/ viernes 27 de agosto de 2021

Arte y academia | Ortiz Monsterio: De duros trozos a legados asombrosos

Silencio…Artista trabajando. Sí, claro, ¿pero: ¿qué irá a hacer ahora, él, con esos trozos de madera, mármol, terracota o cemento? …El artista, es el único que lo sabe. Y ya lleva un largo rato observando dichos materiales; mientras aparecen las respuestas estéticas que está buscando. Así es. Porque él, es el único que realmente está seguro de lo que quiere o pretende; pensé en aquel entonces. Así que nosotros sus admiradores simplemente practicamos la paciencia. Ya lo sabremos. ¡Caray! Ahora está tallando ese rectángulo pesadísimo, de unos 150 kilos mínimos, Y sí, claro. Él solo -entonces-- lo supo…No obstante continuamos atentos a sus movimientos; cuando lo vimos colocando sus cinceles y martillos, junto con dibujos y apuntes, igualmente, cercanos a sus herramientas. Y mírenlo, ya está lanzando golpes fuertes, débiles o apenas perceptibles…Así, los reporteros, estuvimos atentos poco más de tres meses, al igual que sus familiares y galeristas. Se trataba de una figura femenina rocosa, pero igualmente muy bella…Y magnífico, habíamos logrado con un poco de paciencia, enterarnos de una más, de las decenas de esculturas, que el Maestro, Luis Ortiz Monasterio, legaría a México y al mundo, a lo largo del Siglo XX.

De esta manera, y al cabo de algunos años de observación, nos enteramos de sus datos profesionales. Empezando, porque Luis Ortiz Monasterio (1906-1990), escultor mexicano, estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas bajo la tutoría de Arnulfo Domínguez Bello, José Fernández Urbina e Ignacio Asúnsolo. Radicó en Estados Unidos, donde conoció la obra de Rodin, Archipenko, Brancusi y Lehmbruck. Enseñó en la Escuela para Maestros Constructores, las escuelas de la Secretaría de Educación y la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Además, fue presidente del Seminario de Cultura Mexicana, miembro creador de la Academia de las Artes, fundador de "La Esmeralda" y del Salón de la Plástica Mexicana. En vida recibió distinciones como el Premio Nacional de Escultura, el Premio Secretaría de Educación Pública, y el diploma y medalla otorgadas por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Así, los espacios sociales de su creatividad, continuaron definidos en sus rutas perfectibles: Su trabajo transitó del nacionalismo a las vanguardias emergentes, con influencias tanto americanas (tolteca y azteca) como mundiales. Trabajó monumentos públicos (el Monumento a la Madre, la Fuente Monumental de Netzahualcóyotl y la Plaza Cívica de la Unidad Independencia, entre otros) y obras de libre creación (Bailarines, El pensador, Maternidad, La victoria, Razas, El nacimiento de Apolo, son algunos ejemplos).El escultor mexicano fue reconocido y estudiado por los críticos del arte Jorge Juan Crespo de la Serna y Justino Fernández. El primero asemejó su obra con el lenguaje contemporáneo de escultores como Brancussi, Henri Laurens, Lipchitz y Matisse. Identificó sus piezas con lo terráqueo por los materiales que utilizó (madera, terracota, mármol, cemento), por su creación horizontal, su recogimiento apretado y su integración humana a la tierra.

Investigadores, relacionaron su trabajo con la arquitectura, asentándolo cuando entendió a la Fuente de Nezahualcóyotl de Chapultepec como «una estupenda síntesis de arquitectura y escultura, tanto desde el punto de vista funcional como ornamental». Por su parte, Justino Fernández refirió que Ortiz Monasterio fue uno de los escultores contemporáneos de mayor valía y originalidad, con un sabio manejo de las configuraciones y que supo combinar «magistralmente la sensualidad de las formas humanas con la rigidez de las estructuras mecánicas…Así que como mexicanos, continuemos admirando su legado artístico, cultural e histórico. Les dejo un beso.

