/ sábado 6 de enero de 2018

Alto poder | A Ricardo Anaya ya lo llaman el “hitlercito” por autoritario

El 2017 será recordado como uno de los años más violentos en México. La cifra roja dejó mil 844 feminicidios, 13 trabajadores de medios de comunicación (según la Federación Internacional de Periodistas) y nueve alcaldes asesinados. Un saldo total de 12 mil 532 muertes violentas.

En lo económico la situación también es negativa. El Banco de México prevé una inflación anual de 6.63%, el dólar cerró su cotización rondando los 20 pesos y es poco probable que regrese siquiera a los 16. El litro de gasolina se vende en más de 16.30 pesos y el kilo de tortilla hasta en 17 pesos en algunos estados.

Ante estos escenarios, violentos e inestables, debe sumársele la contienda electoral que se llevará a cabo el 1 de julio pero que ya arrancó con campañas de desprestigio, sin contenido ni propuestas. Nueve partidos de distintas ideologías se dividieron en tres coaliciones para ofrecer lo mismo y tratar de imponer al elegido entre una triada de políticos para gobernar los próximos seis años.

Quienes buscan una candidatura independiente es prácticamente imposible que alguno llegue a la Presidencia, porque, para empezar, ya batallan para cumplir con el requisito de reunir las 866 mil firmas en todo el país y lograr el registro que les permita aparecer en la boleta electoral.

Este año que apenas empieza, los legisladores (que siguen de vacaciones) deberán tomar importantes decisiones. Elegirán por primera ocasión a dos fiscales de vital importancia para el avance de la nación, como son el General de la República (porque desaparecerá el procurador) y el Anticorrupción.

En los medios de comunicación nacionales, y hasta en algunos internacionales, se presenta a Andrés Manuel López Obrador como un peligro para México, casi como el anti Cristo para los cristianos. Del tabasqueño se dicen y escriben los peores pronósticos en caso de llegar a la Presidencia.

ANAYA, EL VERDADERO PELIGRO PARA MÉXICO

Sin embargo, permanece agazapado a la espera de tirar un zarpazo brutal sobre la República, el precandidato presidencial de la coalición “Por México al frente”, Ricardo Anaya, que ya se le ha empezado a catalogar como el “hitlercito” por las fuerzas liberales de la nación.

Anaya Cortés es un camaleón por su mimetismo de confundirse entre izquierdistas y engañar a los derechistas para conseguir su objetivo primordial, que es sentarse en la silla Presidencial.

El precandidato de una derecha y una izquierda oportunistas que pretenden ganar la Presidencia sacrificando sus principios políticos y sociales que movieron tanto al PRD como al PAN en los años en que no se cambiaba el ideario político por el devaluado peso, pretende ser el dios de la fortuna cuando sobre su espalda lleva a un pueblo infortunado.

El pequeño Anaya representa un grave peligro para México, porque trata de confundir sus mezquinos intereses personales con lo que la nación requiere para salir delante de la grave crisis política, económica y social en que se encuentra.

Si el poder corrompe la máxima expresión de esta verdad, es Anaya que ya está sumido hasta la ignominia en una corrupción parlanchina que busca alcanzar la seriedad que requiere un país acongojado.

Con razón se le empieza a llamar el “hitlercito”, porque su ambición de poder no tiene límites ni respeto por los derechos humanos. Valen lo mismo para Anaya un muerto por causas políticas que un político que manda matar por enriquecimiento personal.

El panista ya se sabe candidato de la coalición y se siente Presidente de la República. Cuando López Obrador y Meade arrancaron sus campañas internas y las continuaron hasta el último día del año, Anaya vacacionó desde el 22 de diciembre hasta el 3 de enero, como si México estuviese en condiciones de que sus políticos, que cobran muy caro, se dedicaran a cultivar el ocio.

PODER Y DINERO, LOS ATRIBUTOS PRIISTAS

La intransigencia está siempre detrás de esa sonrisa hipócrita, fingida y socarrona que exhibe Anaya en sus actos de campaña y en su vida personal. No es nadie y pretende serlo todo. Quiere ser el Padre Nuestro de todos los mexicanos, cuando todos tenemos padre y madre.

