/ viernes 9 de junio de 2017

Venezuela y su enemigo principal

En una nota de prensa fechada el 7 de junio último generada por varias agencias internacionales se afirma que “las fuerzas de seguridad de Venezuela arrestaron al menos a 14 militares sospechosos de rebelión y traición a principios de abril, en la primera semana de protestas contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro”. Esta información no confirmada surge en medio de acusaciones de líderes de la violenta oposición de derecha sobre una supuesta purga dentro de las fuerzas armadas para aplastar algún brote de rebelión en el seno del ejército.

Pero las ignotas fuentes de la información, la ausencia de datos concretos, el tratamiento del asunto notoriamente vago y la antigua historia de noticias falsas de esas agencias, hacen sospechar que se trata de un eslabón más de la cadena de mentiras, calumnias y actos desestabilizadores ideados por Estados Unidos y la derecha criolla para sembrar dudas sobre la fidelidad al chavismo de las fuerzas armadas venezolanas.

De cualquier modo, el supuesto arresto de esos 14 militares traen a la agenda el nunca abandonado propósito de Washington y de la oligarquía venezolana de dividir al ejército y sumar, al menos a una parte de él, a los afanes golpistas que pudieran poner fin al gobierno de Nicolás Maduro y al proyecto de transformaciones sociales del chavismo.

Esos afanes por acudir al golpismo cobran actualidad cuando poco a poco va perdiendo gas la estrategia de la violencia callejera como medio para derrocar a Maduro. Pero objetivamente no se ven señales de fractura en las fuerzas armadas bolivarianas, sueño dorado de la Casa Blanca y de la plutocracia local. El progresivo debilitamiento de la violencia callejera y el ya muy prolongado fracaso de los aprestos golpistas restan, consecuentemente, posibilidades de una intervención militar estadounidense. Y a estas señales objetivas se suma un dato subjetivo: no se observan signos de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se encuentre muy motivado para emprender una nueva aventura intervencionista.

Debilitada la estrategia de la violencia callejera, fracasados los propósitos y las provocaciones golpistas y sin la visible voluntad de Trump para intervenir militarmente en Venezuela, la derecha criolla se va quedando sin opciones para lograr el derrocamiento del chavismo.

Hay, sin embargo, un recurso al que la derecha se aferra: la guerra mediática. Apoyada por los grandes monopolios informativos internacionales, la oposición al chavismo se esfuerza y en buena medida lo consigue, por presentar a Venezuela como si el país estuviera en la antesala del caos.

Contra este trabajo desinformativo global poco pueden hacer los medios contrahegemónicos. Son mayoría poderosa los medios interesados en ocultar la realidad venezolana, trocándola por mentiras, exageraciones, y tergiversaciones. Este es, ahora, el enemigo principal de la revolución bolivariana. Adversario muy poderoso, una hidra de mil cabezas que, sin embargo, no puede producir los resultados apetecidos sin contar con las fuerzas materiales que hasta ahora se le han escapado: el golpe de estado y la intervención militar extranjera.

No se puede, por supuesto, cantar victoria. Pero un balance objetivo de la situación venezolana, da pie para pensar que Maduro y el chavismo sortearán los difíciles momentos por los que están atravesando. Las bases de este razonado optimismo se encuentran en la idea de resistir y en la voluntad de no rendirse de Nicolás Maduro y de las masas populares que los respaldan y que no lo han dejado solo.

www.economiaypoliticahoy.wordpress.com

mentorferrer@gmail.com

En una nota de prensa fechada el 7 de junio último generada por varias agencias internacionales se afirma que “las fuerzas de seguridad de Venezuela arrestaron al menos a 14 militares sospechosos de rebelión y traición a principios de abril, en la primera semana de protestas contra el gobierno del presidente Nicolás Maduro”. Esta información no confirmada surge en medio de acusaciones de líderes de la violenta oposición de derecha sobre una supuesta purga dentro de las fuerzas armadas para aplastar algún brote de rebelión en el seno del ejército.

Pero las ignotas fuentes de la información, la ausencia de datos concretos, el tratamiento del asunto notoriamente vago y la antigua historia de noticias falsas de esas agencias, hacen sospechar que se trata de un eslabón más de la cadena de mentiras, calumnias y actos desestabilizadores ideados por Estados Unidos y la derecha criolla para sembrar dudas sobre la fidelidad al chavismo de las fuerzas armadas venezolanas.

De cualquier modo, el supuesto arresto de esos 14 militares traen a la agenda el nunca abandonado propósito de Washington y de la oligarquía venezolana de dividir al ejército y sumar, al menos a una parte de él, a los afanes golpistas que pudieran poner fin al gobierno de Nicolás Maduro y al proyecto de transformaciones sociales del chavismo.

Esos afanes por acudir al golpismo cobran actualidad cuando poco a poco va perdiendo gas la estrategia de la violencia callejera como medio para derrocar a Maduro. Pero objetivamente no se ven señales de fractura en las fuerzas armadas bolivarianas, sueño dorado de la Casa Blanca y de la plutocracia local. El progresivo debilitamiento de la violencia callejera y el ya muy prolongado fracaso de los aprestos golpistas restan, consecuentemente, posibilidades de una intervención militar estadounidense. Y a estas señales objetivas se suma un dato subjetivo: no se observan signos de que el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, se encuentre muy motivado para emprender una nueva aventura intervencionista.

Debilitada la estrategia de la violencia callejera, fracasados los propósitos y las provocaciones golpistas y sin la visible voluntad de Trump para intervenir militarmente en Venezuela, la derecha criolla se va quedando sin opciones para lograr el derrocamiento del chavismo.

Hay, sin embargo, un recurso al que la derecha se aferra: la guerra mediática. Apoyada por los grandes monopolios informativos internacionales, la oposición al chavismo se esfuerza y en buena medida lo consigue, por presentar a Venezuela como si el país estuviera en la antesala del caos.

Contra este trabajo desinformativo global poco pueden hacer los medios contrahegemónicos. Son mayoría poderosa los medios interesados en ocultar la realidad venezolana, trocándola por mentiras, exageraciones, y tergiversaciones. Este es, ahora, el enemigo principal de la revolución bolivariana. Adversario muy poderoso, una hidra de mil cabezas que, sin embargo, no puede producir los resultados apetecidos sin contar con las fuerzas materiales que hasta ahora se le han escapado: el golpe de estado y la intervención militar extranjera.

No se puede, por supuesto, cantar victoria. Pero un balance objetivo de la situación venezolana, da pie para pensar que Maduro y el chavismo sortearán los difíciles momentos por los que están atravesando. Las bases de este razonado optimismo se encuentran en la idea de resistir y en la voluntad de no rendirse de Nicolás Maduro y de las masas populares que los respaldan y que no lo han dejado solo.

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