/ sábado 1 de junio de 2019

Alto poder

* Antes morían por la inseguridad, ahora por falta de medicina

* AMLO tiene poco tiempo para cambiar los malos programas

* Buenrostro, de Hacienda, entre las mujeres más poderosas

A Andrés Manuel López Obrador no lo harán cambiar, porque se forjó en la necedad y el arrebato. Sus decisiones de marcha y contramarcha son frecuentes, inclusive en un país que busca un cambio que liquide los más de 70 años del nefasto PRI-panismo.

También está acostumbrado a defenderse verbalmente de sus adversarios, que suele acumular por sus controvertidas decisiones, propuestas y respuestas ante los constantes ataques.

Si como político sin cargo alguno levantó ámpulas y generó malestar entre la gente del poder y el dinero, como Presidente de la República era lógico que AMLO continuara en la misma línea de confrontaciones, a veces certeras y otras equivocadas.

Desde el 1 de julio del año pasado, cuando el INE y sus adversarios aceptaron el triunfo de López Obrador, su mensaje frente a Palacio Nacional ocasionó las críticas y advertencias de un populismo que está a favor del pueblo, como su definición lo contempla, porque es populista todo aquel que se acerca al pueblo y gobierna con su apoyo.

Hoy se cumplen seis meses del primer gobierno verdaderamente popular y de izquierda. Muchas fueron sus promesas acumuladas durante tres campañas presidenciales, en 12 años, lo cual generó una gran expectativa del pueblo en sus promesas.

Fueron más de siete décadas de malos gobiernos y peores decisiones, y resultará imposible que en un sexenio se remedien los profundos estragos que heredaron y sobre los que formaron al país y sus ciudadanos.

Son tres las prioridades que debe atender cualquier gobierno. Primero, la seguridad de la vida y la hacienda de los ciudadanos (como lo mandata la Constitución); segundo, la salud, a la que todo mexicano tiene derecho desde el momento en que nace; y, tercero, la educación, de la que se desprenden los principios y valores de una sociedad bien organizada.

Esos tres principios fueron mal atendidos por los anteriores gobiernos, que se dedicaron primordialmente a vaciar las arcas de la nación y engrosar sus cuentas bancarias particulares.

ANTE AUMENTO DE HOMICIDIOS, NO CABE LA AMNISTÍA


A su llagada a la Presidencia, López Obrador supo que el país estaba inmerso en un grave problema de inseguridad, porque la corrupción y la impunidad han ido de la mano durante los últimos decenios. Las cifras de muretes y asesinatos se incrementaron, principalmente, desde el gobierno de Ernesto Zedillo, llegando a su punto máximo con Enrique Peña Nieto.

Antes, la delincuencia estaba absolutamente controlada, y cuando gobernaba Manuel Ávila Camacho (1940-1946) a los asesinos, parricidas, secuestradores y toda la ponzoña de la sociedad se le aplicaba “inocentemente” la ley fuga. Morían los delincuentes por la mano justiciera y el país marchó adecuadamente.

El secuestro del niño Fernando Bohigas Lomelí ocurrió en 1945, conmocionó de tal manera al pueblo de México que no se hablaba más que del castigo que pedía el pueblo para los plagiarios. Hoy, esos delincuentes parecen estrellas cinematográficas, porque por desgracia los medios de comunicación encontraron un suculento espacio informativo para quienes quebrantan la ley y una ausencia de valores y de rechazo a la injusticia.

La llegada de López Obrador al frente de la nación, provocó un incremento en la violencia en el país. En el discurso ha mantenido su propuesta de ofrecer amnistía, pero en las calles se han registrado en los primeros cinco meses de su gobierno 14 mil 510 personas asesinadas, lo que representa un incremento del 43.6 por ciento en la tasa de asesinatos en comparación con el arranque del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Con estas cifras es imposible hablar de amnistía. Con los delincuentes debe de aplicarse la ley y garantizar la seguridad. Al pueblo no le importa si por las buenas o por las malas se consigue la paz, lo único que quiere es poder salir a la calle y no ser asaltado, secuestrado o asesinado.

