/ domingo 23 de agosto de 2020

Asoma la década perdida

Los líderes no eligen el momento ni las circunstancias en las que deben gobernar, sino que demuestran su capacidad y visión para hacer frente a lo impredecible y tomar las mejores decisiones para sus mandantes.

Lo planeado y pensado antes de asumir el gobierno no está escrito en piedra, sino en un delgado papel con una tenue tinta de lápiz, para que pueda borrarse y corregirse cuantas veces sea necesario.

Y es evidente que el México de 2018 ya no existe; todos los planes y programas pensados para esa población deben cambiarse por unos que respondan a una sociedad severamente golpeada en su salud, en su bolsillo y en su seguridad.

Los datos no mienten ni se ajustan a intereses políticos, sino que son fríos números que revelan la realidad objetiva y concreta.

Y nuestra realidad plantea que la población en pobreza puede incrementarse en 10 millones antes de que finalice el año, mientras que cerca de 3 millones de estudiantes tendrán que dejar los libros y cuadernos para ponerse a trabajar en lo que sea y contribuir al sustento familiar.

Los 12 millones de empleos perdidos no solo en la pandemia, sino desde 2019 no se recuperarán automáticamente y sin la ayuda decidida del gobierno federal, a lo que habría que añadir 8 millones de jóvenes que durante los siguientes años engrosarán la Población Económicamente Activa.

Ello nos coloca frente al reto de crear 20 millones de empleos.

La labor productiva que México alcanzó en 2018 se recuperará en diez años de continuar el actual estado de las cosas.

Es decir, si el gobierno no entiende y no asume sus responsabilidades en estos momentos de gravedad, los empleos, riqueza, bienestar y prosperidad perdidos en un abrir y cerrar de ojos puede llevarnos una década alcanzarlos de nueva cuenta.

Es latente el riesgo de perder una década de la vida nacional por no comprender las circunstancias y hacer no lo que se quiere, sino lo que se debe con base en el interés nacional.

En estos momentos de enfermedad y pobreza, la austeridad no es lo que necesita el Estado, sino una política pública de inversión, de promoción y de desarrollo. Se trata del primer ajuste urgente y necesario para recomponer el camino y evitar que millones de familias sigan sufriendo por la precariedad.

No hay nada escrito en piedra.


@jlcamachov


Los líderes no eligen el momento ni las circunstancias en las que deben gobernar, sino que demuestran su capacidad y visión para hacer frente a lo impredecible y tomar las mejores decisiones para sus mandantes.

Lo planeado y pensado antes de asumir el gobierno no está escrito en piedra, sino en un delgado papel con una tenue tinta de lápiz, para que pueda borrarse y corregirse cuantas veces sea necesario.

Y es evidente que el México de 2018 ya no existe; todos los planes y programas pensados para esa población deben cambiarse por unos que respondan a una sociedad severamente golpeada en su salud, en su bolsillo y en su seguridad.

Los datos no mienten ni se ajustan a intereses políticos, sino que son fríos números que revelan la realidad objetiva y concreta.

Y nuestra realidad plantea que la población en pobreza puede incrementarse en 10 millones antes de que finalice el año, mientras que cerca de 3 millones de estudiantes tendrán que dejar los libros y cuadernos para ponerse a trabajar en lo que sea y contribuir al sustento familiar.

Los 12 millones de empleos perdidos no solo en la pandemia, sino desde 2019 no se recuperarán automáticamente y sin la ayuda decidida del gobierno federal, a lo que habría que añadir 8 millones de jóvenes que durante los siguientes años engrosarán la Población Económicamente Activa.

Ello nos coloca frente al reto de crear 20 millones de empleos.

La labor productiva que México alcanzó en 2018 se recuperará en diez años de continuar el actual estado de las cosas.

Es decir, si el gobierno no entiende y no asume sus responsabilidades en estos momentos de gravedad, los empleos, riqueza, bienestar y prosperidad perdidos en un abrir y cerrar de ojos puede llevarnos una década alcanzarlos de nueva cuenta.

Es latente el riesgo de perder una década de la vida nacional por no comprender las circunstancias y hacer no lo que se quiere, sino lo que se debe con base en el interés nacional.

En estos momentos de enfermedad y pobreza, la austeridad no es lo que necesita el Estado, sino una política pública de inversión, de promoción y de desarrollo. Se trata del primer ajuste urgente y necesario para recomponer el camino y evitar que millones de familias sigan sufriendo por la precariedad.

No hay nada escrito en piedra.


@jlcamachov