/ sábado 26 de mayo de 2018

Alto poder

* La violencia domina las campañas electorales

* Hace 20 años los mexicanos salieron a la calle

* Dos proyectos, dividen a los mexicanos


La delincuencia tiene de hinojos a los gobernantes del país.

Resultan imparables los secuestros, los robos, los homicidios y demás delitos. No hay nadie capaz de evitarlos, porque en esa labor hasta el Ejército y la Marina han fracasado.

En campaña, los políticos hablan de triunfos sobre el crimen organizado. Sin embargo, la gente reclama el libre tránsito entre las ciudades y en las calles.

Los pobres ya ni siquiera exigen alimentos, sólo que su vida sea respetada, porque no tienen bienes que resguardar.

Todos los días en los medios de comunicación, prensa, radio, televisión y redes sociales se hace un recuento sobre los delitos que cometen los fuera de la ley.

En las ciudades los vecinos escuchan historias de asaltos, homicidios, secuestros o tiroteos, que antes les eran noticias lejanas y ahora están a la puerta, cuando no al interior de sus casas.

Se ha llegado el caso de que por las noches, quien tenga necesidad de salir de su hogar, lo hace con el gran temor de ser otra víctima más de los hampones.

El recuento cotidiano de los ilícitos causa temor en México y en el extranjero desaparece el deseo de visitarlo.

Los mexicanos nos estamos quedando solos, porque las autoridades no responden a la premisa de que un Estado debe garantizar la vida y los bienes de susciudadanos.

Se ha llegado al extremo de que un vecino puede ser un delincuente y que la patrulla que hace las rondas de vigilancia, esté al servicio de los grupos delincuenciales y no de la protección ciudadana.


MÁS RECURSOS PARA SEGURIDAD

El Índice de Paz 2018, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, estimó que en México el impacto económico de la violencia durante 2017, ascendió a 249 mil millones de dólares, equivalente al 21 por ciento del Producto Interno Bruto de la nación.

Para la educación se destina solamente el 2.5 por ciento del PIB, estos datos comparativos dan la idea de la gravedad del problema.

La violencia costó, durante 2017, mil 832 dólares a cada uno de los 120 millones de mexicanos, equivalente a 34 mil 808 pesos, casi el salario mínimo anual.

De acuerdo con los especialistas en la materia, el deterioro de la paz en el país se debe en gran medida al aumento del 25 por ciento en la tasa de homicidios del año pasado, así como al incremento en la violencia armada por segundo año consecutivo.

A nadie extraña que el primer cuatrimestre de 2018 haya sido el más violento, según las cifras del Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que registró ocho mil 900 carpetas de investigación por homicidios dolosos, cifra superior a las siete mil 600 iniciadas en el mismo periodo del año pasado.

Ese organismo señaló que las personas privadas de la vida con arma de fuego, quemadas, mutiladas, ahorcadas y asfixiadas son el mayor número registrado en los últimos 20 años.

Cualquier ciudadano de intachable reputación que salga a la calle tiene el temor bien fundado de que puede ser asesinado, asaltado, secuestrado o tiroteado.

Hace dos décadas, la violencia se desbordaba en la nación. Daniel Arizmendi, alias “El Mochaorejas”, tenía aterrorizado al centro del país. Entonces, la gente salía a la calle en la primera gran marcha silenciosa encontra del crimen y para exigir justicia y seguridad.

Para el año 2000, los ciudadanos acudieron a las urnas y castigaron a los gobiernos priistas. Dieron la oportunidad a Vicente Fox que tampoco pudo resolver el problema. Por el contrario, se incrementó la ola de violencia.

Con Felipe Calderón, la impunidad llegó al clímax. Dejó 115 mil cadáveres esparcidos por todo el territorio nacional. Regresó el priismo en 2012 y la suerte de los mexicanos ha sido la misma. No han podido resolver el problema desde la Presidencia ni priistas ni panistas.


