Alejandro Alvarado

  / sábado 14 de julio de 2018

Alto poder

* AMLO podría retomar el liderazgo de Iberoamérica

* Los panistas tratan de impedir el mandato ciudadano

* La oposición al acechó del primer error de López Obrador


Los mexicanos decidieron entregar el 100 por ciento de sus facultades ciudadanas a un solo hombre.

Andrés Manuel López Obrador posiblemente haya ganado la elección más limpia y clara que haya existido en la vida democrática del país, recibió el apoyo de la gente para dejarle decisiones libres en ambas cámaras.

Extrañamente a lo que ocurre después de una jornada electoral, López Obrador y su Morena no recibieron ninguna impugnación ante el Instituto Nacional Electoral. Si el Partido Encuentro Social, que fue en alianza con Morena en estas elecciones, impugnó algunas casillas, fue sólo una estrategia con la ilusión de que en el recuento sumen más votos y logren conservar su registro.

El sistema de pesos y contrapesos que durante más de 50 años mantuvo al PRI en el gobierno fue desechado por los electores que vertieron en las urnas todo su enojo contra los gobiernos que los han traicionado y ya no los representan.

El nefasto líder del PAN, Damián Zepeda (que en realidad es una copia al carbón de Ricardo Anaya) exige al INE que evite un “fraude a la ley” que pretende Morena en el Congreso.

El panista considera ilegal que los diputados y senadores de Morena tengan “sobrerrepresentación” en el Congreso.

Es tan abyecta la pretensión de Zepeda que pretende, por medio de triquiñuelas, ir en contra del mandato contundente que concedió el pueblo en las urnas a Morena y sus candidatos.

Menos alocado en sus declaraciones, René Juárez Cisneros, presidente nacional del PRI, en una de sus patadas de ahogado dijo que el tricolor será una “oposición responsable”.

Lo importante es saber cómo será ese tipo de oposición sólo con 45 de 500 diputados y 13 senadores de 128.

El PRD, que vivió sus momentos de gloria cuando estaban Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador lo fundaron, este año prácticamente desapareció del mapa político.

Ahora ya no pelea por la Presidencia de Ricardo Anaya, sino simplemente para la vigencia de su registro como partido, porque no alcanzó ni el 2 por ciento en las urnas.


CORRUPCIÓN Y VIOLENCIA, URGENCIAS DEL NUEVO GOBIERNO

Javier Lafuente, corresponsal del diario español El País, escribió:

“El triunfo de López Obrador es la constatación de que el país exige a gritos un cambio. El hartazgo y el enojo con el sistema actual han podido más que cualquier otro factor. México le brinda la oportunidad a quien se lo había denegado en dos ocasiones. A los 64 años, el líder de Morena promete una transformación a la altura de la Independencia, la Reforma y la Revolución. A partir de ahora ya las grandilocuentes propuestas deberán ser aterrizadas. López Obrador deberá concretar cómo acabará con la corrupción más allá de la honestidad que promulga y tendrá que definir un plan para reducir los niveles de violencia.”

Sin embargo, ese apoyo popular tan avasallante tiene un precio muy alto. Todas las promesas hechas por López Obrador deben concretarse a la brevedad, sobre todo las que se refieren a la inseguridad, corrupción e impunidad.

No basta que el virtual presidente electo, en lo personal y hasta en lo familiar, sea intachable y no acepte proteger ningún acto en el que tengan que ver los “moches” y las “raterías”.

Los morenistas en el gobierno deben implementar cuanto antes los mecanismos para cortar las uñas a los miles de funcionarios públicos de todos los niveles que se dedican, irresponsable y alegremente, a robarse el dinero de las arcas.

Con el triunfo no debe olvidarse que quien habla de honestidad, no solo debe poner el ejemplo sino rodearse de funcionarios impolutos que no puedan ser señalados ni cuestionados por los grupos políticos desplazados del poder con la elección del pasado 1 de julio.

