/ viernes 24 de junio de 2022

Arte y academia | ópera: 50 años de incluir temas populares 

Y así empezó todo. Los compositores mexicanos –que ni siquiera se habían enterado que lo eran--, simplemente se salían “aquí afuerita”, a cantar con sus amigos para “hacer sueñito”. Lo más común, es que fuesen campesinos que se sentían inspirados para convivir con sus amigos, y, claro, sosteniendo, como siempre una guitarra y una botella “fuertecita”. Y bueno, para continuar, cantaban todo esas “tonadillas” de la etapa revolucionaria, como digamos “La Adelita”, y “La Panchita” o “La Casita”; y, ya después, en plenitud de alegría, recordaban todo aquello que escuchaban entonar o “desentonar” a sus padres, abuelos o compañeros de cultivo, levante, semillas y azadón. Empero, lo más curioso, es, que uno de sus mejores pasatiempos, eran esos, precisamente: Enterarse con velocidad sorprendente, de todas esas poesías de rimas y medidas, a las cuales, se les agregaba una musicalidad tan espontánea, como funcional y agradable; puesto que, semejante asunto creativo, ya se había transformado, en una rápida bohemia nocturna y sociológica, de fuerte impacto.

Otro innegable logro, que también se fue transformando en un prodigioso legado cultural que iba y venía, recibiendo aplausos y respetabilidad, dentro de los espacios académicos y culturales de la música, a nivel internacional; lo constituyeron las salas dotadas con cómodas butacas. Así el compositor Pablo Moncayo y María Greever, condujeron exitosamente su “Huapango” y su “Júrame”; al igual que el resto de sus composiciones; a los espacios orquestales de las altas esferas. Y, los críticos, que iban y venían, captando tan positivas aportaciones, no cesaron de conceptuar los importantes valores estructurales que se estaban configurando con gran acierto y rapidez, hacia nuestra amplia diversidad musical. Elaborada toda ella con una admirable crónica, basada en nuestra gran historia nacional. Resultando, que tanto, cantantes de Ópera, como apreciadas orquestas, empezaron a adoptarla dentro de sus selectas programaciones de música clásica interpretada al mismo tiempo, en la escala mundial. Resultados exitosos, qué, sin duda continuamos disfrutándolas, ya, sin sorpresa; puesto que las líneas ascendentes del panorama nacional que nos ofrece puntualmente nuestro INBAL y todos los demás puntos geográficos en este aspecto, está resultándonos, cada vez más y más alentador.

Ahora bien: ¿Por qué todo este comentario? Por lo siguiente: Porque, creado el 1º. de julio de 1974, por iniciativa de la etnomusicóloga Carmen Sordo Sodi, el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez (Cenidim) de la subdirección General de Educación e Investigación Artística (Sgeia) del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), se convirtió en la primera institución de Investigación Artística

Establecida en México, con la tarea de recopilar, conservar, estudiar y divulgar la música nacional. En 1978, recibió el nombre del compositor mexicano, fundador y primer director del INBAL, Carlos Chávez. Después de su deceso. Ubicado en el Centro Nacional de las Artes, el Cenidim, tiene tres coordinaciones: Investigación, Documentación, Difusión e Información. Su comunidad académica -además--; integrada por 34 investigadores; es diversa y versátil. Tiene como propósito investigar la documentación e información de la música de México y Latinoamérica en todas sus manifestaciones, para procurar la información, organización y preservación de su memoria

Documental. Brinda, además, asesoría e información especializada; difunde mediante publicaciones y actividades, los resultados de las investigaciones

realizadas por sus académicos. Organizando conferencias, talleres o seminarios con la participación de especialistas de México, América Latina, así como el resto del mundo, con el propósito de enriquecer la vida académica del Cenidim. Alberga para complementar sus ordenamientos, sus fondos documentales como la colección Jesús Sánchez Garza, que data del periodo novohispano y procede en su mayor parte del Convento de la Santísima Trinidad de Puebla. Contando con una colección instrumental. Albergando en su fonoteca, más de 1300 unidades de grabaciones, que datan de los años de los años 1940 a 1985. En concordancia con los retos actuales, el Cenidim, ha fortalecido sus actividades en Línea, para favorecer e impulsar el diálogo y la reflexión plural cerca del pasado, presente y futuro de la investigación y documentación musicológica, entre las diversas generaciones de músicos, creadores, e investigadores de manera inclusiva e integradora de México con el mundo. Para ustedes un beso…