MUERES EN UN ASALTO O EN EL HOSPITAL


Otra ámpula que levantó AMLO fue en el sector salud. Para empezar, recortó varios miles de millones de pesos a este rubro, que impactó en la compra de medicamentos y material quirúrgico, el pago a médicos y becas a pasantes, además de eliminar recursos para hospitales generales y de alta especialidad.

Por ejemplo, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición ‘Salvador Zubirán’, sufrió el recorte presupuestal de 147 millones 869 mil 471 pesos este año, por lo cual dejará de atender al 30 por ciento de los pacientes, quienes se quedarán sin atención porque sus parientes no tienen los recursos para cubrir los gastos de costosísima medicina privada.

A este debe sumarse la falta de pago y el recorte a las becas de los médicos residentes, quienes en su servicio social reciben una ayuda de 3 mil 200 pesos mensuales y ahora será de sólo mil 600 pesos. A ver si un presupuesto así le alcanza a quien realiza estos recortes.

El responsable de estas apresuradas decisiones sólo es el Presidente López Obrador. Nadie más, porque no se le ocurre a ninguna persona del sector salud darse un tiro en el pie e imponer su propio recorte de salario.

Si bien es cierto que las compras de todas las secretarías se realizaban amañada y anárquicamente, la decisión presidencial de volver ese río desbordado a su cauce ha generado graves problemas de operación en el sector salud del país, que pone en riesgo la vida de millones de enfermos.

Raquel Buenrostro, titular de la Oficialía Mayor de Hacienda, es la encargada de esta titánica labor que también le dará gran poderío entre los proveedores, que seguramente buscarán acercarse a la poderosa dama.

Para regularizar el abasto de medicamentos en el IMSS, ISSSTE y de Salud, no puede pasar más de un mes, porque la vida de los mexicanos no puede estar en juego ni en cambios de poder.

Los mexicanos ya no sólo tienen miedo a morir en un asalto, ahora les preocupa que la muerte les llegue en la cama de un hospital por falta de atención.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

* Antes morían por la inseguridad, ahora por falta de medicina

* AMLO tiene poco tiempo para cambiar los malos programas

* Buenrostro, de Hacienda, entre las mujeres más poderosas

A Andrés Manuel López Obrador no lo harán cambiar, porque se forjó en la necedad y el arrebato. Sus decisiones de marcha y contramarcha son frecuentes, inclusive en un país que busca un cambio que liquide los más de 70 años del nefasto PRI-panismo.

También está acostumbrado a defenderse verbalmente de sus adversarios, que suele acumular por sus controvertidas decisiones, propuestas y respuestas ante los constantes ataques.

Si como político sin cargo alguno levantó ámpulas y generó malestar entre la gente del poder y el dinero, como Presidente de la República era lógico que AMLO continuara en la misma línea de confrontaciones, a veces certeras y otras equivocadas.

Desde el 1 de julio del año pasado, cuando el INE y sus adversarios aceptaron el triunfo de López Obrador, su mensaje frente a Palacio Nacional ocasionó las críticas y advertencias de un populismo que está a favor del pueblo, como su definición lo contempla, porque es populista todo aquel que se acerca al pueblo y gobierna con su apoyo.

Hoy se cumplen seis meses del primer gobierno verdaderamente popular y de izquierda. Muchas fueron sus promesas acumuladas durante tres campañas presidenciales, en 12 años, lo cual generó una gran expectativa del pueblo en sus promesas.

Fueron más de siete décadas de malos gobiernos y peores decisiones, y resultará imposible que en un sexenio se remedien los profundos estragos que heredaron y sobre los que formaron al país y sus ciudadanos.

Son tres las prioridades que debe atender cualquier gobierno. Primero, la seguridad de la vida y la hacienda de los ciudadanos (como lo mandata la Constitución); segundo, la salud, a la que todo mexicano tiene derecho desde el momento en que nace; y, tercero, la educación, de la que se desprenden los principios y valores de una sociedad bien organizada.