DOS PROYECTOS DE NACIÓN, CAUSANTES DE LA VIOLENCIA

Los estados donde se investigaron más homicidios entre enero y abril, son Baja California, Guerrero, Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Veracruz, Chihuahua, Michoacán, Oaxaca y la Ciudad de México.

De septiembre a la fecha, han ocurrido más de 300 agresiones en contra de candidatos y autoridades de todos los niveles de gobierno. En ese periodo se registraron 95 asesinatos. Además, unos mil aspirantes federales y locales renunciaron por temor a la violencia.

El investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, Rodolfo García Zamora dijo que:

“La violencia del proceso electoral actual podría explicarse por la pugna que existe en México, de dos proyectos de país distintos, donde los representantes de uno de estos proyectos nos quiere imponer una vez más el modelo caduco, que en la últimas tres décadas ha generado 56 millones de pobres, y recientemente 245 mil asesinatos, 35 mil desaparecidos y al menos 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan.”

El mismo investigador García Zamora señaló que “la situación actual en México es crítica y de ahí el rechazo generalizado contra toda la clase política, porque como decían los indignados en la puerta del sol, en Madrid España, en mayo del 2011, no nos representan en lo general, y las universidades públicas están hoy en el olvido por parte del gobierno federal, ya que este no es un modelo de país y de nación que quisiéramos.”

México es un país de malos manejos, caracterizado por la corrupción como nos lo recuerdan cada vez que estamos en foros internacionales. No creen el grado tan elevado de impunidad que hay en el país.

Los gobernantes no han podido enfrentar la política de asfixia financiera ni tampoco han podido construir un proyecto alternativo, porque no logran recuperar la unidad de los ciudadanos.

Obviamente se requieren administraciones sobrias, responsables y honestas y dejar de pensar que son caciques y dueños del país y sus habitantes.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.


manuelmejidot@gmail.com

* La violencia domina las campañas electorales

* Hace 20 años los mexicanos salieron a la calle

* Dos proyectos, dividen a los mexicanos


La delincuencia tiene de hinojos a los gobernantes del país.

Resultan imparables los secuestros, los robos, los homicidios y demás delitos. No hay nadie capaz de evitarlos, porque en esa labor hasta el Ejército y la Marina han fracasado.

En campaña, los políticos hablan de triunfos sobre el crimen organizado. Sin embargo, la gente reclama el libre tránsito entre las ciudades y en las calles.

Los pobres ya ni siquiera exigen alimentos, sólo que su vida sea respetada, porque no tienen bienes que resguardar.

Todos los días en los medios de comunicación, prensa, radio, televisión y redes sociales se hace un recuento sobre los delitos que cometen los fuera de la ley.

En las ciudades los vecinos escuchan historias de asaltos, homicidios, secuestros o tiroteos, que antes les eran noticias lejanas y ahora están a la puerta, cuando no al interior de sus casas.

Se ha llegado el caso de que por las noches, quien tenga necesidad de salir de su hogar, lo hace con el gran temor de ser otra víctima más de los hampones.

El recuento cotidiano de los ilícitos causa temor en México y en el extranjero desaparece el deseo de visitarlo.

Los mexicanos nos estamos quedando solos, porque las autoridades no responden a la premisa de que un Estado debe garantizar la vida y los bienes de susciudadanos.

Se ha llegado al extremo de que un vecino puede ser un delincuente y que la patrulla que hace las rondas de vigilancia, esté al servicio de los grupos delincuenciales y no de la protección ciudadana.


MÁS RECURSOS PARA SEGURIDAD

El Índice de Paz 2018, elaborado por el Instituto para la Economía y la Paz, estimó que en México el impacto económico de la violencia durante 2017, ascendió a 249 mil millones de dólares, equivalente al 21 por ciento del Producto Interno Bruto de la nación.

Para la educación se destina solamente el 2.5 por ciento del PIB, estos datos comparativos dan la idea de la gravedad del problema.

