/ sábado 12 de mayo de 2018

Alto Poder


* Entre violencia y temores avanzan las campañas

* Al menos en algo coinciden los candidatos

* No habrá elecciones en paz el 1 de julio


Faltan 51 días para la elección presidencial y la guerra sucia adquiere nuevas dimensiones para derrocar al puntero en las encuestas de intención del voto.

Se han endurecido los ataques en contra de Andrés Manuel López Obrador, a medida que se conocen nuevas cifras que lo posicionan entre 10 y 18 puntos de diferencia con el segundo lugar, Ricardo Anaya, y casi 30 del tercero, José Antonio Meade.

Apareció otra que pone la contienda en tercios. Baja a López Obrador, mantiene a Anaya y acerca a Meade.

La confrontación del candidato de Morena con los empresarios por el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, ha sido la excusa perfecta para señalarlo de provocador, violento e intolerante, aunque esos adjetivos ya no son operantes porque AMLO abrió la puerta a un diálogo sobre el futuro de esa gigantesca obra.

Los partidos y candidatos son los que han endurecido su campaña falaz y difamatoria contra Andrés Manuel. El arrogante Ricardo Anaya insiste en que un posible triunfo del tabasqueño generaría inestabilidad económica y fuga de capitales.

José Antonio Meade intenta subirse al debate con López Obrador pero no ha podido porque sus argumentos son viejos y manidos.

Los partidos intentan repetir la estrategia de 2006. Esta semana presentaron un anuncio sobre las desgracias ocurridas en Venezuela y aseguraron que lo mismo pasaría en México, en caso de que Andrés Manuel triunfe.

El impacto no fue el mismo que hace 12 años, porque el pueblo ya no comulga con ruedas de molino, ni se deja llevar por cualquier publicista embustero que sirve a muy bajos intereses.

Definitivamente el exjefe de gobierno del Distrito Federal modificó su discurso para reforzar su liderazgo en las encuestas. Trata de negociar con los empresarios para calmar su ansiedad, que es la de todos los dueños del dinero que a la caída de una hoja de un árbol, se ponen a temblar.

El gobierno nacional, de filiación priista, le soltó otro golpe al movimiento de Morena, porque la Junta de Conciliación y Arbitraje condenó a Napoleón Gómez Urrutia, candidato de ese partido al Senado, a devolver 54 millones de dólares a los agremiados al sindicato de mineros, por un fideicomiso que Grupo México le entregó y él no repartió.


PEÑA RETOMA EL CONTROL DEL PRI

José Antonio Meade se vio obligado a renunciar a su frase del “candidato ciudadano”. A la militancia priista no le gustó que su abanderado se sintiera avergonzado de su origen partidista. Siempre manejó un discurso criticando las viejas prácticas del tricolor.

Meade nunca tuvo un real acercamiento con las bases del PRI. Inclusive el presidente Peña se vio obligado a ordenar la destitución de Enrique Ochoa y sustituirlo por René Juárez en la dirigencia.

Quedó al descubierto que Ochoa Reza no era el hombre indicado para estar el frente del Revolucionario Institucional en un momento tan importante. Ahora, deja al partido en condiciones lamentables.

René Juárez sabe cómo operar con éxito desde las sombras. Pero ahora, posiblemente, esos conocimientos tenebrosos no le alcancen para el triunfo. Regresó al escenario político la plana mayor del priismo tradicional. Entre ellos, Miguel Ángel Osorio Chong, el más resentido de todos porque no fue nominado como candidato presidencial.

Todos los candidatos, excepto José Antonio Meade, proponen transformar la estructura orgánica del Estado, generando una nueva secretaria en materia de seguridad, para quitarle poder a Gobernación.

El principal tema de desacuerdo entre los candidatos es el de profesionalizar y dignificar las policías. Anaya pretende más andamiaje político al dividir la Secretaría de Gobernación y López Obrador prefiere la reestructuración desde la capacitación.

Los aspirantes presidenciales coincidieron en cuatro plataformas político-administrativas. Son la violencia de la criminalidad, la incompetencia de la policía en su actual forma, la necesaria revisión del Ministerio Público, el reconocimiento del Nuevo Sistema Penal Acusatorio y la necesidad del sistema penal penitenciario.

