/ miércoles 15 de septiembre de 2021

Antihispanismo en septiembre 

“Pero esta vez eres tú quien nos conquista / Oh nueva vieja España”, escribió Pedro Garfias, uno de los poetas del exilio republicano, perseguido por el horror del franquismo. Los miles de refugiados marcaron un capítulo en la relación entre los dos países que con el reconocimiento en 1834 por parte de España, se consolidó la plena independencia de la nueva nación. Quedan a través de la historia momentos de exacerbado patrioterismo que, como los primeros insurgentes convocan a “coger gachupines” o, como ahora se estila, a exigir que el antiguo conquistador pida perdón por hechos ocurridos hace más de 500 años. La cultura prehispánica, admirada en el mundo de hoy, se fusionó con los aportes de una civilización y una cultura y ambas, la indígena y la europea, dieron origen al México centenario, mestizo por excelencia que no olvida los valores de su pasado.

El presidente Andrés Manuel López Obrador llega hoy a su tercera celebración de las fiestas patrias con un septiembre en el que predomina ese patrioterismo trasnochado que a contracorriente intenta repetir épocas superadas; dice que nombrará agregada cultural en España a una aún ignota poeta zapoteca y como embajador al casi ex gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, cuya nominación anuncia, contra toda práctica diplomática, antes de obtener el beneplácito del país receptor. Quirino Ordaz es uno de los gobernadores de partidos de oposición que serán incorporados al equipo de la actual administración en una inexplicable maniobra política con fuerte tufo de pago de favores como sería el caso del silencio y la complacencia del gobierno de Sinaloa tras el culiacanazo y otras evidencias de la protección oficial a grupos de la delincuencia organizada y del narcotráfico. Espera López Obrador –y así lo dijo textualmente—que el nombramiento de Quirino Ordaz contribuirá al restablecimiento de la relación entre México y España y a impedir que se nos siga viendo como tierra de conquista. Patrioterismo puro, recurso del lenguaje populista y nacionalista que ha valido a López Obrador el sostenimiento del apoyo mayoritario de la población según las encuestas de opinión. La relación entre México y España no necesita ser restablecida y si algún deterioro presenta es unilateral, pues hasta ahora la Corona y el gobierno de ese país han ignorado con el silencio la exigencia del perdón solicitado cual mera ocurrencia pasada de moda y contraria a la realidad del presente.

En una Plaza de la Constitución vacía y marcada por el odio injustificado tras más de cinco siglos después de la conquista, López Obrador, nieto de español, acude al pretendido indigenismo que olvida o ignora la realidad de una nación forjada con la fusión de dos grandes culturas.

El periodista republicano español Luis Suárez tenía una acertada respuesta cuando en ciertas pláticas surgía, a manera de crítica, la evocación de “tus antepasados” en referencia a los conquistadores que con el auxilio de la técnica dominaron al imperio azteca y a los demás pueblos que aquí habitaban. No son mis antepasados, son los tuyos, decía Luis Suárez, y añadía, los míos, mis antepasados se quedaron en España y los tuyos, en cambio conquistaron e hicieron atrocidades tan graves y reprobables como las de otras naciones colonizadoras de otros pueblos y en otros continentes. La ingeniosa observación del colega Luis Suárez, hecho periodista en México donde echó raíces y formó una de las miles de familias del exilio republicano es, además de la ironía, una verdad histórica. La gesta de Cuauhtémoc, único héroe a la altura del arte como lo llama Ramón López Velarde, es digna de veneración para las generaciones venideras; lo es también la gran empresa de la conquista y la civilización que nos deja la visión universal de un nuevo mundo y aportes como una nueva civilización y un idioma que nos llena de orgullo, y que por cierto, López Obrador apenas habla. La grandeza de las nuevas naciones formadas en el continente americano se debe a las huellas de culturas prehispánicas cuyo valor está presente entre nosotros, pero también al arrojo y la decisión de una conquista que, como lo señala Pedro Garfias es ahora en ambos sentidos. La relación entre México y España no requiere ser restablecida, sino ser enriquecida como parte de una historia que nos une.

