/ jueves 13 de febrero de 2020

Alta Empresa | De compromisos y decálogos empresariales

Esta semana, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), principal órgano representativo y de interlocución del empresariado mexicano, presentó los principios de “Dimensión Social de las Empresas”, un “decálogo de compromisos que las organizaciones asumen con la sociedad, sus colaboradores, el medio ambiente y el cumplimiento de la ley”.

“El mensaje es de optimismo y esperanza, pero también de exigencia. El mundo no nos va a esperar, y México tampoco. Por ello, propongo a ustedes diez principios a través de los cuales las empresas mexicanas pueden consolidar su dimensión social, renovar su compromiso en favor de nuestro país y ser uno de los principales factores para resolver los problemas sociales que nos aquejan”, explicó Carlos Salazar Lomelín, presidente del CCE, durante la presentación, donde estuvieron empresarios de alto nivel como Carlos Slim, Daniel Servitje, Blanca Treviño y Antonio del Valle Ruiz, entre otros

Con la bienvenida salvedad del principio dedicado a impulsar la industria 4.0 y el desarrollo tecnológico de empleados y comunidades (algo que rara vez se menciona como una responsabilidad social), el decálogo es un compendio de buenos deseos y algunas abstracciones que de tan obvias rayan en lo risible. ¿O realmente deberíamos aplaudir a estas alturas que los empresarios se comprometan a cumplir con obligaciones mínimas como pagar impuestos y respetar la ley? Ya sólo faltaba que se comprometieran a pagar a tiempo. Absurdo.

El anuncio del CCE no se da en el vacío. A mediados del año pasado, Business Roundtable, un organismo que reúne a los presidentes ejecutivos de las mayores corporaciones de Estados Unidos (JPMorgan Chase, Amazon, Xerox, Walmart, Apple, Exxon Mobil,AT&T, Ford, entre muchas otras), emitió un manifiesto donde se pronunciaba por redefinir el rol de la corporación como una entidad que privilegiara el bienestar de la sociedad por encima de los intereses meramente monetarios de los accionistas. "El sueño americano vive, pero está en estado de descomposición. Los grandes empleadores debemos invertir en las comunidades porque es la única vía de ser exitoso en el largo plazo", declaró Jamie Dimon, director de Business Roundtable y CEO de JPMorgan Chase.

En lugar de limitarse a hablar de las virtudes de “ser bueno”, el documento de Business Roundtable expone las razones pragmáticas por las que se deben abrazar los preceptos básicos de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), entendida como una cultura de gestión que promueva el bienestar de las comunidades, el desarrollo de los integrantes de la organización, la sustentabilidad y la ética en la gobernanza y la toma de decisiones. El manifiesto reconoce la urgencia de salvar al capitalismo de los capitalistas antes de que sea demasiado tarde.

El decálogo del CCE dista de ser tan ambicioso; sin embargo, obviedades aparte, representa un paso en la dirección correcta para una cúpula empresarial con frecuencia renuente a asumir su liderazgo en el desarrollo del país. Por algún lado se tiene que empezar.

Esta semana, el Consejo Coordinador Empresarial (CCE), principal órgano representativo y de interlocución del empresariado mexicano, presentó los principios de “Dimensión Social de las Empresas”, un “decálogo de compromisos que las organizaciones asumen con la sociedad, sus colaboradores, el medio ambiente y el cumplimiento de la ley”.

“El mensaje es de optimismo y esperanza, pero también de exigencia. El mundo no nos va a esperar, y México tampoco. Por ello, propongo a ustedes diez principios a través de los cuales las empresas mexicanas pueden consolidar su dimensión social, renovar su compromiso en favor de nuestro país y ser uno de los principales factores para resolver los problemas sociales que nos aquejan”, explicó Carlos Salazar Lomelín, presidente del CCE, durante la presentación, donde estuvieron empresarios de alto nivel como Carlos Slim, Daniel Servitje, Blanca Treviño y Antonio del Valle Ruiz, entre otros

Con la bienvenida salvedad del principio dedicado a impulsar la industria 4.0 y el desarrollo tecnológico de empleados y comunidades (algo que rara vez se menciona como una responsabilidad social), el decálogo es un compendio de buenos deseos y algunas abstracciones que de tan obvias rayan en lo risible. ¿O realmente deberíamos aplaudir a estas alturas que los empresarios se comprometan a cumplir con obligaciones mínimas como pagar impuestos y respetar la ley? Ya sólo faltaba que se comprometieran a pagar a tiempo. Absurdo.

El anuncio del CCE no se da en el vacío. A mediados del año pasado, Business Roundtable, un organismo que reúne a los presidentes ejecutivos de las mayores corporaciones de Estados Unidos (JPMorgan Chase, Amazon, Xerox, Walmart, Apple, Exxon Mobil,AT&T, Ford, entre muchas otras), emitió un manifiesto donde se pronunciaba por redefinir el rol de la corporación como una entidad que privilegiara el bienestar de la sociedad por encima de los intereses meramente monetarios de los accionistas. "El sueño americano vive, pero está en estado de descomposición. Los grandes empleadores debemos invertir en las comunidades porque es la única vía de ser exitoso en el largo plazo", declaró Jamie Dimon, director de Business Roundtable y CEO de JPMorgan Chase.

En lugar de limitarse a hablar de las virtudes de “ser bueno”, el documento de Business Roundtable expone las razones pragmáticas por las que se deben abrazar los preceptos básicos de la Responsabilidad Social Empresarial (RSE), entendida como una cultura de gestión que promueva el bienestar de las comunidades, el desarrollo de los integrantes de la organización, la sustentabilidad y la ética en la gobernanza y la toma de decisiones. El manifiesto reconoce la urgencia de salvar al capitalismo de los capitalistas antes de que sea demasiado tarde.

El decálogo del CCE dista de ser tan ambicioso; sin embargo, obviedades aparte, representa un paso en la dirección correcta para una cúpula empresarial con frecuencia renuente a asumir su liderazgo en el desarrollo del país. Por algún lado se tiene que empezar.

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