/ viernes 17 de mayo de 2024

Antena / Los debates y los medios

El próximo domingo será el tercer y último debate entre las personas que aspiran a la Presidencia de la República, será la última oportunidad de ver a las candidatas y candidato frente a frente, lo cierto es que el ejercicio ha despertado interés entre la mayoría del electorado, por ejemplo, el primer debate lo vieron casi 13 millones de personas, mientras que el segundo 16 millones, un número importante, aunque sería deseable una mayor audiencia, si tomamos en cuenta que el padrón electoral ronda los 100 millones de ciudadanos, pero eso queda en la elección de la audiencia a quien no se le puede obligar.

El entorno sobre los debates en México, en porque verlos y por qué no, radica en diversas razones: en principio el descrédito de la clase política, y en segundo término, que se trata de formatos acartonados que no permiten un intercambio fluido entre los candidatos, parecen soliloquios, privan las descalificaciones y ataques (que a veces quedan sin contestar), así como meros esbozos de propuestas sin decir el “cómo” y su sustento.

Otra razón es que en nuestro país no son ejercicios totalmente libres, sino que son controlados y realizados por la autoridad electoral, pactados con los partidos políticos que, además, han mostrado deficiencias en su organización, producción y formatos confusos, como contraste, en Estados Unidos dos cadenas de televisión, con plena libertad y especializadas en producir programas televisivos estarán organizando dos debates entre J. Biden y D. Trump. En su momento las televisoras americanas afirmaron que: “Simplemente no hay sustituto para los candidatos que debaten entre sí y ante el pueblo estadounidense sus visiones para el futuro de la nación”.

Por desgracia, en este país, el que los medios como la radio y televisión puedan organizar debates se encuentra sobre regulado y lleno de “candados” y avisos burocráticos.

Se debe entender que en una sociedad democrática debe garantizarse el libre flujo de información, ideas y opiniones, en ese tenor, los debates políticos entre candidatos deben ser lo más libres posibles, no puede haber discusión pública que permita el razonamiento ciudadano, si no hay libertad.

Ya veremos qué pasa en el último debate, donde los propios partidos decidieron evitar un debate “cara a cara”, lo que no permite de la interacción libre entre los participantes, privando a los ciudadanos de conocer la capacidad de respuesta, agilidad, naturalidad y personalidad de la persona que pretende gobernarnos.

Será importante conocer las cifras de las audiencias que vean este último debate presidencial, hasta ahora ha sido Televisa la que liderea en captación de audiencias; pero también no sobra decirlo, que, junto con Fórmula, Imagen y Radiópolis tienen la mayor cobertura noticiosa equilibrada de las tres candidaturas. Lo importante es estar informado.

El próximo domingo será el tercer y último debate entre las personas que aspiran a la Presidencia de la República, será la última oportunidad de ver a las candidatas y candidato frente a frente, lo cierto es que el ejercicio ha despertado interés entre la mayoría del electorado, por ejemplo, el primer debate lo vieron casi 13 millones de personas, mientras que el segundo 16 millones, un número importante, aunque sería deseable una mayor audiencia, si tomamos en cuenta que el padrón electoral ronda los 100 millones de ciudadanos, pero eso queda en la elección de la audiencia a quien no se le puede obligar.

El entorno sobre los debates en México, en porque verlos y por qué no, radica en diversas razones: en principio el descrédito de la clase política, y en segundo término, que se trata de formatos acartonados que no permiten un intercambio fluido entre los candidatos, parecen soliloquios, privan las descalificaciones y ataques (que a veces quedan sin contestar), así como meros esbozos de propuestas sin decir el “cómo” y su sustento.

Otra razón es que en nuestro país no son ejercicios totalmente libres, sino que son controlados y realizados por la autoridad electoral, pactados con los partidos políticos que, además, han mostrado deficiencias en su organización, producción y formatos confusos, como contraste, en Estados Unidos dos cadenas de televisión, con plena libertad y especializadas en producir programas televisivos estarán organizando dos debates entre J. Biden y D. Trump. En su momento las televisoras americanas afirmaron que: “Simplemente no hay sustituto para los candidatos que debaten entre sí y ante el pueblo estadounidense sus visiones para el futuro de la nación”.

Por desgracia, en este país, el que los medios como la radio y televisión puedan organizar debates se encuentra sobre regulado y lleno de “candados” y avisos burocráticos.

Se debe entender que en una sociedad democrática debe garantizarse el libre flujo de información, ideas y opiniones, en ese tenor, los debates políticos entre candidatos deben ser lo más libres posibles, no puede haber discusión pública que permita el razonamiento ciudadano, si no hay libertad.

Ya veremos qué pasa en el último debate, donde los propios partidos decidieron evitar un debate “cara a cara”, lo que no permite de la interacción libre entre los participantes, privando a los ciudadanos de conocer la capacidad de respuesta, agilidad, naturalidad y personalidad de la persona que pretende gobernarnos.

Será importante conocer las cifras de las audiencias que vean este último debate presidencial, hasta ahora ha sido Televisa la que liderea en captación de audiencias; pero también no sobra decirlo, que, junto con Fórmula, Imagen y Radiópolis tienen la mayor cobertura noticiosa equilibrada de las tres candidaturas. Lo importante es estar informado.