/ jueves 20 de agosto de 2020

Alta Empresa | Gates y el legado de Slim

Hace cuatro meses, cuando Donald Trump reveló la intención de Estados Unidos de detener el financiamiento a la Organización Mundial de la Salud (OMS), Bill Gates, fundador de Microsoft, calificó al presidente como irresponsable y anunció que él mismo donaría 250 millones de dólares al organismo con el fin de darle viabilidad frente a la pandemia de la COVID-19. La opinión pública mundial celebró el gesto de Gates, hoy totalmente orientado a las labores filantrópicas. El aplauso no es nada nuevo para el billonario. A lo largo de 20 años de existencia, la Fundación Gates (codirigida por su esposa Melinda) ha canalizado a diversas causas alrededor de 53,800 millones de dólares, de los cuales más de 26,000 han provenido directamente de la fortuna familiar. El trabajo de la Fundación no se reduce a presentarse con un cheque y posar para la prensa, sino en desarrollar con las máximas autoridades científicas y sociales una serie programática de medidas que genere resultados concretos en materia de vacunación, igualdad de género y combate al SIDA, especialmente en la región africana.

El escenario era diametralmente distinto en los noventa: Microsoft se encontraba inmersa en una serie de demandas antimonopólicas debido a las exigencias que imponía a clientes y proveedores a causa del sistema operativo Windows. Los ataques iban de veladas amenazas en llevar al entonces CEO del titán tecnológico a audiencias en los tribunales, a agresivas portadas de revistas en contra de la soberbia monopólica de la compañía, pasando por divertidas cadenas de mails que sostenían que Bill era el mismísimo anticristo. Si bien algunos conspiracionistas delirantes sostienen el disparate de que el coronavirus forma parte de un plan maestro de Gates para controlar a la humanidad con sus vacunas, su imagen raya actualmente en la santidad. Se trata de una reorientación de prioridades: una vez que un empresario alcanza cierta edad y cierto número de triunfos materiales, debe cuestionarse cuál va a ser su legado. Gates lo hizo y tomó una decisión: la de ser responsable.

Carlos Slim Helú, fundador de Grupo Carso, se encuentra en una situación similar a la que atraviesa Gates. Creada en 1986, la Fundación Slim ha orientado miles de millones de pesos a educación, salud, empleo, desarrollo económico, migrantes y ayuda humanitaria, entre muchos otros rubros. Nadie duda de su alcance. Sin embargo, hasta ahora, estos logros no se han materializado en un cambio de imagen respecto al magnate, a quien aún se percibe -con o sin razón- como un personaje producto de prácticas monopólicas y carente de empatía con las necesidades de los mexicanos. Todo esto podría dar un cambio radical con la decisión de financiar la producción y distribución en Argentina y México de la AZD1222, la potencial vacuna contra la COVID-19 desarrollada por AstraZeneca. De prosperar la vacuna, se contarían inicialmente con 150 millones de dosis para la región. Todo un hito en la historia de la responsabilidad social empresarial que no sólo colocaría a Slim en los niveles de admiración mundial de Gates, sino que además lo redimiría con un país que aún se muestra ambivalente en reconocer su legado. Ojalá lo logre.

@mauroforever

mauricio@altaempresa.com

Hace cuatro meses, cuando Donald Trump reveló la intención de Estados Unidos de detener el financiamiento a la Organización Mundial de la Salud (OMS), Bill Gates, fundador de Microsoft, calificó al presidente como irresponsable y anunció que él mismo donaría 250 millones de dólares al organismo con el fin de darle viabilidad frente a la pandemia de la COVID-19. La opinión pública mundial celebró el gesto de Gates, hoy totalmente orientado a las labores filantrópicas. El aplauso no es nada nuevo para el billonario. A lo largo de 20 años de existencia, la Fundación Gates (codirigida por su esposa Melinda) ha canalizado a diversas causas alrededor de 53,800 millones de dólares, de los cuales más de 26,000 han provenido directamente de la fortuna familiar. El trabajo de la Fundación no se reduce a presentarse con un cheque y posar para la prensa, sino en desarrollar con las máximas autoridades científicas y sociales una serie programática de medidas que genere resultados concretos en materia de vacunación, igualdad de género y combate al SIDA, especialmente en la región africana.

El escenario era diametralmente distinto en los noventa: Microsoft se encontraba inmersa en una serie de demandas antimonopólicas debido a las exigencias que imponía a clientes y proveedores a causa del sistema operativo Windows. Los ataques iban de veladas amenazas en llevar al entonces CEO del titán tecnológico a audiencias en los tribunales, a agresivas portadas de revistas en contra de la soberbia monopólica de la compañía, pasando por divertidas cadenas de mails que sostenían que Bill era el mismísimo anticristo. Si bien algunos conspiracionistas delirantes sostienen el disparate de que el coronavirus forma parte de un plan maestro de Gates para controlar a la humanidad con sus vacunas, su imagen raya actualmente en la santidad. Se trata de una reorientación de prioridades: una vez que un empresario alcanza cierta edad y cierto número de triunfos materiales, debe cuestionarse cuál va a ser su legado. Gates lo hizo y tomó una decisión: la de ser responsable.

Carlos Slim Helú, fundador de Grupo Carso, se encuentra en una situación similar a la que atraviesa Gates. Creada en 1986, la Fundación Slim ha orientado miles de millones de pesos a educación, salud, empleo, desarrollo económico, migrantes y ayuda humanitaria, entre muchos otros rubros. Nadie duda de su alcance. Sin embargo, hasta ahora, estos logros no se han materializado en un cambio de imagen respecto al magnate, a quien aún se percibe -con o sin razón- como un personaje producto de prácticas monopólicas y carente de empatía con las necesidades de los mexicanos. Todo esto podría dar un cambio radical con la decisión de financiar la producción y distribución en Argentina y México de la AZD1222, la potencial vacuna contra la COVID-19 desarrollada por AstraZeneca. De prosperar la vacuna, se contarían inicialmente con 150 millones de dosis para la región. Todo un hito en la historia de la responsabilidad social empresarial que no sólo colocaría a Slim en los niveles de admiración mundial de Gates, sino que además lo redimiría con un país que aún se muestra ambivalente en reconocer su legado. Ojalá lo logre.

@mauroforever

mauricio@altaempresa.com