/ sábado 18 de mayo de 2019

Alto poder

* ¿Cómo revivir y recuperar al agonizante Pemex?

* La pesadilla petrolera que asustó a Ernesto Zedillo

* En banca rota, todos quieren opinar sobre el petróleo

Es casi imposible vaticinar cuál será el camino que Pemex debe tomar para evitar hundirse en el pantano de un fracaso que ya no se puede permitir.

La privatización de la industria petrolera ha tomado carta de naturalización en México, desde 1913 cuando las compañías extranjeras gozaban de extraterritorialidad y se regían por sus propias leyes.

Por décadas, se mantuvo la dependencia del gobierno y el pueblo, de las concesiones otorgadas por camarillas, que lo único que querían era el lucro personal.

Así estaban las cosas en el país, hasta que llegó el presidente Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938 y proclamó la expropiación petrolera, que ahora es vista como una decisión populista, nacionalista y equivocada.

La realidad es que Cárdenas del Río resistió en carne propia la discriminación de los mexicanos que hacían los extranjeros propietarios de las empresas que explotaban el subsuelo de México, que irresponsablemente se les había otorgado.

Poco antes de ser Presidente, Lázaro Cárdenas quiso hacer una visita a las instalaciones de la compañía petrolera El Águila en Tamaulipas, cuando ya era Jefe de las Operaciones Militares de la Región Huasteca Veracruzana y se lo impidieron las guardias blancas (ahora llamados escoltas) de la empresa extranjera.

De ese tamaño se las gastaban los petroleros, para negarle la entrada a territorio mexicano a un General en Jefe de la zona militar.

Como buitres en busca de carne descompuesta las compañías petroleras extranjeras y un grupo de millonarios y ambiciosos mexicanos, después de mucho esperar, empezaron muy despacio a cambiar la fisonomía y la letra de la Constitución.

MÉXICO EN VENTA DE GARAGE


En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se privatizaron y desincorporaron del Estado 390 empresas, o sea el 63 por ciento de las hasta entonces existentes.

Al final del gobierno salinista, el número de mexicanos más ricos del mundo registrados por la revista Forbes, pasó de una familia, los Garza Sada, a 23 clanes multimillonarios que sumaron, en conjunto, 41 mil 900 millones de dólares. Ese mismo año, inició una crisis financiera que disparó el índice de pobreza al 69 por ciento de los mexicanos.

Con Ernesto Zedillo (1994-2000) se iniciaron los cambios constitucionales para acabar con el control del Estado sobre la industria eléctrica relacionada con la petrolera. Un primer paso fue separar la industria petroquímica en básica y secundaria. Esta última quedaría abierta a la explotación privada.

El argumento de Zedillo para abrir el sector energético fue enfrentar los “errores de diciembre”, las crisis financiera y económica mayúsculas que heredó del salinismo.

El siglo XXI en México empezó con un cambio. La llegada de un empresario a la Presidencia de la República, Vicente Fox (2000-2006), un hombre con poca cultura y mucha ambición.

Fox intentó modificar la estructura financiera de Pemex, para que operara como una empresa, con todos los fines de lucro particulares, que caracterizan a ese sector. Sin embargo, sólo envió al Congreso una propuesta de reforma al sector eléctrico que fue rechazada, por su mal planteamiento ante el Congreso.

Siguió el panismo en Los Pinos con Felipe Calderón (2006-2012) quien intentó impulsar una reforma energética integral, pero apenas consiguió que el Congreso avalara cambios constitucionales “light”, por las presiones que generaron las marchas y protestas encabezadas por el entonces luchador social Andrés Manuel López Obrador, a quien Calderón junto con Fox, Marta Sahagún y Luis Carlos Ugalde, le robaron una Presidencia que ganó en las urnas y para recuperarla tuvo que esperar 12 años más.