sdelrio1934@gmail.com


“Pero esta vez eres tú quien nos conquista / Oh nueva vieja España”, escribió Pedro Garfias, uno de los poetas del exilio republicano, perseguido por el horror del franquismo. Los miles de refugiados marcaron un capítulo en la relación entre los dos países que con el reconocimiento en 1834 por parte de España, se consolidó la plena independencia de la nueva nación. Quedan a través de la historia momentos de exacerbado patrioterismo que, como los primeros insurgentes convocan a “coger gachupines” o, como ahora se estila, a exigir que el antiguo conquistador pida perdón por hechos ocurridos hace más de 500 años. La cultura prehispánica, admirada en el mundo de hoy, se fusionó con los aportes de una civilización y una cultura y ambas, la indígena y la europea, dieron origen al México centenario, mestizo por excelencia que no olvida los valores de su pasado.

El presidente Andrés Manuel López Obrador llega hoy a su tercera celebración de las fiestas patrias con un septiembre en el que predomina ese patrioterismo trasnochado que a contracorriente intenta repetir épocas superadas; dice que nombrará agregada cultural en España a una aún ignota poeta zapoteca y como embajador al casi ex gobernador de Sinaloa, Quirino Ordaz, cuya nominación anuncia, contra toda práctica diplomática, antes de obtener el beneplácito del país receptor. Quirino Ordaz es uno de los gobernadores de partidos de oposición que serán incorporados al equipo de la actual administración en una inexplicable maniobra política con fuerte tufo de pago de favores como sería el caso del silencio y la complacencia del gobierno de Sinaloa tras el culiacanazo y otras evidencias de la protección oficial a grupos de la delincuencia organizada y del narcotráfico. Espera López Obrador –y así lo dijo textualmente—que el nombramiento de Quirino Ordaz contribuirá al restablecimiento de la relación entre México y España y a impedir que se nos siga viendo como tierra de conquista. Patrioterismo puro, recurso del lenguaje populista y nacionalista que ha valido a López Obrador el sostenimiento del apoyo mayoritario de la población según las encuestas de opinión. La relación entre México y España no necesita ser restablecida y si algún deterioro presenta es unilateral, pues hasta ahora la Corona y el gobierno de ese país han ignorado con el silencio la exigencia del perdón solicitado cual mera ocurrencia pasada de moda y contraria a la realidad del presente.

En una Plaza de la Constitución vacía y marcada por el odio injustificado tras más de cinco siglos después de la conquista, López Obrador, nieto de español, acude al pretendido indigenismo que olvida o ignora la realidad de una nación forjada con la fusión de dos grandes culturas.

El periodista republicano español Luis Suárez tenía una acertada respuesta cuando en ciertas pláticas surgía, a manera de crítica, la evocación de “tus antepasados” en referencia a los conquistadores que con el auxilio de la técnica dominaron al imperio azteca y a los demás pueblos que aquí habitaban. No son mis antepasados, son los tuyos, decía Luis Suárez, y añadía, los míos, mis antepasados se quedaron en España y los tuyos, en cambio conquistaron e hicieron atrocidades tan graves y reprobables como las de otras naciones colonizadoras de otros pueblos y en otros continentes. La ingeniosa observación del colega Luis Suárez, hecho periodista en México donde echó raíces y formó una de las miles de familias del exilio republicano es, además de la ironía, una verdad histórica. La gesta de Cuauhtémoc, único héroe a la altura del arte como lo llama Ramón López Velarde, es digna de veneración para las generaciones venideras; lo es también la gran empresa de la conquista y la civilización que nos deja la visión universal de un nuevo mundo y aportes como una nueva civilización y un idioma que nos llena de orgullo, y que por cierto, López Obrador apenas habla. La grandeza de las nuevas naciones formadas en el continente americano se debe a las huellas de culturas prehispánicas cuyo valor está presente entre nosotros, pero también al arrojo y la decisión de una conquista que, como lo señala Pedro Garfias es ahora en ambos sentidos. La relación entre México y España no requiere ser restablecida, sino ser enriquecida como parte de una historia que nos une.

sdelrio1934@gmail.com