasificaciones para la impartición de sus condenas.

6.- Recomiéndese, entre sus 31 tomos de informe, y en sus acalorados desplantes al doctor González obsequiar alguna idea, si es que la tiene, de la unidad nacional, la salvaguarda del orden público, así como sobre el bien y la prosperidad de la unión que protestó guardar y hacer guardar. camilo@kawage.com

domingo 17 de septiembre de 2017

Sine Mutatis Mutandis

sábado 09 de septiembre de 2017

El perfil norcoreano a seguir

sábado 02 de septiembre de 2017

Arranca Congreso en crisis por Anaya

sábado 26 de agosto de 2017

Vértigo sobre el tabique

sábado 19 de agosto de 2017

De grandeza e ignominia

sábado 12 de agosto de 2017

Decisión serena y ponderada

sábado 05 de agosto de 2017

...Vamos por jerarquías

sábado 29 de julio de 2017

Estas barbas a remojar

sábado 22 de julio de 2017

Misión: imposible

sábado 15 de julio de 2017

Paseillo en la Plaza de la Concordia

Cargar Más