Silencio…Artista trabajando. Sí, claro, ¿pero: ¿qué irá a hacer ahora, él, con esos trozos de madera, mármol, terracota o cemento? …El artista, es el único que lo sabe. Y ya lleva un largo rato observando dichos materiales; mientras aparecen las respuestas estéticas que está buscando. Así es. Porque él, es el único que realmente está seguro de lo que quiere o pretende; pensé en aquel entonces. Así que nosotros sus admiradores simplemente practicamos la paciencia. Ya lo sabremos. ¡Caray! Ahora está tallando ese rectángulo pesadísimo, de unos 150 kilos mínimos, Y sí, claro. Él solo -entonces-- lo supo…No obstante continuamos atentos a sus movimientos; cuando lo vimos colocando sus cinceles y martillos, junto con dibujos y apuntes, igualmente, cercanos a sus herramientas. Y mírenlo, ya está lanzando golpes fuertes, débiles o apenas perceptibles…Así, los reporteros, estuvimos atentos poco más de tres meses, al igual que sus familiares y galeristas. Se trataba de una figura femenina rocosa, pero igualmente muy bella…Y magnífico, habíamos logrado con un poco de paciencia, enterarnos de una más, de las decenas de esculturas, que el Maestro, Luis Ortiz Monasterio, legaría a México y al mundo, a lo largo del Siglo XX.

De esta manera, y al cabo de algunos años de observación, nos enteramos de sus datos profesionales. Empezando, porque Luis Ortiz Monasterio (1906-1990), escultor mexicano, estudió en la Escuela Nacional de Artes Plásticas bajo la tutoría de Arnulfo Domínguez Bello, José Fernández Urbina e Ignacio Asúnsolo. Radicó en Estados Unidos, donde conoció la obra de Rodin, Archipenko, Brancusi y Lehmbruck. Enseñó en la Escuela para Maestros Constructores, las escuelas de la Secretaría de Educación y la Escuela Nacional de Artes Plásticas. Además, fue presidente del Seminario de Cultura Mexicana, miembro creador de la Academia de las Artes, fundador de "La Esmeralda" y del Salón de la Plástica Mexicana. En vida recibió distinciones como el Premio Nacional de Escultura, el Premio Secretaría de Educación Pública, y el diploma y medalla otorgadas por la Universidad Nacional Autónoma de México.

Así, los espacios sociales de su creatividad, continuaron definidos en sus rutas perfectibles: Su trabajo transitó del nacionalismo a las vanguardias emergentes, con influencias tanto americanas (tolteca y azteca) como mundiales. Trabajó monumentos públicos (el Monumento a la Madre, la Fuente Monumental de Netzahualcóyotl y la Plaza Cívica de la Unidad Independencia, entre otros) y obras de libre creación (Bailarines, El pensador, Maternidad, La victoria, Razas, El nacimiento de Apolo, son algunos ejemplos).El escultor mexicano fue reconocido y estudiado por los críticos del arte Jorge Juan Crespo de la Serna y Justino Fernández. El primero asemejó su obra con el lenguaje contemporáneo de escultores como Brancussi, Henri Laurens, Lipchitz y Matisse. Identificó sus piezas con lo terráqueo por los materiales que utilizó (madera, terracota, mármol, cemento), por su creación horizontal, su recogimiento apretado y su integración humana a la tierra.

Investigadores, relacionaron su trabajo con la arquitectura, asentándolo cuando entendió a la Fuente de Nezahualcóyotl de Chapultepec como «una estupenda síntesis de arquitectura y escultura, tanto desde el punto de vista funcional como ornamental». Por su parte, Justino Fernández refirió que Ortiz Monasterio fue uno de los escultores contemporáneos de mayor valía y originalidad, con un sabio manejo de las configuraciones y que supo combinar «magistralmente la sensualidad de las formas humanas con la rigidez de las estructuras mecánicas…Así que como mexicanos, continuemos admirando su legado artístico, cultural e histórico. Les dejo un beso.