El verdadero peligro para México es Ricardo Anaya y, por desgracia, en el interior de muchos malos mexicanos, vive un pequeño Hitler. Tal y como ocurrió con el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. En ese caso, el nacionalismo a ultranza se impuso a la razón y ahora el pueblo estadounidense paga sus consecuencias.

El poder para alcanzar grandes realizaciones nacionales es bienvenido, de la misma forma en que es rechazado el poder mezquino y traidor al estilo de Anaya.

Hoy más que nunca, los mexicanos deben tener cuidado a quién dan su voto, porque cualquiera de los candidatos a la Presidencia, es mejor que Anaya, el de la sonrisa frígida que esconde maldad.

Andrés Manuel, líder de la izquierda nacional que se encuentra hasta 10 puntos por encima de José Antonio Meade, del PRI, cometió un grave desliz al unirse al Partido Encuentro Social (PES) que representa lo más conservador y perverso del ultraderechismo mexicano.

No menos desastrosa fue la candidatura de Morena del futbolista Cuauhtémoc Blanco a la gubernatura de Morelos.

Si hace seis años el infundio de que López Obrador recibía apoyo económico y de armamento de Venezuela, para apoderarse del gobierno mexicano, dio buen resultado a sus detractores, ahora esa misma arma no les alcanza para destruir al tabasqueño porque perdió el elemento sorpresa con el que se engañó al pueblo en el 2006.

La decisión de unir a Morena con el PES se recibió explosivamente por las izquierdas. Poco a poco ha venido aceptándose con la necesidad de echar al PRI de Los Pinos e impedir el regreso del PAN a la Residencia Oficial.

Las encuestas, hasta ahora, señalan a López Obrador a la cabeza de quienes serán los candidatos de las tres alianzas. Pero el dinero y la sagacidad del PRI, aunque tiene un candidato de poco arraigo popular, se puede imponer en el proceso electoral.

Los actos públicos del priismo no han cambiado y Meade Kuribreña se adecúa a ellos con dificultad, pero con buena disposición para resistir jalones, empujones y ruidos de matracas.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

El 2017 será recordado como uno de los años más violentos en México. La cifra roja dejó mil 844 feminicidios, 13 trabajadores de medios de comunicación (según la Federación Internacional de Periodistas) y nueve alcaldes asesinados. Un saldo total de 12 mil 532 muertes violentas.

En lo económico la situación también es negativa. El Banco de México prevé una inflación anual de 6.63%, el dólar cerró su cotización rondando los 20 pesos y es poco probable que regrese siquiera a los 16. El litro de gasolina se vende en más de 16.30 pesos y el kilo de tortilla hasta en 17 pesos en algunos estados.

Ante estos escenarios, violentos e inestables, debe sumársele la contienda electoral que se llevará a cabo el 1 de julio pero que ya arrancó con campañas de desprestigio, sin contenido ni propuestas. Nueve partidos de distintas ideologías se dividieron en tres coaliciones para ofrecer lo mismo y tratar de imponer al elegido entre una triada de políticos para gobernar los próximos seis años.

Quienes buscan una candidatura independiente es prácticamente imposible que alguno llegue a la Presidencia, porque, para empezar, ya batallan para cumplir con el requisito de reunir las 866 mil firmas en todo el país y lograr el registro que les permita aparecer en la boleta electoral.

Este año que apenas empieza, los legisladores (que siguen de vacaciones) deberán tomar importantes decisiones. Elegirán por primera ocasión a dos fiscales de vital importancia para el avance de la nación, como son el General de la República (porque desaparecerá el procurador) y el Anticorrupción.

En los medios de comunicación nacionales, y hasta en algunos internacionales, se presenta a Andrés Manuel López Obrador como un peligro para México, casi como el anti Cristo para los cristianos. Del tabasqueño se dicen y escriben los peores pronósticos en caso de llegar a la Presidencia.

ANAYA, EL VERDADERO PELIGRO PARA MÉXICO

Sin embargo, permanece agazapado a la espera de tirar un zarpazo brutal sobre la República, el precandidato presidencial de la coalición “Por México al frente”, Ricardo Anaya, que ya se le ha empezado a catalogar como el “hitlercito” por las fuerzas liberales de la nación.