PEÑA CONCRETÓ EL SUEÑO PRIVATIZADOR


Enrique Peña Nieto (2012-2018) regresó al PRI neoliberal a la Presidencia, con todo y sus viejas mañas. Gracias al Pacto por México que firmó con los partidos de oposición, consiguió que el Congreso avalara cambios constitucionales en la reforma energética tan drásticos que hasta el propio expresidente y padre de la privatización, Ernesto Zedillo, reconoció durante una conferencia en Nueva York, que ni en sus “más salvajes pesadillas” hubiera imaginado una reforma como la de Peña Nieto.

Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad han sido muy apetecibles para los tiburones financieros internacionales, no obstante que es bien sabido que en ambas empresas, a base de comprarle sus acciones al General Taylor (propietario de la Compañía Mexicana de Luz Y Fuerza del Centro) se dejó al borde del precipicio y de la voracidad a Pemex.

El descaro y la rebatinga por el petróleo empieza por empleados y exempleados del gobierno, como son los casos de José Córdova Montoya que de la Oficina de la Presidencia pasó a ser propietario de la Empresa de Energía S.A. de C.V.; Jesús Reyes Heroles, exsecretario general de Pemex con Salinas, Zedillo y Calderón, pertenece al consejo directivo de Energy Intelligence Group, Morgan Stanley Energy, Partners Mitsui de México y el Centro Mario Molina.

También están Carlos Ruiz Sacristán, quien fuera secretario de Comunicaciones y Transportes con Zedillo, actualmente preside el consejo de administración de IEnova; Luis Téllez, essecretario de Energía, es asesor en Kohlberg Kravis Roberts; o Alfredo Elías Ayub, ex director CFE con Zedillo, Fox y Calderón, es consejero independiente de Avangrid.

En la petrolera Avangrid, también funge como asesor el expresidente Felipe Calderón.

Lo que se advierte en el descaro de exfuncionarios sirviendo a compañías extranjeras, sólo puede ser posible en un país como México, donde el dinero está por encima de la vergüenza y de la honorabilidad.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

* ¿Cómo revivir y recuperar al agonizante Pemex?

* La pesadilla petrolera que asustó a Ernesto Zedillo

* En banca rota, todos quieren opinar sobre el petróleo

Es casi imposible vaticinar cuál será el camino que Pemex debe tomar para evitar hundirse en el pantano de un fracaso que ya no se puede permitir.

La privatización de la industria petrolera ha tomado carta de naturalización en México, desde 1913 cuando las compañías extranjeras gozaban de extraterritorialidad y se regían por sus propias leyes.

Por décadas, se mantuvo la dependencia del gobierno y el pueblo, de las concesiones otorgadas por camarillas, que lo único que querían era el lucro personal.

Así estaban las cosas en el país, hasta que llegó el presidente Lázaro Cárdenas el 18 de marzo de 1938 y proclamó la expropiación petrolera, que ahora es vista como una decisión populista, nacionalista y equivocada.

La realidad es que Cárdenas del Río resistió en carne propia la discriminación de los mexicanos que hacían los extranjeros propietarios de las empresas que explotaban el subsuelo de México, que irresponsablemente se les había otorgado.

Poco antes de ser Presidente, Lázaro Cárdenas quiso hacer una visita a las instalaciones de la compañía petrolera El Águila en Tamaulipas, cuando ya era Jefe de las Operaciones Militares de la Región Huasteca Veracruzana y se lo impidieron las guardias blancas (ahora llamados escoltas) de la empresa extranjera.

De ese tamaño se las gastaban los petroleros, para negarle la entrada a territorio mexicano a un General en Jefe de la zona militar.

Como buitres en busca de carne descompuesta las compañías petroleras extranjeras y un grupo de millonarios y ambiciosos mexicanos, después de mucho esperar, empezaron muy despacio a cambiar la fisonomía y la letra de la Constitución.

MÉXICO EN VENTA DE GARAGE


En el sexenio de Carlos Salinas de Gortari (1988-1994) se privatizaron y desincorporaron del Estado 390 empresas, o sea el 63 por ciento de las hasta entonces existentes.