Y así empezó todo. Los compositores mexicanos –que ni siquiera se habían enterado que lo eran--, simplemente se salían “aquí afuerita”, a cantar con sus amigos para “hacer sueñito”. Lo más común, es que fuesen campesinos que se sentían inspirados para convivir con sus amigos, y, claro, sosteniendo, como siempre una guitarra y una botella “fuertecita”. Y bueno, para continuar, cantaban todo esas “tonadillas” de la etapa revolucionaria, como digamos “La Adelita”, y “La Panchita” o “La Casita”; y, ya después, en plenitud de alegría, recordaban todo aquello que escuchaban entonar o “desentonar” a sus padres, abuelos o compañeros de cultivo, levante, semillas y azadón. Empero, lo más curioso, es, que uno de sus mejores pasatiempos, eran esos, precisamente: Enterarse con velocidad sorprendente, de todas esas poesías de rimas y medidas, a las cuales, se les agregaba una musicalidad tan espontánea, como funcional y agradable; puesto que, semejante asunto creativo, ya se había transformado, en una rápida bohemia nocturna y sociológica, de fuerte impacto.

Otro innegable logro, que también se fue transformando en un prodigioso legado cultural que iba y venía, recibiendo aplausos y respetabilidad, dentro de los espacios académicos y culturales de la música, a nivel internacional; lo constituyeron las salas dotadas con cómodas butacas. Así el compositor Pablo Moncayo y María Greever, condujeron exitosamente su “Huapango” y su “Júrame”; al igual que el resto de sus composiciones; a los espacios orquestales de las altas esferas. Y, los críticos, que iban y venían, captando tan positivas aportaciones, no cesaron de conceptuar los importantes valores estructurales que se estaban configurando con gran acierto y rapidez, hacia nuestra amplia diversidad musical. Elaborada toda ella con una admirable crónica, basada en nuestra gran historia nacional. Resultando, que tanto, cantantes de Ópera, como apreciadas orquestas, empezaron a adoptarla dentro de sus selectas programaciones de música clásica interpretada al mismo tiempo, en la escala mundial. Resultados exitosos, qué, sin duda continuamos disfrutándolas, ya, sin sorpresa; puesto que las líneas ascendentes del panorama nacional que nos ofrece puntualmente nuestro INBAL y todos los demás puntos geográficos en este aspecto, está resultándonos, cada vez más y más alentador.

Ahora bien: ¿Por qué todo este comentario? Por lo siguiente: Porque, creado el 1º. de julio de 1974, por iniciativa de la etnomusicóloga Carmen Sordo Sodi, el Centro Nacional de Investigación, Documentación e Información Musical Carlos Chávez (Cenidim) de la subdirección General de Educación e Investigación Artística (Sgeia) del Instituto Nacional de Bellas Artes y Literatura (Inbal), se convirtió en la primera institución de Investigación Artística

Establecida en México, con la tarea de recopilar, conservar, estudiar y divulgar la música nacional. En 1978, recibió el nombre del compositor mexicano, fundador y primer director del INBAL, Carlos Chávez. Después de su deceso. Ubicado en el Centro Nacional de las Artes, el Cenidim, tiene tres coordinaciones: Investigación, Documentación, Difusión e Información. Su comunidad académica -además--; integrada por 34 investigadores; es diversa y versátil. Tiene como propósito investigar la documentación e información de la música de México y Latinoamérica en todas sus manifestaciones, para procurar la información, organización y preservación de su memoria

Documental. Brinda, además, asesoría e información especializada; difunde mediante publicaciones y actividades, los resultados de las investigaciones

realizadas por sus académicos. Organizando conferencias, talleres o seminarios con la participación de especialistas de México, América Latina, así como el resto del mundo, con el propósito de enriquecer la vida académica del Cenidim. Alberga para complementar sus ordenamientos, sus fondos documentales como la colección Jesús Sánchez Garza, que data del periodo novohispano y procede en su mayor parte del Convento de la Santísima Trinidad de Puebla. Contando con una colección instrumental. Albergando en su fonoteca, más de 1300 unidades de grabaciones, que datan de los años de los años 1940 a 1985. En concordancia con los retos actuales, el Cenidim, ha fortalecido sus actividades en Línea, para favorecer e impulsar el diálogo y la reflexión plural cerca del pasado, presente y futuro de la investigación y documentación musicológica, entre las diversas generaciones de músicos, creadores, e investigadores de manera inclusiva e integradora de México con el mundo. Para ustedes un beso…