Anaya Cortés es un camaleón por su mimetismo de confundirse entre izquierdistas y engañar a los derechistas para conseguir su objetivo primordial, que es sentarse en la silla Presidencial.

El precandidato de una derecha y una izquierda oportunistas que pretenden ganar la Presidencia sacrificando sus principios políticos y sociales que movieron tanto al PRD como al PAN en los años en que no se cambiaba el ideario político por el devaluado peso, pretende ser el dios de la fortuna cuando sobre su espalda lleva a un pueblo infortunado.

El pequeño Anaya representa un grave peligro para México, porque trata de confundir sus mezquinos intereses personales con lo que la nación requiere para salir delante de la grave crisis política, económica y social en que se encuentra.

Si el poder corrompe la máxima expresión de esta verdad, es Anaya que ya está sumido hasta la ignominia en una corrupción parlanchina que busca alcanzar la seriedad que requiere un país acongojado.

Con razón se le empieza a llamar el “hitlercito”, porque su ambición de poder no tiene límites ni respeto por los derechos humanos. Valen lo mismo para Anaya un muerto por causas políticas que un político que manda matar por enriquecimiento personal.

El panista ya se sabe candidato de la coalición y se siente Presidente de la República. Cuando López Obrador y Meade arrancaron sus campañas internas y las continuaron hasta el último día del año, Anaya vacacionó desde el 22 de diciembre hasta el 3 de enero, como si México estuviese en condiciones de que sus políticos, que cobran muy caro, se dedicaran a cultivar el ocio.

PODER Y DINERO, LOS ATRIBUTOS PRIISTAS

La intransigencia está siempre detrás de esa sonrisa hipócrita, fingida y socarrona que exhibe Anaya en sus actos de campaña y en su vida personal. No es nadie y pretende serlo todo. Quiere ser el Padre Nuestro de todos los mexicanos, cuando todos tenemos padre y madre.

El verdadero peligro para México es Ricardo Anaya y, por desgracia, en el interior de muchos malos mexicanos, vive un pequeño Hitler. Tal y como ocurrió con el triunfo de Donald Trump en Estados Unidos. En ese caso, el nacionalismo a ultranza se impuso a la razón y ahora el pueblo estadounidense paga sus consecuencias.

El poder para alcanzar grandes realizaciones nacionales es bienvenido, de la misma forma en que es rechazado el poder mezquino y traidor al estilo de Anaya.

Hoy más que nunca, los mexicanos deben tener cuidado a quién dan su voto, porque cualquiera de los candidatos a la Presidencia, es mejor que Anaya, el de la sonrisa frígida que esconde maldad.

Andrés Manuel, líder de la izquierda nacional que se encuentra hasta 10 puntos por encima de José Antonio Meade, del PRI, cometió un grave desliz al unirse al Partido Encuentro Social (PES) que representa lo más conservador y perverso del ultraderechismo mexicano.

No menos desastrosa fue la candidatura de Morena del futbolista Cuauhtémoc Blanco a la gubernatura de Morelos.

Si hace seis años el infundio de que López Obrador recibía apoyo económico y de armamento de Venezuela, para apoderarse del gobierno mexicano, dio buen resultado a sus detractores, ahora esa misma arma no les alcanza para destruir al tabasqueño porque perdió el elemento sorpresa con el que se engañó al pueblo en el 2006.

La decisión de unir a Morena con el PES se recibió explosivamente por las izquierdas. Poco a poco ha venido aceptándose con la necesidad de echar al PRI de Los Pinos e impedir el regreso del PAN a la Residencia Oficial.

Las encuestas, hasta ahora, señalan a López Obrador a la cabeza de quienes serán los candidatos de las tres alianzas. Pero el dinero y la sagacidad del PRI, aunque tiene un candidato de poco arraigo popular, se puede imponer en el proceso electoral.

Los actos públicos del priismo no han cambiado y Meade Kuribreña se adecúa a ellos con dificultad, pero con buena disposición para resistir jalones, empujones y ruidos de matracas.

Y hasta la próxima semana, en este mismo espacio.

manuelmejidot@gmail.com

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