/ lunes 30 de abril de 2018

Atrapados por el pasado

En 1908 tuvo lugar la entrevista entre Porfirio Díaz y el periodista James Creelman. Durante el encuentro, Díaz hizo aseveraciones que siguen resonando en el ideario político, tanto porque reflejaban el pobre concepto que tenía de sus gobernados como por el rezago democrático que México exhibía en aquel entonces.

Una de las afirmaciones fue "nuestra mayor dificultad la ha constituido el hecho de que el pueblo no se preocupa lo suficiente acerca de los asuntos políticos como para formar una democracia. Los indios […] están acostumbrados a guiarse por aquellos que poseen autoridad, en vez de pensar por sí mismos."

Aún más preocupante era la siguiente aseveración: "México tiene hoy una clase media. Pero, por otra parte, los pobres son a su vez tan ignorantes que no tienen poder alguno. Éramos duros. Algunas veces, hasta la crueldad. Pero todo esto era necesario para la vida y el progreso de la nación. Si hubo crueldad, los resultados la han justificado con creces”.

Ambas reflexiones reflejan la plena conciencia que Díaz tenía de los excesos cometidos durante su larga gestión pública, avalada por el voto electoral: una dictadura mimetizada en democracia formal.

Muestran además el desafortunado concepto que sus gobernados le merecían. Todo ello constituyó parte de la razón de su desgaste político: una Presidencia aislada de las necesidades de la mayor parte de su población. La pobreza y la ignorancia no tenían cabida en los razonamientos de la élite gobernante. Salvo para justificarse.

No obstante, Díaz también filtró algo que en su momento fue considerado como el aval para que algunos políticos y empresarios pensaran que existía la posibilidad de crear una transición suave entre el régimen de Díaz y lo que debería seguir después de la elección de 1910.

En la entrevista Díaz-Creelman, el entonces presidente dijo: "he esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado”.

Como es de todos conocido, tiempo después Porfirio Díaz reculó.

Más de un siglo después México sigue viviendo una realidad de contrastes: pobreza y precarización laboral que conviven con un desarrollo tecnológico avanzado.

Ciudades que albergan actividades productivas de calidad mundial pero que enfrentan la inestabilidad social e inseguridad provocada por la existencia de 53 millones de pobres.

Las instituciones públicas, particularmente las electorales y los partidos, deberán mostrar que están a la altura del momento histórico que vive México. La participación ciudadana deberá garantizar que el proceso electoral y la transición de la nueva administración no solamente sean ordenadas, uno de los requisitos más relevantes es que los nuevos programas de gobierno incorporen objetivos y funcionarios que resuelvan los pendientes: crecimiento económico, fortalecimiento del mercado laboral y del sistema productivo, mayor seguridad, una administración pública eficaz y libre de corrupción son algunos de los más prioritarios.

En 1908 tuvo lugar la entrevista entre Porfirio Díaz y el periodista James Creelman. Durante el encuentro, Díaz hizo aseveraciones que siguen resonando en el ideario político, tanto porque reflejaban el pobre concepto que tenía de sus gobernados como por el rezago democrático que México exhibía en aquel entonces.

Una de las afirmaciones fue "nuestra mayor dificultad la ha constituido el hecho de que el pueblo no se preocupa lo suficiente acerca de los asuntos políticos como para formar una democracia. Los indios […] están acostumbrados a guiarse por aquellos que poseen autoridad, en vez de pensar por sí mismos."

Aún más preocupante era la siguiente aseveración: "México tiene hoy una clase media. Pero, por otra parte, los pobres son a su vez tan ignorantes que no tienen poder alguno. Éramos duros. Algunas veces, hasta la crueldad. Pero todo esto era necesario para la vida y el progreso de la nación. Si hubo crueldad, los resultados la han justificado con creces”.

Ambas reflexiones reflejan la plena conciencia que Díaz tenía de los excesos cometidos durante su larga gestión pública, avalada por el voto electoral: una dictadura mimetizada en democracia formal.

Muestran además el desafortunado concepto que sus gobernados le merecían. Todo ello constituyó parte de la razón de su desgaste político: una Presidencia aislada de las necesidades de la mayor parte de su población. La pobreza y la ignorancia no tenían cabida en los razonamientos de la élite gobernante. Salvo para justificarse.

No obstante, Díaz también filtró algo que en su momento fue considerado como el aval para que algunos políticos y empresarios pensaran que existía la posibilidad de crear una transición suave entre el régimen de Díaz y lo que debería seguir después de la elección de 1910.

En la entrevista Díaz-Creelman, el entonces presidente dijo: "he esperado pacientemente porque llegue el día en que el pueblo de la República Mexicana esté preparado para escoger y cambiar sus gobernantes en cada elección, sin peligro de revoluciones armadas, sin lesionar el crédito nacional y sin interferir con el progreso del país. Creo que, finalmente, ese día ha llegado”.

Como es de todos conocido, tiempo después Porfirio Díaz reculó.

Más de un siglo después México sigue viviendo una realidad de contrastes: pobreza y precarización laboral que conviven con un desarrollo tecnológico avanzado.

Ciudades que albergan actividades productivas de calidad mundial pero que enfrentan la inestabilidad social e inseguridad provocada por la existencia de 53 millones de pobres.

Las instituciones públicas, particularmente las electorales y los partidos, deberán mostrar que están a la altura del momento histórico que vive México. La participación ciudadana deberá garantizar que el proceso electoral y la transición de la nueva administración no solamente sean ordenadas, uno de los requisitos más relevantes es que los nuevos programas de gobierno incorporen objetivos y funcionarios que resuelvan los pendientes: crecimiento económico, fortalecimiento del mercado laboral y del sistema productivo, mayor seguridad, una administración pública eficaz y libre de corrupción son algunos de los más prioritarios.

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