La violencia costó, durante 2017, mil 832 dólares a cada uno de los 120 millones de mexicanos, equivalente a 34 mil 808 pesos, casi el salario mínimo anual.

De acuerdo con los especialistas en la materia, el deterioro de la paz en el país se debe en gran medida al aumento del 25 por ciento en la tasa de homicidios del año pasado, así como al incremento en la violencia armada por segundo año consecutivo.

A nadie extraña que el primer cuatrimestre de 2018 haya sido el más violento, según las cifras del Secretario Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública, que registró ocho mil 900 carpetas de investigación por homicidios dolosos, cifra superior a las siete mil 600 iniciadas en el mismo periodo del año pasado.

Ese organismo señaló que las personas privadas de la vida con arma de fuego, quemadas, mutiladas, ahorcadas y asfixiadas son el mayor número registrado en los últimos 20 años.

Cualquier ciudadano de intachable reputación que salga a la calle tiene el temor bien fundado de que puede ser asesinado, asaltado, secuestrado o tiroteado.

Hace dos décadas, la violencia se desbordaba en la nación. Daniel Arizmendi, alias “El Mochaorejas”, tenía aterrorizado al centro del país. Entonces, la gente salía a la calle en la primera gran marcha silenciosa encontra del crimen y para exigir justicia y seguridad.

Para el año 2000, los ciudadanos acudieron a las urnas y castigaron a los gobiernos priistas. Dieron la oportunidad a Vicente Fox que tampoco pudo resolver el problema. Por el contrario, se incrementó la ola de violencia.

Con Felipe Calderón, la impunidad llegó al clímax. Dejó 115 mil cadáveres esparcidos por todo el territorio nacional. Regresó el priismo en 2012 y la suerte de los mexicanos ha sido la misma. No han podido resolver el problema desde la Presidencia ni priistas ni panistas.


DOS PROYECTOS DE NACIÓN, CAUSANTES DE LA VIOLENCIA

Los estados donde se investigaron más homicidios entre enero y abril, son Baja California, Guerrero, Guanajuato, Estado de México, Jalisco, Veracruz, Chihuahua, Michoacán, Oaxaca y la Ciudad de México.

De septiembre a la fecha, han ocurrido más de 300 agresiones en contra de candidatos y autoridades de todos los niveles de gobierno. En ese periodo se registraron 95 asesinatos. Además, unos mil aspirantes federales y locales renunciaron por temor a la violencia.

El investigador de la Universidad Autónoma de Zacatecas, Rodolfo García Zamora dijo que:

“La violencia del proceso electoral actual podría explicarse por la pugna que existe en México, de dos proyectos de país distintos, donde los representantes de uno de estos proyectos nos quiere imponer una vez más el modelo caduco, que en la últimas tres décadas ha generado 56 millones de pobres, y recientemente 245 mil asesinatos, 35 mil desaparecidos y al menos 8 millones de jóvenes que ni estudian ni trabajan.”

El mismo investigador García Zamora señaló que “la situación actual en México es crítica y de ahí el rechazo generalizado contra toda la clase política, porque como decían los indignados en la puerta del sol, en Madrid España, en mayo del 2011, no nos representan en lo general, y las universidades públicas están hoy en el olvido por parte del gobierno federal, ya que este no es un modelo de país y de nación que quisiéramos.”

México es un país de malos manejos, caracterizado por la corrupción como nos lo recuerdan cada vez que estamos en foros internacionales. No creen el grado tan elevado de impunidad que hay en el país.

Los gobernantes no han podido enfrentar la política de asfixia financiera ni tampoco han podido construir un proyecto alternativo, porque no logran recuperar la unidad de los ciudadanos.

Obviamente se requieren administraciones sobrias, responsables y honestas y dejar de pensar que son caciques y dueños del país y sus habitantes.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.


manuelmejidot@gmail.com

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