/ jueves 12 de octubre de 2017

“A donde ella vaya yo iré”

Sobre aviso no hay engaño. El expresidente Calderón lo ha dicho muy claro. Irá a donde vaya su esposa. ¿A Los Pinos, si es que ella resulta vencedora en 2018? Por supuesto. La pregunta es, en la hipótesis, si él iría solo como esposo. Imposible, sería pedirle peras al olmo, a Calderón. Él tendría que ir como expresidente, es decir, con su experiencia en el caso, con sus relaciones y con su influencia para aconsejar a su esposa. ¿Al servicio de quién? Evidentemente de ella. No iría como ente abstracto, como figura decorativa, Tendría que participar en privado en la toma de decisiones, dar sus puntos de vista, aportar el valor de sus experiencias.

En consecuencia, insisto, sobre advertencia no hay engaño y quienes votaran por ella estarían votando indirectamente por él, en gran parte por el retorno de su política y de su estilo de gobernar. Reconozco que habría variantes, pero en el fondo sería lo mismo toda proporción guardada. Así que en el panorama incierto de la precampaña de 2018 se descorre un velo, se despeja una incógnita. Desde luego queda por ver cómo se resuelve la crisis del PAN, verdadero cisma según lo llamó Fernández de Cevallos. Y queda también por ver qué fundamento tiene la especie difundida de que la participación de Margarita Zavala es un Plan B del PRI, ya que nada es de sorprender en política.

Ahora bien, la sorpresa es, repito, parte de la política. Según todas las señales se avecina una época de alianzas, aunque lo que sorprende es que aquí se puedan aliar el agua y el aceite buscando el mismo fin. ¿No se sabe acaso que hay diferencias radicales, irreconciliables? ¿Y así se puede ejercer la política? Mal hacen los que le atribuyen a Maquiavelo la frase de que “el fin justifica los medios”. Se ha demostrado que la misma la escribió Napoleón Bonaparte en la última página de su edición de El Príncipe. Por eso yo prefiero la tersura de estilo, rayando en lo poético, de Baltazar Gracián: “Todo lo dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos de los medios”. Ojo con que dorar es cubrir, dar el color del oro a algo.

En fin, es impensable, inconcebible, que el expresidente no vaya a donde vaya su esposa políticamente hablando. Caso notable, por lo menos en México, en los vericuetos y vaivenes de la política pues los que votaran por ella votarían por la evidente influencia de él. No importan las palabras en contra. Los hechos hablan, y en las papeletas de votación, si es que ella es candidata, estaría la sombra de Calderón. Decía Churchill que en política todo se perdona, menor la ingenuidad.

En tal virtud los votantes tenemos la responsabilidad de pensar y meditar nuestro voto, de ver sus consecuencias. Y no podemos suponer siquiera que en la hipótesis no se hallaría presente él. Desde luego muy al margen de la ley electoral pero sería un candidato o subcandidato sui géneris que muy a menudo sacaría la cabeza maquillada o simulada. Así que sobre aviso no hay engaño. Entre los aspirantes a la presidencia podría haber una figura muy especial, inédita en México.

No es un caso único. Imelda Marcos en Filipinas, viuda del dictador Ferdinand Marcos; Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, viuda del expresidente presidente Néstor Kirchner; Eva Perón en Argentina, viuda de Juan Domingo Perón. Pero lo importante es tener en cuenta que el año que entra se podría votar por una candidata visible y por su esposo Calderón, que estaría donde ella estuviera.

El votante decidirá. La verdad en medio de la expectativa del 2018 es que el elector tendrá que decidir entre un amplio espectro de posibilidades; por lo que será imprescindible, como nunca antes en México, el voto razonado y razonable.

@RaulCarranca

www.facebook.com/despacho.raulcarranca

Sobre aviso no hay engaño. El expresidente Calderón lo ha dicho muy claro. Irá a donde vaya su esposa. ¿A Los Pinos, si es que ella resulta vencedora en 2018? Por supuesto. La pregunta es, en la hipótesis, si él iría solo como esposo. Imposible, sería pedirle peras al olmo, a Calderón. Él tendría que ir como expresidente, es decir, con su experiencia en el caso, con sus relaciones y con su influencia para aconsejar a su esposa. ¿Al servicio de quién? Evidentemente de ella. No iría como ente abstracto, como figura decorativa, Tendría que participar en privado en la toma de decisiones, dar sus puntos de vista, aportar el valor de sus experiencias.

En consecuencia, insisto, sobre advertencia no hay engaño y quienes votaran por ella estarían votando indirectamente por él, en gran parte por el retorno de su política y de su estilo de gobernar. Reconozco que habría variantes, pero en el fondo sería lo mismo toda proporción guardada. Así que en el panorama incierto de la precampaña de 2018 se descorre un velo, se despeja una incógnita. Desde luego queda por ver cómo se resuelve la crisis del PAN, verdadero cisma según lo llamó Fernández de Cevallos. Y queda también por ver qué fundamento tiene la especie difundida de que la participación de Margarita Zavala es un Plan B del PRI, ya que nada es de sorprender en política.

Ahora bien, la sorpresa es, repito, parte de la política. Según todas las señales se avecina una época de alianzas, aunque lo que sorprende es que aquí se puedan aliar el agua y el aceite buscando el mismo fin. ¿No se sabe acaso que hay diferencias radicales, irreconciliables? ¿Y así se puede ejercer la política? Mal hacen los que le atribuyen a Maquiavelo la frase de que “el fin justifica los medios”. Se ha demostrado que la misma la escribió Napoleón Bonaparte en la última página de su edición de El Príncipe. Por eso yo prefiero la tersura de estilo, rayando en lo poético, de Baltazar Gracián: “Todo lo dora un buen fin, aunque lo desmientan los desaciertos de los medios”. Ojo con que dorar es cubrir, dar el color del oro a algo.

En fin, es impensable, inconcebible, que el expresidente no vaya a donde vaya su esposa políticamente hablando. Caso notable, por lo menos en México, en los vericuetos y vaivenes de la política pues los que votaran por ella votarían por la evidente influencia de él. No importan las palabras en contra. Los hechos hablan, y en las papeletas de votación, si es que ella es candidata, estaría la sombra de Calderón. Decía Churchill que en política todo se perdona, menor la ingenuidad.

En tal virtud los votantes tenemos la responsabilidad de pensar y meditar nuestro voto, de ver sus consecuencias. Y no podemos suponer siquiera que en la hipótesis no se hallaría presente él. Desde luego muy al margen de la ley electoral pero sería un candidato o subcandidato sui géneris que muy a menudo sacaría la cabeza maquillada o simulada. Así que sobre aviso no hay engaño. Entre los aspirantes a la presidencia podría haber una figura muy especial, inédita en México.

No es un caso único. Imelda Marcos en Filipinas, viuda del dictador Ferdinand Marcos; Cristina Fernández de Kirchner en Argentina, viuda del expresidente presidente Néstor Kirchner; Eva Perón en Argentina, viuda de Juan Domingo Perón. Pero lo importante es tener en cuenta que el año que entra se podría votar por una candidata visible y por su esposo Calderón, que estaría donde ella estuviera.

El votante decidirá. La verdad en medio de la expectativa del 2018 es que el elector tendrá que decidir entre un amplio espectro de posibilidades; por lo que será imprescindible, como nunca antes en México, el voto razonado y razonable.

@RaulCarranca

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