Esos tres principios fueron mal atendidos por los anteriores gobiernos, que se dedicaron primordialmente a vaciar las arcas de la nación y engrosar sus cuentas bancarias particulares.

ANTE AUMENTO DE HOMICIDIOS, NO CABE LA AMNISTÍA


A su llagada a la Presidencia, López Obrador supo que el país estaba inmerso en un grave problema de inseguridad, porque la corrupción y la impunidad han ido de la mano durante los últimos decenios. Las cifras de muretes y asesinatos se incrementaron, principalmente, desde el gobierno de Ernesto Zedillo, llegando a su punto máximo con Enrique Peña Nieto.

Antes, la delincuencia estaba absolutamente controlada, y cuando gobernaba Manuel Ávila Camacho (1940-1946) a los asesinos, parricidas, secuestradores y toda la ponzoña de la sociedad se le aplicaba “inocentemente” la ley fuga. Morían los delincuentes por la mano justiciera y el país marchó adecuadamente.

El secuestro del niño Fernando Bohigas Lomelí ocurrió en 1945, conmocionó de tal manera al pueblo de México que no se hablaba más que del castigo que pedía el pueblo para los plagiarios. Hoy, esos delincuentes parecen estrellas cinematográficas, porque por desgracia los medios de comunicación encontraron un suculento espacio informativo para quienes quebrantan la ley y una ausencia de valores y de rechazo a la injusticia.

La llegada de López Obrador al frente de la nación, provocó un incremento en la violencia en el país. En el discurso ha mantenido su propuesta de ofrecer amnistía, pero en las calles se han registrado en los primeros cinco meses de su gobierno 14 mil 510 personas asesinadas, lo que representa un incremento del 43.6 por ciento en la tasa de asesinatos en comparación con el arranque del gobierno de Enrique Peña Nieto.

Con estas cifras es imposible hablar de amnistía. Con los delincuentes debe de aplicarse la ley y garantizar la seguridad. Al pueblo no le importa si por las buenas o por las malas se consigue la paz, lo único que quiere es poder salir a la calle y no ser asaltado, secuestrado o asesinado.

MUERES EN UN ASALTO O EN EL HOSPITAL


Otra ámpula que levantó AMLO fue en el sector salud. Para empezar, recortó varios miles de millones de pesos a este rubro, que impactó en la compra de medicamentos y material quirúrgico, el pago a médicos y becas a pasantes, además de eliminar recursos para hospitales generales y de alta especialidad.

Por ejemplo, el Instituto Nacional de Ciencias Médicas y Nutrición ‘Salvador Zubirán’, sufrió el recorte presupuestal de 147 millones 869 mil 471 pesos este año, por lo cual dejará de atender al 30 por ciento de los pacientes, quienes se quedarán sin atención porque sus parientes no tienen los recursos para cubrir los gastos de costosísima medicina privada.

A este debe sumarse la falta de pago y el recorte a las becas de los médicos residentes, quienes en su servicio social reciben una ayuda de 3 mil 200 pesos mensuales y ahora será de sólo mil 600 pesos. A ver si un presupuesto así le alcanza a quien realiza estos recortes.

El responsable de estas apresuradas decisiones sólo es el Presidente López Obrador. Nadie más, porque no se le ocurre a ninguna persona del sector salud darse un tiro en el pie e imponer su propio recorte de salario.

Si bien es cierto que las compras de todas las secretarías se realizaban amañada y anárquicamente, la decisión presidencial de volver ese río desbordado a su cauce ha generado graves problemas de operación en el sector salud del país, que pone en riesgo la vida de millones de enfermos.

Raquel Buenrostro, titular de la Oficialía Mayor de Hacienda, es la encargada de esta titánica labor que también le dará gran poderío entre los proveedores, que seguramente buscarán acercarse a la poderosa dama.

Para regularizar el abasto de medicamentos en el IMSS, ISSSTE y de Salud, no puede pasar más de un mes, porque la vida de los mexicanos no puede estar en juego ni en cambios de poder.

Los mexicanos ya no sólo tienen miedo a morir en un asalto, ahora les preocupa que la muerte les llegue en la cama de un hospital por falta de atención.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

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