Sobre la militarización de la seguridad pública se contempla en las plataformas de los tres, aunque López Obrador propone crear una guardia nacional que combine policías y fuerzas armadas.

En cambio, Meade plantea seguir con las políticas vigentes y focaliza su atención en el combate al crimen común.


LA FAMILIA AUSENTE DE ANAYA

O no entienden o no conocen los candidatos presidenciales lo que opinaba el genio de la política de la Revolución Francesa, Joseph Fuché. Decía que era fácil poner a los militares en las calles, pero muy difícil regresarlos a sus cuarteles.

Hay muchas enseñanzas claras de que cuando los soldados actúan como policías en la seguridad pública, tienen las puertas abiertas para un cuartelazo.

Los abusos cometidos por militares desde diciembre de 2012, cuando el presidente espurio Felipe Calderón los sacó a las calles, desgastaron la imagen de la única institución del Estado que era respetada.

Ricardo Anaya, el más prepotente de los candidatos, es partidario de la militarización y se ha negado a cambiar su estrategia. Sin embargo, la ausencia de su familia del país es preocupante y por eso no ha podido conectar con la gente.

Además, la cercanía del panista con grupos de ultraderecha tampoco le permiten promover las reformas que la ciudadanía reclama.

Esta semana, las autoridades nacionales actuaron eficazmente en contra de comunicadores parciales que, inclusive, se atrevieron a calificar con malas palabras a los empresarios y una serie de improperios que rebotaron de norte a sur y de este a oeste del país.

Tan grande fue la ferocidad de esos “gacetilleros” a sueldo que de inmediato se les detuvo en su campaña para promover la violencia en contra de los candidatos, especialmente de López Obrador.

Faltan 51 días y el clima político no es el propicio para realizar unas elecciones en paz y en calma. Los asesinatos, encarcelamientos y desapariciones de políticos de todos los niveles, ocurren a diario en todo el país y de todos los partidos.

Es posible que la nación viva su última llamada para no dejarse llevar por pasiones insanas y que quienes salgan del poder, igual que quienes entrarán, sepan de cierto que todos somos mexicanos, aunque algunos desde los puestos públicos se convirtieron en ladrones y asesinos de su propio pueblo.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.


manuelmejidot@gmail.com


* Entre violencia y temores avanzan las campañas

* Al menos en algo coinciden los candidatos

* No habrá elecciones en paz el 1 de julio


Faltan 51 días para la elección presidencial y la guerra sucia adquiere nuevas dimensiones para derrocar al puntero en las encuestas de intención del voto.

Se han endurecido los ataques en contra de Andrés Manuel López Obrador, a medida que se conocen nuevas cifras que lo posicionan entre 10 y 18 puntos de diferencia con el segundo lugar, Ricardo Anaya, y casi 30 del tercero, José Antonio Meade.

Apareció otra que pone la contienda en tercios. Baja a López Obrador, mantiene a Anaya y acerca a Meade.

La confrontación del candidato de Morena con los empresarios por el nuevo aeropuerto de la Ciudad de México, ha sido la excusa perfecta para señalarlo de provocador, violento e intolerante, aunque esos adjetivos ya no son operantes porque AMLO abrió la puerta a un diálogo sobre el futuro de esa gigantesca obra.

Los partidos y candidatos son los que han endurecido su campaña falaz y difamatoria contra Andrés Manuel. El arrogante Ricardo Anaya insiste en que un posible triunfo del tabasqueño generaría inestabilidad económica y fuga de capitales.

José Antonio Meade intenta subirse al debate con López Obrador pero no ha podido porque sus argumentos son viejos y manidos.

Los partidos intentan repetir la estrategia de 2006. Esta semana presentaron un anuncio sobre las desgracias ocurridas en Venezuela y aseguraron que lo mismo pasaría en México, en caso de que Andrés Manuel triunfe.

El impacto no fue el mismo que hace 12 años, porque el pueblo ya no comulga con ruedas de molino, ni se deja llevar por cualquier publicista embustero que sirve a muy bajos intereses.

Definitivamente el exjefe de gobierno del Distrito Federal modificó su discurso para reforzar su liderazgo en las encuestas. Trata de negociar con los empresarios para calmar su ansiedad, que es la de todos los dueños del dinero que a la caída de una hoja de un árbol, se ponen a temblar.

