/ miércoles 26 de junio de 2019

Aguas Profundas | “Soy la voz de Emilio”

En 2013 recibí una llamada de la Dirección General de Pemex, era Rodrigo Arteaga Santoyo, secretario particular de Emilio Lozoya Austin. Me buscaba con urgencia. Pidió lo alcanzara porque su jefe quería tratar un asunto “muy importante”.

La recepción fue extraña. Prohibido meter libreta, teléfono o mochila. Rodeado de guardias me llevaron a una sala de juntas. "Oiga, esta no es la oficina del director, es esa", le dije.

-Me pidieron lo pasara aquí, fue la respuesta. Me ganó la risa. Aislado en la sala de juntas y luego de un buen rato esperando, llegó un trajeado, engominado y creído personaje, sintiéndose agente del FBI, dijo “soy Rodrigo Arteaga, secretario particular del director”. "Pues pasamos ¿no?", le dije.

-No, la cita es conmigo, tuvimos una fuga de información clave y sabemos que tú fuiste. Entre que me ganaba la risa y moría de curiosidad por saber qué pasaba le dije que, en todo caso, hablaría con el director de Pemex.

- Yo soy la voz de Emilio Lozoya. No quise soltar la carcajada. Me recargué en la mesa para reír mientras el asumía una posición de interrogatorio, brazos cruzados, ojos fijos, cara de duro. Presumía saber todo del director, era agenda y picaporte de su oficina. Además, su protector.

-Yo hablo por el maestro Lozoya, insistía. Pues que hable hoy, que sus cuentas bancarias son investigadas por la UIF, mientras revisan todas las operaciones realizadas en Pemex en su gestión. Que hable. Al fin y al cabo, era “la voz de Emilio”.

En 2013 recibí una llamada de la Dirección General de Pemex, era Rodrigo Arteaga Santoyo, secretario particular de Emilio Lozoya Austin. Me buscaba con urgencia. Pidió lo alcanzara porque su jefe quería tratar un asunto “muy importante”.

La recepción fue extraña. Prohibido meter libreta, teléfono o mochila. Rodeado de guardias me llevaron a una sala de juntas. "Oiga, esta no es la oficina del director, es esa", le dije.

-Me pidieron lo pasara aquí, fue la respuesta. Me ganó la risa. Aislado en la sala de juntas y luego de un buen rato esperando, llegó un trajeado, engominado y creído personaje, sintiéndose agente del FBI, dijo “soy Rodrigo Arteaga, secretario particular del director”. "Pues pasamos ¿no?", le dije.

-No, la cita es conmigo, tuvimos una fuga de información clave y sabemos que tú fuiste. Entre que me ganaba la risa y moría de curiosidad por saber qué pasaba le dije que, en todo caso, hablaría con el director de Pemex.

- Yo soy la voz de Emilio Lozoya. No quise soltar la carcajada. Me recargué en la mesa para reír mientras el asumía una posición de interrogatorio, brazos cruzados, ojos fijos, cara de duro. Presumía saber todo del director, era agenda y picaporte de su oficina. Además, su protector.

-Yo hablo por el maestro Lozoya, insistía. Pues que hable hoy, que sus cuentas bancarias son investigadas por la UIF, mientras revisan todas las operaciones realizadas en Pemex en su gestión. Que hable. Al fin y al cabo, era “la voz de Emilio”.

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