/ jueves 19 de enero de 2023

Año nuevo

¿Es que en realidad comienza un año nuevo? Desde luego hay una renovación constante en todo pues nos rige, si cabe el término, una dialéctica infinita, recordando a Heráclito de Éfeso que decía que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río que no siempre es el mismo y que, sin embargo, lo es; ser y no ser en el dilema shakespeariano. Pero lo que se tilda de viejo no lo es tanto como algunos suponen. Cambian los ritos sociales o se modifican, lo que algunos llaman modas y que en realidad son modos de ser. ¿Cambia entonces el ser, la substancia? Lo evidente es que somos incambiables, ¿A qué me refiero y en consecuencia qué festejamos con el supuesto cambio? ¿O estamos festejando lo Eterno sin darnos cuenta cabal de ello?

No hay duda de que lo que era ayer ya no lo es más en infinidad de casos. Pero si bien nos fijamos cambia sólo la apariencia. ¿O el cómo vestían mis abuelos atiende a un llamado de fondo del ser humano? Lo que no se puede negar es que hay una renovación. Por ejemplo, los ritos prehispánicos en el llamado Cerro de la Estrella, de aparente destrucción de lo viejo para dar paso a lo nuevo, ¿no se llevaban a cabo para que entrara la novedad o una novedad? O sea, ¿se trataba de un cambio confundiendo lo nuevo con algo de “última hora”? Es que lo nuevo deslumbra al hombre temporal, sujeto a la velocidad del tiempo, e ignorándose que el tiempo carece de “momento”. Fijarse exclusivamente en la oportunidad, en la ocasión, en el momento (ya sea en el quehacer cotidiano o académico, en el político, inclusive en el mismo creador o creativo, es restringir las posibilidades y potencialidad humana a lo que pase o suceda. Se ha perdido de vista, entregándose a la celeridad que invariablemente restringe a la imaginación, que nuestro destino no es un balón que se patea de un lado al otro, y que los tiempos acotados, medidos, deshumanizan cualquier actividad. Hay que reafirmar la presencia del ser humano intemporal.

Ahora bien, ¿realmente terminó un año temporalmente hablando o es el mismo año que, aunque medido por necesidades prácticas, es sólo un punto en el espacio infinito en el que nos desarrollamos social y moralmente? La pregunta al respecto es si terminan el Derecho, la filosofía, la política y las demás manifestaciones de la inteligencia. Lo digo porque hay quienes quieren dar entrada en política y en un escenario temporal a proyectos exclusivos, propios, particulares. En este sentido no se trata de un año nuevo, según ellos, sino de un año propio y en beneficio personal o de grupo. No caigamos en la trampa ni nos dejemos engañar.

PROFESOR EMÉRITO DE LA UNAM

PREMIO UNIVERSIDAD NACIONAL

Sígueme en Twitter: @RaulCarranca

Y Facebook: www.facebook.com/despacho raulcarranca

¿Es que en realidad comienza un año nuevo? Desde luego hay una renovación constante en todo pues nos rige, si cabe el término, una dialéctica infinita, recordando a Heráclito de Éfeso que decía que nadie puede bañarse dos veces en el mismo río que no siempre es el mismo y que, sin embargo, lo es; ser y no ser en el dilema shakespeariano. Pero lo que se tilda de viejo no lo es tanto como algunos suponen. Cambian los ritos sociales o se modifican, lo que algunos llaman modas y que en realidad son modos de ser. ¿Cambia entonces el ser, la substancia? Lo evidente es que somos incambiables, ¿A qué me refiero y en consecuencia qué festejamos con el supuesto cambio? ¿O estamos festejando lo Eterno sin darnos cuenta cabal de ello?

No hay duda de que lo que era ayer ya no lo es más en infinidad de casos. Pero si bien nos fijamos cambia sólo la apariencia. ¿O el cómo vestían mis abuelos atiende a un llamado de fondo del ser humano? Lo que no se puede negar es que hay una renovación. Por ejemplo, los ritos prehispánicos en el llamado Cerro de la Estrella, de aparente destrucción de lo viejo para dar paso a lo nuevo, ¿no se llevaban a cabo para que entrara la novedad o una novedad? O sea, ¿se trataba de un cambio confundiendo lo nuevo con algo de “última hora”? Es que lo nuevo deslumbra al hombre temporal, sujeto a la velocidad del tiempo, e ignorándose que el tiempo carece de “momento”. Fijarse exclusivamente en la oportunidad, en la ocasión, en el momento (ya sea en el quehacer cotidiano o académico, en el político, inclusive en el mismo creador o creativo, es restringir las posibilidades y potencialidad humana a lo que pase o suceda. Se ha perdido de vista, entregándose a la celeridad que invariablemente restringe a la imaginación, que nuestro destino no es un balón que se patea de un lado al otro, y que los tiempos acotados, medidos, deshumanizan cualquier actividad. Hay que reafirmar la presencia del ser humano intemporal.

Ahora bien, ¿realmente terminó un año temporalmente hablando o es el mismo año que, aunque medido por necesidades prácticas, es sólo un punto en el espacio infinito en el que nos desarrollamos social y moralmente? La pregunta al respecto es si terminan el Derecho, la filosofía, la política y las demás manifestaciones de la inteligencia. Lo digo porque hay quienes quieren dar entrada en política y en un escenario temporal a proyectos exclusivos, propios, particulares. En este sentido no se trata de un año nuevo, según ellos, sino de un año propio y en beneficio personal o de grupo. No caigamos en la trampa ni nos dejemos engañar.

PROFESOR EMÉRITO DE LA UNAM

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