/ viernes 18 de noviembre de 2016

Qué hacer

Luderesuo corio.*

  • Mireille Roccatti

En los últimos días en México, tras el triunfo electoral de Trump, hemos pasado del estupor al temor y desde luego por el tamiz festivo de la gracejada tan propio del mexicano en situaciones difíciles. Al correr de los días, la cordura, la serenidad parecen haber regresado, por lo menos en el Gobierno, la academia e incluso en los ciudadanos.

La inicial respuesta de “aquí no pasa nada”; con los demócratas nos ha ido peor y sobre todo la teñida de nacionalismo ramplón de que somos independientes y soberanos y le rajamos la cara al que sea, ha sido desechada.

A partir de una realidad tangible de que si pasó algo trascendental que nos obligará a replantear la agenda de la relación bilateral y que las propuestas de campaña habrán de buscar concretarse, comienzan a formularse y plantearse cuál debe ser la actitud del gobierno y del pueblo frente a esta embestida primitivista de nuestro vecino del norte.

El tema racista no debe minimizarse, el tono y contenido de la prédica racista, xenofóbica y cuasi nazista de quienes arriban al poder en Estados Unidos es una cuestión seria. En una contribución anterior en estas páginas del Sol, afirme y reitero, que mutatis mutandis,en este escenario,los mexicanos somos el equivalente de los judíos perseguidos por Hitler.

En ese convencimiento, estimo que nuestra estrategia debe ser establecer la primera línea de combate, la primera trinchera de defensa de nuestro pueblo en el propio Estados Unidos. El objetivo principal debe ser salvaguardar a nuestros connacionales, dejar de lado la respuesta “facilona” de que son indocumentados, que están viviendo ilegalmente allá y que ese país está en su derecho de expulsarlos. Quienes así opinan pasan por alto tratados y acuerdos internacionales. Cada caso concreto es diferente y así debe ser abordado. No podemos permitir trenes o caravanas de autobuses repletos de migrantes expulsados, su permanencia en campos de detención temporales violando su dignidad y sus derechos elementales de seres humanos.

Hay que reconocer una primera respuesta positiva de nuestro gobierno, anunciada por la canciller para establecer mecanismos de comunicación, defensa e información sustentado en la red consular y diplomática. La respuesta debe  también completarse con propuestas y acciones diplomáticas en el organismo multilaterales. Tiene que incorporar en este propósito a un  sector muy importante cuantitativo y cualitativo del propio pueblo estadunidense que se opone a estas medidas, a sus organizaciones civiles y de defensa de los derechos humanos.

En el proceso de replanteamiento de la relación bilateral, debe existir firmeza en este tema que es innegociable, como lo es de continuar adelante con su desatino, que México pague por la construcción del muro. Un factor importantísimo será buscar la unidad interna, que no significa unanimidad o abandono de valores y convicciones políticas de los diferentes segmentos y estamentos de nuestra sociedad.

La tiranía de este espacio impide tratar otros temas, como el posicionamiento jurídico y pragmático en torno al tema del TLC y los escenarios que deben estarse preparando. El diseño estratégico de nuestras acciones no puede ser en  base a la integración como recetario de medidas obsoletas, como venir a decir, a estas alturas,  que tenemos que regresar a la sustitución de importaciones.

Es un tema de seguridad nacional y así debe encararse, los efectos y consecuencias de lo que hagamos o dejemos de hacer lo tendrá que cargar e implementar el nuevo Gobierno que elegiremos en 2018. Lo que está en juego, es nuestro futuro como nación. *jugarse el pellejo

Luderesuo corio.*

  • Mireille Roccatti

En los últimos días en México, tras el triunfo electoral de Trump, hemos pasado del estupor al temor y desde luego por el tamiz festivo de la gracejada tan propio del mexicano en situaciones difíciles. Al correr de los días, la cordura, la serenidad parecen haber regresado, por lo menos en el Gobierno, la academia e incluso en los ciudadanos.

La inicial respuesta de “aquí no pasa nada”; con los demócratas nos ha ido peor y sobre todo la teñida de nacionalismo ramplón de que somos independientes y soberanos y le rajamos la cara al que sea, ha sido desechada.

A partir de una realidad tangible de que si pasó algo trascendental que nos obligará a replantear la agenda de la relación bilateral y que las propuestas de campaña habrán de buscar concretarse, comienzan a formularse y plantearse cuál debe ser la actitud del gobierno y del pueblo frente a esta embestida primitivista de nuestro vecino del norte.

El tema racista no debe minimizarse, el tono y contenido de la prédica racista, xenofóbica y cuasi nazista de quienes arriban al poder en Estados Unidos es una cuestión seria. En una contribución anterior en estas páginas del Sol, afirme y reitero, que mutatis mutandis,en este escenario,los mexicanos somos el equivalente de los judíos perseguidos por Hitler.

En ese convencimiento, estimo que nuestra estrategia debe ser establecer la primera línea de combate, la primera trinchera de defensa de nuestro pueblo en el propio Estados Unidos. El objetivo principal debe ser salvaguardar a nuestros connacionales, dejar de lado la respuesta “facilona” de que son indocumentados, que están viviendo ilegalmente allá y que ese país está en su derecho de expulsarlos. Quienes así opinan pasan por alto tratados y acuerdos internacionales. Cada caso concreto es diferente y así debe ser abordado. No podemos permitir trenes o caravanas de autobuses repletos de migrantes expulsados, su permanencia en campos de detención temporales violando su dignidad y sus derechos elementales de seres humanos.

Hay que reconocer una primera respuesta positiva de nuestro gobierno, anunciada por la canciller para establecer mecanismos de comunicación, defensa e información sustentado en la red consular y diplomática. La respuesta debe  también completarse con propuestas y acciones diplomáticas en el organismo multilaterales. Tiene que incorporar en este propósito a un  sector muy importante cuantitativo y cualitativo del propio pueblo estadunidense que se opone a estas medidas, a sus organizaciones civiles y de defensa de los derechos humanos.

En el proceso de replanteamiento de la relación bilateral, debe existir firmeza en este tema que es innegociable, como lo es de continuar adelante con su desatino, que México pague por la construcción del muro. Un factor importantísimo será buscar la unidad interna, que no significa unanimidad o abandono de valores y convicciones políticas de los diferentes segmentos y estamentos de nuestra sociedad.

La tiranía de este espacio impide tratar otros temas, como el posicionamiento jurídico y pragmático en torno al tema del TLC y los escenarios que deben estarse preparando. El diseño estratégico de nuestras acciones no puede ser en  base a la integración como recetario de medidas obsoletas, como venir a decir, a estas alturas,  que tenemos que regresar a la sustitución de importaciones.

Es un tema de seguridad nacional y así debe encararse, los efectos y consecuencias de lo que hagamos o dejemos de hacer lo tendrá que cargar e implementar el nuevo Gobierno que elegiremos en 2018. Lo que está en juego, es nuestro futuro como nación. *jugarse el pellejo

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