/ miércoles 20 de noviembre de 2019

Asilo en México, hospitalidad institucionalizada

En México la hospitalidad es toda una tradición, véase, como se vea. A nivel personal, familiar, incluso empresarial y desde luego en el nivel gubernamental, contemplado en la propia Constitución, lo que lo vuelve una práctica institucional que nos ha dado orgullo y liderazgo a nivel internacional, además de que, en diferentes momentos de nuestra historia, ha permitido que tengamos en nuestro país a muchos de los más grandes talentos del mundo, incluyendo a premios Nobel, como el gran Gabriel García Márquez, quien se hizo acreedor a la presea en 1982.

A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, México ha sido un referente internacional en términos de asilo político, que implica brindar asistencia a un personaje que se haya visto obligado a escapar de su nación de origen o bien haya sido expulsado de ésta, debido a problemas principalmente relacionados con la política.

Se trata de un derecho regulado por normas internacionales y desde luego por la propia Constitución de México y la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, dando responsabilidades tanto al país que recibe al refugiado, como a quien recibe este apoyo, por lo que, entre otras cosas, el país receptor, no puede permitir el regreso del personaje asilado a su país de origen en el caso de que su vida, seguridad e incluso su libertad, corran peligro.

Este tipo de ayuda también puede ser brindada fuera del territorio nacional a través de las embajadas y red consular mexicana, siendo éstos lugares donde los asilados pueden estar resguardados y su seguridad depende de forma íntegra del país que les brinda asilo político, como ocurrió en el caso de Julian Assange, fundador del portal Wikileaks, buscado por Estados Unidos por divulgar secretos de Estado y quien fue asilado por Ecuador a través de su embajada en Londres, Gran Bretaña, donde permaneció durante 7 años.

Entre los personajes más destacados que han recibido asilo político en México, está el caso de León Trotsky, quien, junto con Vladimir Ilich Lenin, impulsó la revolución rusa de 1917 y quien tras una férrea disputa por el poder con José Stalin, debió huir de la Unión Soviética, llegando a México en 1936, por instrucción del entonces presidente Lázaro Cárdenas, atendiendo solicitud expresa del pintor Diego Rivera.

Recordando tiempos del gobierno de Lázaro Cárdenas, es vital recordar al exilio español que trajo grandes personajes de las ciencias, las artes y las letras de la Península Ibérica, como José Gaos, quien fue de los fundadores de la Casa de España en México, posteriormente conocida como el Colegio de México; otro caso es el de Adolfo Sánchez Vázquez, doctor por la Facultad de Filosofía de la UNAM, catedrático y coordinador del Colegio de Filosofía y autor de múltiples publicaciones.

Otros casos políticos, han sido el del Sha de Irán, Mohammed Reza Pahlevi, quien debió huir de su país junto con su familia, tras la revolución islámica del Ayatollah Rukhollah Khomeini en 1979. Más reciente es lo que ocurrió con Manuel Zelaya, expresidente de Honduras que recibió asilo político por parte del entonces presidente, Felipe Calderón.

Hoy, el caso destacado más reciente en materia de asilo político en México, es el que se le otorgó al expresidente de Bolivia, Evo Morales, quien tras buscar una cuarta reelección al cargo y tratar de evitar una segunda vuelta electoral tras los comicios del pasado 20 de octubre con el fin de imponer su victoria, generó una fuerte ola de descontento en su país que derivó en violentos enfrentamientos y en que la cúpula militar le ‘sugiriera’ renunciar, por lo que finalmente el Gobierno de México le ofreció asilo político y una serie de facilidades adicionales.

Es cada caso histórico en la materia que ahora tratamos en estas letras, se ha dado algún tipo de repercusión y sobre todo análisis de sus implicaciones. Será el tiempo el que nos hará saber en qué deriva lo que hoy vivimos.

FB: YolandaDeLaTorreV

Tw: @Yoladelatorre

En México la hospitalidad es toda una tradición, véase, como se vea. A nivel personal, familiar, incluso empresarial y desde luego en el nivel gubernamental, contemplado en la propia Constitución, lo que lo vuelve una práctica institucional que nos ha dado orgullo y liderazgo a nivel internacional, además de que, en diferentes momentos de nuestra historia, ha permitido que tengamos en nuestro país a muchos de los más grandes talentos del mundo, incluyendo a premios Nobel, como el gran Gabriel García Márquez, quien se hizo acreedor a la presea en 1982.

A lo largo del siglo XX y lo que va del XXI, México ha sido un referente internacional en términos de asilo político, que implica brindar asistencia a un personaje que se haya visto obligado a escapar de su nación de origen o bien haya sido expulsado de ésta, debido a problemas principalmente relacionados con la política.

Se trata de un derecho regulado por normas internacionales y desde luego por la propia Constitución de México y la Ley sobre Refugiados, Protección Complementaria y Asilo Político, dando responsabilidades tanto al país que recibe al refugiado, como a quien recibe este apoyo, por lo que, entre otras cosas, el país receptor, no puede permitir el regreso del personaje asilado a su país de origen en el caso de que su vida, seguridad e incluso su libertad, corran peligro.

Este tipo de ayuda también puede ser brindada fuera del territorio nacional a través de las embajadas y red consular mexicana, siendo éstos lugares donde los asilados pueden estar resguardados y su seguridad depende de forma íntegra del país que les brinda asilo político, como ocurrió en el caso de Julian Assange, fundador del portal Wikileaks, buscado por Estados Unidos por divulgar secretos de Estado y quien fue asilado por Ecuador a través de su embajada en Londres, Gran Bretaña, donde permaneció durante 7 años.

Entre los personajes más destacados que han recibido asilo político en México, está el caso de León Trotsky, quien, junto con Vladimir Ilich Lenin, impulsó la revolución rusa de 1917 y quien tras una férrea disputa por el poder con José Stalin, debió huir de la Unión Soviética, llegando a México en 1936, por instrucción del entonces presidente Lázaro Cárdenas, atendiendo solicitud expresa del pintor Diego Rivera.

Recordando tiempos del gobierno de Lázaro Cárdenas, es vital recordar al exilio español que trajo grandes personajes de las ciencias, las artes y las letras de la Península Ibérica, como José Gaos, quien fue de los fundadores de la Casa de España en México, posteriormente conocida como el Colegio de México; otro caso es el de Adolfo Sánchez Vázquez, doctor por la Facultad de Filosofía de la UNAM, catedrático y coordinador del Colegio de Filosofía y autor de múltiples publicaciones.

Otros casos políticos, han sido el del Sha de Irán, Mohammed Reza Pahlevi, quien debió huir de su país junto con su familia, tras la revolución islámica del Ayatollah Rukhollah Khomeini en 1979. Más reciente es lo que ocurrió con Manuel Zelaya, expresidente de Honduras que recibió asilo político por parte del entonces presidente, Felipe Calderón.

Hoy, el caso destacado más reciente en materia de asilo político en México, es el que se le otorgó al expresidente de Bolivia, Evo Morales, quien tras buscar una cuarta reelección al cargo y tratar de evitar una segunda vuelta electoral tras los comicios del pasado 20 de octubre con el fin de imponer su victoria, generó una fuerte ola de descontento en su país que derivó en violentos enfrentamientos y en que la cúpula militar le ‘sugiriera’ renunciar, por lo que finalmente el Gobierno de México le ofreció asilo político y una serie de facilidades adicionales.

Es cada caso histórico en la materia que ahora tratamos en estas letras, se ha dado algún tipo de repercusión y sobre todo análisis de sus implicaciones. Será el tiempo el que nos hará saber en qué deriva lo que hoy vivimos.

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