El gobierno nacional, de filiación priista, le soltó otro golpe al movimiento de Morena, porque la Junta de Conciliación y Arbitraje condenó a Napoleón Gómez Urrutia, candidato de ese partido al Senado, a devolver 54 millones de dólares a los agremiados al sindicato de mineros, por un fideicomiso que Grupo México le entregó y él no repartió.


PEÑA RETOMA EL CONTROL DEL PRI

José Antonio Meade se vio obligado a renunciar a su frase del “candidato ciudadano”. A la militancia priista no le gustó que su abanderado se sintiera avergonzado de su origen partidista. Siempre manejó un discurso criticando las viejas prácticas del tricolor.

Meade nunca tuvo un real acercamiento con las bases del PRI. Inclusive el presidente Peña se vio obligado a ordenar la destitución de Enrique Ochoa y sustituirlo por René Juárez en la dirigencia.

Quedó al descubierto que Ochoa Reza no era el hombre indicado para estar el frente del Revolucionario Institucional en un momento tan importante. Ahora, deja al partido en condiciones lamentables.

René Juárez sabe cómo operar con éxito desde las sombras. Pero ahora, posiblemente, esos conocimientos tenebrosos no le alcancen para el triunfo. Regresó al escenario político la plana mayor del priismo tradicional. Entre ellos, Miguel Ángel Osorio Chong, el más resentido de todos porque no fue nominado como candidato presidencial.

Todos los candidatos, excepto José Antonio Meade, proponen transformar la estructura orgánica del Estado, generando una nueva secretaria en materia de seguridad, para quitarle poder a Gobernación.

El principal tema de desacuerdo entre los candidatos es el de profesionalizar y dignificar las policías. Anaya pretende más andamiaje político al dividir la Secretaría de Gobernación y López Obrador prefiere la reestructuración desde la capacitación.

Los aspirantes presidenciales coincidieron en cuatro plataformas político-administrativas. Son la violencia de la criminalidad, la incompetencia de la policía en su actual forma, la necesaria revisión del Ministerio Público, el reconocimiento del Nuevo Sistema Penal Acusatorio y la necesidad del sistema penal penitenciario.

Sobre la militarización de la seguridad pública se contempla en las plataformas de los tres, aunque López Obrador propone crear una guardia nacional que combine policías y fuerzas armadas.

En cambio, Meade plantea seguir con las políticas vigentes y focaliza su atención en el combate al crimen común.


LA FAMILIA AUSENTE DE ANAYA

O no entienden o no conocen los candidatos presidenciales lo que opinaba el genio de la política de la Revolución Francesa, Joseph Fuché. Decía que era fácil poner a los militares en las calles, pero muy difícil regresarlos a sus cuarteles.

Hay muchas enseñanzas claras de que cuando los soldados actúan como policías en la seguridad pública, tienen las puertas abiertas para un cuartelazo.

Los abusos cometidos por militares desde diciembre de 2012, cuando el presidente espurio Felipe Calderón los sacó a las calles, desgastaron la imagen de la única institución del Estado que era respetada.

Ricardo Anaya, el más prepotente de los candidatos, es partidario de la militarización y se ha negado a cambiar su estrategia. Sin embargo, la ausencia de su familia del país es preocupante y por eso no ha podido conectar con la gente.

Además, la cercanía del panista con grupos de ultraderecha tampoco le permiten promover las reformas que la ciudadanía reclama.

Esta semana, las autoridades nacionales actuaron eficazmente en contra de comunicadores parciales que, inclusive, se atrevieron a calificar con malas palabras a los empresarios y una serie de improperios que rebotaron de norte a sur y de este a oeste del país.

Tan grande fue la ferocidad de esos “gacetilleros” a sueldo que de inmediato se les detuvo en su campaña para promover la violencia en contra de los candidatos, especialmente de López Obrador.

Faltan 51 días y el clima político no es el propicio para realizar unas elecciones en paz y en calma. Los asesinatos, encarcelamientos y desapariciones de políticos de todos los niveles, ocurren a diario en todo el país y de todos los partidos.

Es posible que la nación viva su última llamada para no dejarse llevar por pasiones insanas y que quienes salgan del poder, igual que quienes entrarán, sepan de cierto que todos somos mexicanos, aunque algunos desde los puestos públicos se convirtieron en ladrones y asesinos de su propio pueblo.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.


manuelmejidot@gmail.com

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