/ martes 15 de agosto de 2023

A falta de respuestas, di que es discriminación

Por Constanza García Gentil

El miércoles pasado, después de que el INE determinó que el presidente López Obrador había ejercido violencia política de género contra la aspirante de la oposición, Xóchitl Gálvez, el mandatario respondió insinuando que era víctima de violencia política por motivos de género. Lo que el presidente insinuó es que, el hecho de que la más alta autoridad electoral en el país le señalara que su manera de expresarse hacia Xóchitl Gálvez era inadecuada -principalmente estando en el púlpito presidencial- de alguna manera lo hace víctima de violencia de género. Sobra decir que esto está lejos de ser violencia por parte del INE, y mucho menos es violencia de género.

Incluso si la acusación del presidente fuera válida, las circunstancias tendrían que ser muy distintas. La realidad es que a los hombres no los suelen discriminar por ser hombres, o por lo menos no cómo se hace con las mujeres. Históricamente a los hombres se les ha discriminado cuando tienen comportamientos similares a los que tendría una mujer. Al grado de que una de las explicaciones detrás de la discriminación hacia los hombres homosexuales o queer es la idea de que, incluso habiendo tenido el “privilegio” de nacer siendo hombre en nuestra sociedad, aun así algunos hombres “eligen” rechazar ese privilegio y adoptar gustos o comportamientos tradicionalmente femeninos. Y a esto también se agrega incluso cuando el hombre es heterosexual, el hecho de elegir adoptar dichos comportamientos. De ahí nace el usar expresiones como “pareces mujer”, “corres como niña” para indicar debilidad o falta de habilidad para hacer las cosas.

Este episodio me recuerda a la -en mi opinión- repulsiva expresión “ni machismo ni feminismo” dicho por aquellos que claramente no tienen idea de lo que es el feminismo y que de alguna manera insinúan que es lo mismo que el machismo pero a la inversa. Mucho menos saben que el feminismo es una ideología que lucha por liberar a las mujeres y a los hombres al mismo tiempo, mientras que el machismo oprime principalmente a las mujeres pero también a los hombres (aunque en otra calidad).

Hoy en día no es del todo poco común que haya gente que afirma que es víctima de “discriminación a la inversa”. Querer escudarse bajo declaraciones de “discriminación a la inversa” solamente demuestra que la persona que lo dice no entiende el contexto de dónde la discriminación proviene y, principalmente, quién suele ser el principal ganador a partir de la narrativa de dicha discriminación.

En El Segundo Sexo, Simone de Beauvoir menciona la siguiente anécdota:

A veces, en el curso de discusiones abstractas, me ha irritado oír que los hombres me decían: "Usted piensa tal cosa porque es mujer." Pero yo sabía que mi única defensa consistía en replicar: "Lo pienso así porque es verdad", eliminando de ese modo mi subjetividad. No era cosa de contestar: "Y usted piensa lo contrario porque es hombre", ya que se entiende que el hecho de ser hombre no es una singularidad; un hombre está en su derecho de serlo; es la mujer la que está en la sinrazón.

Creo que algo similar está sucediendo en este momento. El presidente no está siendo discriminado y tampoco es por “ser hombre”. El señalar abuso de poder y misoginia no es sinónimo de discriminación de género ya que no se da a causa del género, sino a causa de razones que no tienen nada que ver con ello. Y él no tiene derecho a ampararse bajo la sombra de una causa que no le corresponde y una que jamás ha defendido.


Por Constanza García Gentil

El miércoles pasado, después de que el INE determinó que el presidente López Obrador había ejercido violencia política de género contra la aspirante de la oposición, Xóchitl Gálvez, el mandatario respondió insinuando que era víctima de violencia política por motivos de género. Lo que el presidente insinuó es que, el hecho de que la más alta autoridad electoral en el país le señalara que su manera de expresarse hacia Xóchitl Gálvez era inadecuada -principalmente estando en el púlpito presidencial- de alguna manera lo hace víctima de violencia de género. Sobra decir que esto está lejos de ser violencia por parte del INE, y mucho menos es violencia de género.

Incluso si la acusación del presidente fuera válida, las circunstancias tendrían que ser muy distintas. La realidad es que a los hombres no los suelen discriminar por ser hombres, o por lo menos no cómo se hace con las mujeres. Históricamente a los hombres se les ha discriminado cuando tienen comportamientos similares a los que tendría una mujer. Al grado de que una de las explicaciones detrás de la discriminación hacia los hombres homosexuales o queer es la idea de que, incluso habiendo tenido el “privilegio” de nacer siendo hombre en nuestra sociedad, aun así algunos hombres “eligen” rechazar ese privilegio y adoptar gustos o comportamientos tradicionalmente femeninos. Y a esto también se agrega incluso cuando el hombre es heterosexual, el hecho de elegir adoptar dichos comportamientos. De ahí nace el usar expresiones como “pareces mujer”, “corres como niña” para indicar debilidad o falta de habilidad para hacer las cosas.

Este episodio me recuerda a la -en mi opinión- repulsiva expresión “ni machismo ni feminismo” dicho por aquellos que claramente no tienen idea de lo que es el feminismo y que de alguna manera insinúan que es lo mismo que el machismo pero a la inversa. Mucho menos saben que el feminismo es una ideología que lucha por liberar a las mujeres y a los hombres al mismo tiempo, mientras que el machismo oprime principalmente a las mujeres pero también a los hombres (aunque en otra calidad).

Hoy en día no es del todo poco común que haya gente que afirma que es víctima de “discriminación a la inversa”. Querer escudarse bajo declaraciones de “discriminación a la inversa” solamente demuestra que la persona que lo dice no entiende el contexto de dónde la discriminación proviene y, principalmente, quién suele ser el principal ganador a partir de la narrativa de dicha discriminación.

En El Segundo Sexo, Simone de Beauvoir menciona la siguiente anécdota:

A veces, en el curso de discusiones abstractas, me ha irritado oír que los hombres me decían: "Usted piensa tal cosa porque es mujer." Pero yo sabía que mi única defensa consistía en replicar: "Lo pienso así porque es verdad", eliminando de ese modo mi subjetividad. No era cosa de contestar: "Y usted piensa lo contrario porque es hombre", ya que se entiende que el hecho de ser hombre no es una singularidad; un hombre está en su derecho de serlo; es la mujer la que está en la sinrazón.

Creo que algo similar está sucediendo en este momento. El presidente no está siendo discriminado y tampoco es por “ser hombre”. El señalar abuso de poder y misoginia no es sinónimo de discriminación de género ya que no se da a causa del género, sino a causa de razones que no tienen nada que ver con ello. Y él no tiene derecho a ampararse bajo la sombra de una causa que no le corresponde y una que jamás ha defendido.