/ sábado 3 de octubre de 2020

Asalto populista

El populismo se convierte en uno de los peores peligros del siglo XXI. Irrumpe en América con brutal fuerza, patente en los desgobiernos de Donald Trump, Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador.

El gringo y el brasileño son de derecha. El mexicano se dice de izquierda, lo que habla de que va más allá de ideologías. En los tres casos, atentan contra la democracia y ejercen un poder omnipotente, con control del judicial y el legislativo.

El debate del pasado miércoles en Estados Unidos, ejemplifica los rasgos de estos individuos autoritarios. Donald Trump llegó con la intención de abortar cualquier posibilidad de diálogo, con su contrincante para la presidencia, Joe Biden.

Quien piense que su rechazo a las reglas que se habían fijado se debió a lo arrebatado de su temperamento, se equivoca. Había una estrategia. A Trump le sale sobrando el Estado de Derecho y el apego a las leyes y a la norma, como sucede con sus dos pares latinoamericanos. O, ¿acaso AMLO tiene el mínimo respeto por adherirse a lo que “debe ser” y no a lo que él quiere que sea?

La ancestral democracia estadounidense está a punto de fenecer en manos de un demente, acostumbrado a actuar como niño caprichoso, al que se le deben cumplir todas sus ocurrencias.

Sabía que era imposible defenderse con argumentos, de las acusaciones que le haría Biden. Su pésimo manejo de la pandemia del coronavirus, a la que se negó a darle importancia, a pesar de que sabía de su peligrosidad con la debida antelación. No se habría llegado al impresionante número de contagiados y fallecidos, si a tiempo se hubieran tomado las medidas para contenerla.

Se negó en razón de sus intereses creados y su ambición por reelegirse, a sabiendas de que el confinamiento provocaría la caída de la economía y, los gringos, como la mayoría de las poblaciones mundiales, tienen muy en cuenta lo lleno de sus bolsillos, a la hora de elegir gobernantes.

Como populista de hueso colorado, ha dividido a la sociedad, con su hechura de “enemigos”, encabezados por los migrantes. El ataque constante al sector que conformó a esa nación, a lo que se conocía como el “melting pot” (Olla con mezclas varias), sacó a relucir sentimientos xenófobos y racistas, a los que, con enormes dificultades se había doblegado.

Desde la mañanera y mediante el uso similar de un lenguaje de odio, se estigmatiza a periodistas, intelectuales, empresarios, servidores públicos de organismos autónomos e incluso, a quienes prestaron sus servicios en esta administración y decepcionados presentaron sus renuncias. El uso de esa verborrea contrapuntea a sectores resentidos y los convoca a la violencia.

Violencia a la que, el hotentote de los pelos de elote, o el hombre naranja, le da plena licencia, como lo hizo expresamente al referirse al grupo neonazi, supremacista, los Proud Boys. Esta temida organización es culpable de ataques directos a afroamericanos e hispanos, aunque también va en contra de judíos, musulmanes y mujeres. Haciéndose el graciosito, en el debate les dijo que “estuvieran preparados”.

Y puso los pelos de punta, de la mayoría, al insistir en que se preparaba un fraude electoral, debido al voto por correo. Se niega a dejar el poder y está dispuesto a lo que sea para conservarlo, incluso el liquidar una democracia. ¿Hasta cuándo se dejará de encumbrar a estos destructivos fascistas? Está en los votantes despertar y ver la nefasta realidad del populismo.



catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

El populismo se convierte en uno de los peores peligros del siglo XXI. Irrumpe en América con brutal fuerza, patente en los desgobiernos de Donald Trump, Jair Bolsonaro y Andrés Manuel López Obrador.

El gringo y el brasileño son de derecha. El mexicano se dice de izquierda, lo que habla de que va más allá de ideologías. En los tres casos, atentan contra la democracia y ejercen un poder omnipotente, con control del judicial y el legislativo.

El debate del pasado miércoles en Estados Unidos, ejemplifica los rasgos de estos individuos autoritarios. Donald Trump llegó con la intención de abortar cualquier posibilidad de diálogo, con su contrincante para la presidencia, Joe Biden.

Quien piense que su rechazo a las reglas que se habían fijado se debió a lo arrebatado de su temperamento, se equivoca. Había una estrategia. A Trump le sale sobrando el Estado de Derecho y el apego a las leyes y a la norma, como sucede con sus dos pares latinoamericanos. O, ¿acaso AMLO tiene el mínimo respeto por adherirse a lo que “debe ser” y no a lo que él quiere que sea?

La ancestral democracia estadounidense está a punto de fenecer en manos de un demente, acostumbrado a actuar como niño caprichoso, al que se le deben cumplir todas sus ocurrencias.

Sabía que era imposible defenderse con argumentos, de las acusaciones que le haría Biden. Su pésimo manejo de la pandemia del coronavirus, a la que se negó a darle importancia, a pesar de que sabía de su peligrosidad con la debida antelación. No se habría llegado al impresionante número de contagiados y fallecidos, si a tiempo se hubieran tomado las medidas para contenerla.

Se negó en razón de sus intereses creados y su ambición por reelegirse, a sabiendas de que el confinamiento provocaría la caída de la economía y, los gringos, como la mayoría de las poblaciones mundiales, tienen muy en cuenta lo lleno de sus bolsillos, a la hora de elegir gobernantes.

Como populista de hueso colorado, ha dividido a la sociedad, con su hechura de “enemigos”, encabezados por los migrantes. El ataque constante al sector que conformó a esa nación, a lo que se conocía como el “melting pot” (Olla con mezclas varias), sacó a relucir sentimientos xenófobos y racistas, a los que, con enormes dificultades se había doblegado.

Desde la mañanera y mediante el uso similar de un lenguaje de odio, se estigmatiza a periodistas, intelectuales, empresarios, servidores públicos de organismos autónomos e incluso, a quienes prestaron sus servicios en esta administración y decepcionados presentaron sus renuncias. El uso de esa verborrea contrapuntea a sectores resentidos y los convoca a la violencia.

Violencia a la que, el hotentote de los pelos de elote, o el hombre naranja, le da plena licencia, como lo hizo expresamente al referirse al grupo neonazi, supremacista, los Proud Boys. Esta temida organización es culpable de ataques directos a afroamericanos e hispanos, aunque también va en contra de judíos, musulmanes y mujeres. Haciéndose el graciosito, en el debate les dijo que “estuvieran preparados”.

Y puso los pelos de punta, de la mayoría, al insistir en que se preparaba un fraude electoral, debido al voto por correo. Se niega a dejar el poder y está dispuesto a lo que sea para conservarlo, incluso el liquidar una democracia. ¿Hasta cuándo se dejará de encumbrar a estos destructivos fascistas? Está en los votantes despertar y ver la nefasta realidad del populismo.



catalinanq@hotmail.com

@catalinanq

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