/ miércoles 13 de septiembre de 2017

Sismos, la capacidad de aprender

Si algo habíamos temido en México desde la devastación y muerte provocada por el terremoto de 8.1 grados Richter, del 19 de septiembre de 1985, era volver a experimentar un movimiento telúrico de tal intensidad o incluso mayor.

Finalmente, el momento llegó, México volvió a vivir un movimiento telúrico de más de ocho grados en la escala de Richter. El pasado jueves 7 de septiembre, casi a la media noche, un sismo con epicentro cercano a Tonalá, Chiapas, llegó a los 8.2 grados Richter, con una larga duración que añadía al susto, la incertidumbre de ver que el movimiento no terminaba.

Lamentablemente, en los estados de Chiapas, Oaxaca y Tabasco, la situación no fue similar, registrándose más de 60 muertos, de los cuales la mayoría eran del municipio de Juchitán, Oaxaca, ubicado en la zona del Istmo de Tehuantepec, donde más del 70 por ciento de las casas quedaron inhabitables, entre otras cosas por estar construidas sin cimientos y con materiales de calidad escasa, lo que implicará un intenso trabajo por la reconstrucción, además de una revisión exhaustiva de las políticas para otorgar permisos de construcción, a fin de que una situación así no se vuelva a dar, ni en Oaxaca, ni en otras entidades del país expuestas al riesgo de un movimiento telúrico.

Es de destacar que a raíz del sismo de 1985, nuestro país y más concretamente nuestra ciudad capital ha desarrollado un profundo aprendizaje sobre qué hacer en este tipo de situaciones de emergencia, para lo que con cierta periodicidad se hacen simulacros para evacuar rápidamente todo tipo de construcciones, a fin de reducir al máximo posible las afectaciones humanas, sean por muertes o por heridos.

Actualmente en la Ciudad de México, se ha incrementado el cuidado para la construcción de nuevos edificios, especialmente en lo referente a nuestros rascacielos, cuya ingeniería permite que en pisos más allá de 40 o 50, la sensación no sea de mayor intimidación. Pero queda mucho por trabajar al respecto tanto en la CdMx, principalmente en materia de atención a personas con discapacidad ante sismos, como en lo referente a todos los aspectos involucrados en el resto del país, principalmente en las entidades que mayor riesgo enfrentan.

Recordemos que aún en los países de mayor desarrollo, los sismos llegan a hacer daños catastróficos, como pasó en Fukushima, Japón, donde el 11 de marzo de 2011, un terremoto de 9 grados Richter, devastó esa localidad tanto con el movimiento, como con un tsunami posterior, lo que provocó una crisis mayor por la fuga radioactiva de un reactor local.

Recordemos siempre, la naturaleza no distingue riqueza o desarrollo, veámoslo con los recientes huracanes.

* Senadora por el PRI

yolandadelatorre@senado.gob.mx

FB: YolandaDeLaTorreV

@Yoladelatorre

Si algo habíamos temido en México desde la devastación y muerte provocada por el terremoto de 8.1 grados Richter, del 19 de septiembre de 1985, era volver a experimentar un movimiento telúrico de tal intensidad o incluso mayor.

Finalmente, el momento llegó, México volvió a vivir un movimiento telúrico de más de ocho grados en la escala de Richter. El pasado jueves 7 de septiembre, casi a la media noche, un sismo con epicentro cercano a Tonalá, Chiapas, llegó a los 8.2 grados Richter, con una larga duración que añadía al susto, la incertidumbre de ver que el movimiento no terminaba.

Lamentablemente, en los estados de Chiapas, Oaxaca y Tabasco, la situación no fue similar, registrándose más de 60 muertos, de los cuales la mayoría eran del municipio de Juchitán, Oaxaca, ubicado en la zona del Istmo de Tehuantepec, donde más del 70 por ciento de las casas quedaron inhabitables, entre otras cosas por estar construidas sin cimientos y con materiales de calidad escasa, lo que implicará un intenso trabajo por la reconstrucción, además de una revisión exhaustiva de las políticas para otorgar permisos de construcción, a fin de que una situación así no se vuelva a dar, ni en Oaxaca, ni en otras entidades del país expuestas al riesgo de un movimiento telúrico.

Es de destacar que a raíz del sismo de 1985, nuestro país y más concretamente nuestra ciudad capital ha desarrollado un profundo aprendizaje sobre qué hacer en este tipo de situaciones de emergencia, para lo que con cierta periodicidad se hacen simulacros para evacuar rápidamente todo tipo de construcciones, a fin de reducir al máximo posible las afectaciones humanas, sean por muertes o por heridos.

Actualmente en la Ciudad de México, se ha incrementado el cuidado para la construcción de nuevos edificios, especialmente en lo referente a nuestros rascacielos, cuya ingeniería permite que en pisos más allá de 40 o 50, la sensación no sea de mayor intimidación. Pero queda mucho por trabajar al respecto tanto en la CdMx, principalmente en materia de atención a personas con discapacidad ante sismos, como en lo referente a todos los aspectos involucrados en el resto del país, principalmente en las entidades que mayor riesgo enfrentan.

Recordemos que aún en los países de mayor desarrollo, los sismos llegan a hacer daños catastróficos, como pasó en Fukushima, Japón, donde el 11 de marzo de 2011, un terremoto de 9 grados Richter, devastó esa localidad tanto con el movimiento, como con un tsunami posterior, lo que provocó una crisis mayor por la fuga radioactiva de un reactor local.

Recordemos siempre, la naturaleza no distingue riqueza o desarrollo, veámoslo con los recientes huracanes.

* Senadora por el PRI

yolandadelatorre@senado.gob.mx

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