/ lunes 22 de enero de 2024

Agenda Confidencial | Tiempos revueltos para el futuro inmediato

Conforme se acerca el fin del sexenio siguen creciendo en forma peligrosa entre los integrantes del gabinete del presidente y entre otros funcionarios de menor rango en el gobierno federal, actitudes de intolerancia frente a las opiniones críticas y de autocomplacencia en relación con sus propias actividades.

Han transcurrido más de cinco años de este sexenio y sigue habiendo ásperas reacciones de molestia y desagrado de quienes creen, suponen o imaginan que los medios críticos los “atacan” o intentan “sabotear” sus acciones, que son muy pocas, y sus palabras, que son muchas, demasiadas.

No parecen capaces de apreciar la diferencia entre los análisis razonados y argumentados de muchos comentaristas críticos, y las aduladoras lisonjas de “comunicadores” interesados que desafortunadamente son abundantes.

Embelesados, mareados, con lo que ellos suponen éxitos políticos y sociales de la actual administración federal, no alcanzan a percibir las múltiples señales que surgen día con día y que presagian tiempos revueltos para el futuro inmediato.

Hasta ahora, las cosas pintan bien para el gobierno desde el acrítico punto de vista de sus integrantes, desde su visión color de rosa. Sin embargo, casi todo sigue pintando muy mal desde la perspectiva real de la mayoría de los mexicanos, que padecen los estragos de la inseguridad, la violencia, la presencia de los grupos criminales en buena parte del territorio nacional; la corrupción en todos los niveles de gobierno, incluyendo en el Poder Judicial; el desmantelamiento del sistema de salud, la pobreza, y en millones de casos la miseria extrema.

En consecuencia, harían bien los funcionarios de la 4T en observar mejor la realidad y no rechazar o tratar de amordazar a los críticos de su trabajo oficial. Pese a todo, no será posible imponer el silencio a los observadores, analistas y comentaristas “aguafiestas” que nos negamos a formar parte de un coro de elogios, aplausos y vivas al presidente de la República y a los funcionarios del primer círculo gubernamental, quienes, dicho sea de paso, “no dan pie con bola”.

No hay que “echar en saco roto”, las advertencias que se presentaron en el Foro Económico Mundial, sobre los Riesgos Globales para 2024, en donde sitúa a la desinformación y/o información falsa, como el mayor riesgo en el corto y mediano plazo, principalmente en aquellos países donde habrá elecciones, entre ellos México, lo que resulta preocupante no solo para los participantes en la próxima contienda presidencial – sobre todo de oposición—sino para la sociedad en su conjunto.

La información falsa no sólo puede ser utilizada como fuente de perturbación social, sino también de control, por parte de los actores nacionales en la búsqueda de agendas políticas. Aunque la información errónea y la desinformación tienen una larga historia, la erosión de los controles y equilibrios políticos, y el crecimiento de las herramientas que difunden y controlan la información, podrían amplificar la eficacia de la desinformación nacional en los próximos dos años… los propios gobiernos estarán cada vez más en condiciones de determinar qué es verdad, lo que podría permitir que los partidos políticos monopolicen el discurso público y supriman las voces disidentes, incluidos los periodistas y los opositores, se insiste en el documento del Foro Económico Mundial, que, dicen algunos observadores, parece un retrato de lo que está ocurriendo en nuestro país.

Conforme se acerca el fin del sexenio siguen creciendo en forma peligrosa entre los integrantes del gabinete del presidente y entre otros funcionarios de menor rango en el gobierno federal, actitudes de intolerancia frente a las opiniones críticas y de autocomplacencia en relación con sus propias actividades.

Han transcurrido más de cinco años de este sexenio y sigue habiendo ásperas reacciones de molestia y desagrado de quienes creen, suponen o imaginan que los medios críticos los “atacan” o intentan “sabotear” sus acciones, que son muy pocas, y sus palabras, que son muchas, demasiadas.

No parecen capaces de apreciar la diferencia entre los análisis razonados y argumentados de muchos comentaristas críticos, y las aduladoras lisonjas de “comunicadores” interesados que desafortunadamente son abundantes.

Embelesados, mareados, con lo que ellos suponen éxitos políticos y sociales de la actual administración federal, no alcanzan a percibir las múltiples señales que surgen día con día y que presagian tiempos revueltos para el futuro inmediato.

Hasta ahora, las cosas pintan bien para el gobierno desde el acrítico punto de vista de sus integrantes, desde su visión color de rosa. Sin embargo, casi todo sigue pintando muy mal desde la perspectiva real de la mayoría de los mexicanos, que padecen los estragos de la inseguridad, la violencia, la presencia de los grupos criminales en buena parte del territorio nacional; la corrupción en todos los niveles de gobierno, incluyendo en el Poder Judicial; el desmantelamiento del sistema de salud, la pobreza, y en millones de casos la miseria extrema.

En consecuencia, harían bien los funcionarios de la 4T en observar mejor la realidad y no rechazar o tratar de amordazar a los críticos de su trabajo oficial. Pese a todo, no será posible imponer el silencio a los observadores, analistas y comentaristas “aguafiestas” que nos negamos a formar parte de un coro de elogios, aplausos y vivas al presidente de la República y a los funcionarios del primer círculo gubernamental, quienes, dicho sea de paso, “no dan pie con bola”.

No hay que “echar en saco roto”, las advertencias que se presentaron en el Foro Económico Mundial, sobre los Riesgos Globales para 2024, en donde sitúa a la desinformación y/o información falsa, como el mayor riesgo en el corto y mediano plazo, principalmente en aquellos países donde habrá elecciones, entre ellos México, lo que resulta preocupante no solo para los participantes en la próxima contienda presidencial – sobre todo de oposición—sino para la sociedad en su conjunto.

La información falsa no sólo puede ser utilizada como fuente de perturbación social, sino también de control, por parte de los actores nacionales en la búsqueda de agendas políticas. Aunque la información errónea y la desinformación tienen una larga historia, la erosión de los controles y equilibrios políticos, y el crecimiento de las herramientas que difunden y controlan la información, podrían amplificar la eficacia de la desinformación nacional en los próximos dos años… los propios gobiernos estarán cada vez más en condiciones de determinar qué es verdad, lo que podría permitir que los partidos políticos monopolicen el discurso público y supriman las voces disidentes, incluidos los periodistas y los opositores, se insiste en el documento del Foro Económico Mundial, que, dicen algunos observadores, parece un retrato de lo que está ocurriendo en nuestro país.