/ martes 14 de abril de 2020

Atender el virus económico

La pandemia originada por el COVID-19 es una tragedia a nivel mundial. Hoy prácticamente todos los países han tomado medidas de confinamiento para sus ciudadanos y, en algunos casos, el control de los hospitales por parte de las fuerzas armadas atendiendo a su capacidad de reacción médica ante contingencias serias. Incluso, en algunos lugares se han tomado medidas más drásticas a través de la imposición de multas a quienes no cumplan con el aislamiento ordenado.

Sabemos que en un caso como este la tasa de mortalidad es relativamente baja, por lo que la mayor preocupación en materia de salubridad descansa en la posibilidad de la existencia de contagios masivos que rebasen la capacidad de la estructura médica hospitalaria de los países involucrados, lo cual puede generar, además de más contagios, la imposibilidad de atender los casos más graves como e debe.

Pero en general, los analistas aseveran que esta situación límite será eventual y con mayor o menor afectación a la salud de la población, en unos meses se volverá a la normalidad tomando ciertas precauciones. Es decir, en la parte médica todo puede solventarse y superarse en un determinado momento.

Lo que realmente preocupa a todos los mandatarios, economistas y analistas en general, es lo relacionado con la economía mundial, ya que estas decisiones impactarán los bolsillos de pequeñas, medianas y grandes empresas por igual, propiciando una contracción económica que durará muchísimo tiempo para observar siquiera una recuperación.

Prácticamente en todos los países del mundo, sobretodo los más afectados en Europa, han tomado medidas inmediatas para suavizar el impacto que se viene. Prácticamente todos los gobernantes han salido a la luz pública pidiendo la comprensión de los empresarios para que eviten despidos y, además, permitan el confinamiento de sus empleados con goce de sueldo en su totalidad.

En esa misma medida de las peticiones a empresarios, los gobiernos han correspondido con congelamiento del pago de impuestos, cese de pago de facturas de luz, gas y hasta de alquiler, exención de impuestos sobre la renta y adelantos en el pago de devoluciones para hacer frente a esta difícil situación económica.

Lamentablemente, en nuestro país, así como algunos otros, aún resta por tomar estas medidas que permitan que el empresariado apoye a los ciudadanos en esta crisis; saben que de no tener algún beneficio fiscal es prácticamente imposible sostener empleos y una economía sana.

Es momento de entender que las medidas para detener los contagios serán suficientes o no, pero si no contamos con altura de miras para atender lo que se avecina de forma inminente, no sólo tendremos a una sociedad golpeada en su salud, sino que se verán seriamente afectados en su economía.


Senadora por el PRI

La pandemia originada por el COVID-19 es una tragedia a nivel mundial. Hoy prácticamente todos los países han tomado medidas de confinamiento para sus ciudadanos y, en algunos casos, el control de los hospitales por parte de las fuerzas armadas atendiendo a su capacidad de reacción médica ante contingencias serias. Incluso, en algunos lugares se han tomado medidas más drásticas a través de la imposición de multas a quienes no cumplan con el aislamiento ordenado.

Sabemos que en un caso como este la tasa de mortalidad es relativamente baja, por lo que la mayor preocupación en materia de salubridad descansa en la posibilidad de la existencia de contagios masivos que rebasen la capacidad de la estructura médica hospitalaria de los países involucrados, lo cual puede generar, además de más contagios, la imposibilidad de atender los casos más graves como e debe.

Pero en general, los analistas aseveran que esta situación límite será eventual y con mayor o menor afectación a la salud de la población, en unos meses se volverá a la normalidad tomando ciertas precauciones. Es decir, en la parte médica todo puede solventarse y superarse en un determinado momento.

Lo que realmente preocupa a todos los mandatarios, economistas y analistas en general, es lo relacionado con la economía mundial, ya que estas decisiones impactarán los bolsillos de pequeñas, medianas y grandes empresas por igual, propiciando una contracción económica que durará muchísimo tiempo para observar siquiera una recuperación.

Prácticamente en todos los países del mundo, sobretodo los más afectados en Europa, han tomado medidas inmediatas para suavizar el impacto que se viene. Prácticamente todos los gobernantes han salido a la luz pública pidiendo la comprensión de los empresarios para que eviten despidos y, además, permitan el confinamiento de sus empleados con goce de sueldo en su totalidad.

En esa misma medida de las peticiones a empresarios, los gobiernos han correspondido con congelamiento del pago de impuestos, cese de pago de facturas de luz, gas y hasta de alquiler, exención de impuestos sobre la renta y adelantos en el pago de devoluciones para hacer frente a esta difícil situación económica.

Lamentablemente, en nuestro país, así como algunos otros, aún resta por tomar estas medidas que permitan que el empresariado apoye a los ciudadanos en esta crisis; saben que de no tener algún beneficio fiscal es prácticamente imposible sostener empleos y una economía sana.

Es momento de entender que las medidas para detener los contagios serán suficientes o no, pero si no contamos con altura de miras para atender lo que se avecina de forma inminente, no sólo tendremos a una sociedad golpeada en su salud, sino que se verán seriamente afectados en su economía.


Senadora por el PRI

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