Los pocos opositores que tiene López Obrador (pero que manejan los grupos donde hay mayor poder como son los empresarios, los viejos priistas y los panistas de ultraderecha) estarán vigilantes de todas las decisiones que tome el nuevo presidente.

Buscarán con lupa cualquier posible desliz de los colaboradores del primer círculo de AMLO. Los enemigos políticos no se han retirado. Siguen al acecho y a la espera de que López Obrador cometa su primer error, para devorarlo como pirañas.


EL SOMETIDO DONALD TRUMP

Aquella crítica de que Andrés Manuel sería el nuevo Maduro, ya quedó en el olvido porque el primer jefe de Estado que lo felicitó por su triunfo electoral fue Donald Trump, el más derechista de todos los derechistas y que ayer envió a México a su yerno, Jared Kushner, para preparar un primer encuentro con el mexicano que doblegó al PRIAN.

La línea política con los Estados Unidos yala dejó bien clara AMLO porque insistió que en esa reunión se hablará de temas migratorios, pero no del muro. La comitiva estadounidense será recibida en su casa de campaña, no en su rancho (como Fox recibió a Busch) ni en Los Pinos (como Peña recibió a Trump cuando era candidato a la Casa Blanca).

Andrés Manuel está apareciendo ya como el líder de la región iberoamericana, imagen desaparecida desde el gobierno de Luis Echeverría. Está bien claro que la política exterior mexicana volverá a la línea de la Doctrina Estrada, que establece la autodeterminación y la no intervención de los Estados.

La invitación a su toma de protesta el 1 de diciembre está abierta para todos los jefes de Estado, porque lo mismo podría venir Donald Trump que Nicolás Maduro. Los dos enemigos en el mismo foro.

No se le puede exigir a AMLO que defina públicamente cómo será su gobierno y hasta quiénes serán investigados por corruptelas en el gobierno de Peña Nieto, hasta que no se cruce en el pecho la banda presidencial.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.


manuelmejidot@gmail.com

* AMLO podría retomar el liderazgo de Iberoamérica

* Los panistas tratan de impedir el mandato ciudadano

* La oposición al acechó del primer error de López Obrador


Los mexicanos decidieron entregar el 100 por ciento de sus facultades ciudadanas a un solo hombre.

Andrés Manuel López Obrador posiblemente haya ganado la elección más limpia y clara que haya existido en la vida democrática del país, recibió el apoyo de la gente para dejarle decisiones libres en ambas cámaras.

Extrañamente a lo que ocurre después de una jornada electoral, López Obrador y su Morena no recibieron ninguna impugnación ante el Instituto Nacional Electoral. Si el Partido Encuentro Social, que fue en alianza con Morena en estas elecciones, impugnó algunas casillas, fue sólo una estrategia con la ilusión de que en el recuento sumen más votos y logren conservar su registro.

El sistema de pesos y contrapesos que durante más de 50 años mantuvo al PRI en el gobierno fue desechado por los electores que vertieron en las urnas todo su enojo contra los gobiernos que los han traicionado y ya no los representan.

El nefasto líder del PAN, Damián Zepeda (que en realidad es una copia al carbón de Ricardo Anaya) exige al INE que evite un “fraude a la ley” que pretende Morena en el Congreso.

El panista considera ilegal que los diputados y senadores de Morena tengan “sobrerrepresentación” en el Congreso.

Es tan abyecta la pretensión de Zepeda que pretende, por medio de triquiñuelas, ir en contra del mandato contundente que concedió el pueblo en las urnas a Morena y sus candidatos.

Menos alocado en sus declaraciones, René Juárez Cisneros, presidente nacional del PRI, en una de sus patadas de ahogado dijo que el tricolor será una “oposición responsable”.

Lo importante es saber cómo será ese tipo de oposición sólo con 45 de 500 diputados y 13 senadores de 128.