Al final del gobierno salinista, el número de mexicanos más ricos del mundo registrados por la revista Forbes, pasó de una familia, los Garza Sada, a 23 clanes multimillonarios que sumaron, en conjunto, 41 mil 900 millones de dólares. Ese mismo año, inició una crisis financiera que disparó el índice de pobreza al 69 por ciento de los mexicanos.

Con Ernesto Zedillo (1994-2000) se iniciaron los cambios constitucionales para acabar con el control del Estado sobre la industria eléctrica relacionada con la petrolera. Un primer paso fue separar la industria petroquímica en básica y secundaria. Esta última quedaría abierta a la explotación privada.

El argumento de Zedillo para abrir el sector energético fue enfrentar los “errores de diciembre”, las crisis financiera y económica mayúsculas que heredó del salinismo.

El siglo XXI en México empezó con un cambio. La llegada de un empresario a la Presidencia de la República, Vicente Fox (2000-2006), un hombre con poca cultura y mucha ambición.

Fox intentó modificar la estructura financiera de Pemex, para que operara como una empresa, con todos los fines de lucro particulares, que caracterizan a ese sector. Sin embargo, sólo envió al Congreso una propuesta de reforma al sector eléctrico que fue rechazada, por su mal planteamiento ante el Congreso.

Siguió el panismo en Los Pinos con Felipe Calderón (2006-2012) quien intentó impulsar una reforma energética integral, pero apenas consiguió que el Congreso avalara cambios constitucionales “light”, por las presiones que generaron las marchas y protestas encabezadas por el entonces luchador social Andrés Manuel López Obrador, a quien Calderón junto con Fox, Marta Sahagún y Luis Carlos Ugalde, le robaron una Presidencia que ganó en las urnas y para recuperarla tuvo que esperar 12 años más.

PEÑA CONCRETÓ EL SUEÑO PRIVATIZADOR


Enrique Peña Nieto (2012-2018) regresó al PRI neoliberal a la Presidencia, con todo y sus viejas mañas. Gracias al Pacto por México que firmó con los partidos de oposición, consiguió que el Congreso avalara cambios constitucionales en la reforma energética tan drásticos que hasta el propio expresidente y padre de la privatización, Ernesto Zedillo, reconoció durante una conferencia en Nueva York, que ni en sus “más salvajes pesadillas” hubiera imaginado una reforma como la de Peña Nieto.

Petróleos Mexicanos y la Comisión Federal de Electricidad han sido muy apetecibles para los tiburones financieros internacionales, no obstante que es bien sabido que en ambas empresas, a base de comprarle sus acciones al General Taylor (propietario de la Compañía Mexicana de Luz Y Fuerza del Centro) se dejó al borde del precipicio y de la voracidad a Pemex.

El descaro y la rebatinga por el petróleo empieza por empleados y exempleados del gobierno, como son los casos de José Córdova Montoya que de la Oficina de la Presidencia pasó a ser propietario de la Empresa de Energía S.A. de C.V.; Jesús Reyes Heroles, exsecretario general de Pemex con Salinas, Zedillo y Calderón, pertenece al consejo directivo de Energy Intelligence Group, Morgan Stanley Energy, Partners Mitsui de México y el Centro Mario Molina.

También están Carlos Ruiz Sacristán, quien fuera secretario de Comunicaciones y Transportes con Zedillo, actualmente preside el consejo de administración de IEnova; Luis Téllez, essecretario de Energía, es asesor en Kohlberg Kravis Roberts; o Alfredo Elías Ayub, ex director CFE con Zedillo, Fox y Calderón, es consejero independiente de Avangrid.

En la petrolera Avangrid, también funge como asesor el expresidente Felipe Calderón.

Lo que se advierte en el descaro de exfuncionarios sirviendo a compañías extranjeras, sólo puede ser posible en un país como México, donde el dinero está por encima de la vergüenza y de la honorabilidad.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com