El PRD, que vivió sus momentos de gloria cuando estaban Cuauhtémoc Cárdenas, Porfirio Muñoz Ledo y Andrés Manuel López Obrador lo fundaron, este año prácticamente desapareció del mapa político.

Ahora ya no pelea por la Presidencia de Ricardo Anaya, sino simplemente para la vigencia de su registro como partido, porque no alcanzó ni el 2 por ciento en las urnas.


CORRUPCIÓN Y VIOLENCIA, URGENCIAS DEL NUEVO GOBIERNO

Javier Lafuente, corresponsal del diario español El País, escribió:

“El triunfo de López Obrador es la constatación de que el país exige a gritos un cambio. El hartazgo y el enojo con el sistema actual han podido más que cualquier otro factor. México le brinda la oportunidad a quien se lo había denegado en dos ocasiones. A los 64 años, el líder de Morena promete una transformación a la altura de la Independencia, la Reforma y la Revolución. A partir de ahora ya las grandilocuentes propuestas deberán ser aterrizadas. López Obrador deberá concretar cómo acabará con la corrupción más allá de la honestidad que promulga y tendrá que definir un plan para reducir los niveles de violencia.”

Sin embargo, ese apoyo popular tan avasallante tiene un precio muy alto. Todas las promesas hechas por López Obrador deben concretarse a la brevedad, sobre todo las que se refieren a la inseguridad, corrupción e impunidad.

No basta que el virtual presidente electo, en lo personal y hasta en lo familiar, sea intachable y no acepte proteger ningún acto en el que tengan que ver los “moches” y las “raterías”.

Los morenistas en el gobierno deben implementar cuanto antes los mecanismos para cortar las uñas a los miles de funcionarios públicos de todos los niveles que se dedican, irresponsable y alegremente, a robarse el dinero de las arcas.

Con el triunfo no debe olvidarse que quien habla de honestidad, no solo debe poner el ejemplo sino rodearse de funcionarios impolutos que no puedan ser señalados ni cuestionados por los grupos políticos desplazados del poder con la elección del pasado 1 de julio.

Los pocos opositores que tiene López Obrador (pero que manejan los grupos donde hay mayor poder como son los empresarios, los viejos priistas y los panistas de ultraderecha) estarán vigilantes de todas las decisiones que tome el nuevo presidente.

Buscarán con lupa cualquier posible desliz de los colaboradores del primer círculo de AMLO. Los enemigos políticos no se han retirado. Siguen al acecho y a la espera de que López Obrador cometa su primer error, para devorarlo como pirañas.


EL SOMETIDO DONALD TRUMP

Aquella crítica de que Andrés Manuel sería el nuevo Maduro, ya quedó en el olvido porque el primer jefe de Estado que lo felicitó por su triunfo electoral fue Donald Trump, el más derechista de todos los derechistas y que ayer envió a México a su yerno, Jared Kushner, para preparar un primer encuentro con el mexicano que doblegó al PRIAN.

La línea política con los Estados Unidos yala dejó bien clara AMLO porque insistió que en esa reunión se hablará de temas migratorios, pero no del muro. La comitiva estadounidense será recibida en su casa de campaña, no en su rancho (como Fox recibió a Busch) ni en Los Pinos (como Peña recibió a Trump cuando era candidato a la Casa Blanca).

Andrés Manuel está apareciendo ya como el líder de la región iberoamericana, imagen desaparecida desde el gobierno de Luis Echeverría. Está bien claro que la política exterior mexicana volverá a la línea de la Doctrina Estrada, que establece la autodeterminación y la no intervención de los Estados.

La invitación a su toma de protesta el 1 de diciembre está abierta para todos los jefes de Estado, porque lo mismo podría venir Donald Trump que Nicolás Maduro. Los dos enemigos en el mismo foro.

No se le puede exigir a AMLO que defina públicamente cómo será su gobierno y hasta quiénes serán investigados por corruptelas en el gobierno de Peña Nieto, hasta que no se cruce en el pecho la banda presidencial.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.


manuelmejidot@gmail.com

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