/ martes 18 de junio de 2019

Bazar de la Cultura | Beltrán Masses, el destacado retratista de la noche

Por: Juan Amael Vizuet

Retrató varias veces a Rodolfo Valentino y a otras luminarias de Hollywood. Era entonces un pintor tan cotizado como Tamara de Lempicka; al desvanecerse aquel mundo, su obra cayó en el olvido. Mas, paulatinamente, resurge a la luz la creación de Federico Beltrán Masses.

El Museo Art Nuveau y Déco Casa Lis, de Salamanca, España —merecedor por sí mismo de una reseña— presentó una exposición del pintor en 2007. Contribuyó así a recuperar su legado, figurativo pero distante del realismo; fantástico y voluptuoso.

Federico Beltrán Masses nació en Guaira de la Melena, antigua Provincia de La Habana, en 1895; su padre era un médico militar catalán, asignado a la Cuba insurgente. Hay quienes lo reclaman como propio en la república insular. El pintor matancero Armando Maribona (1894-1964) coincidió con Beltrán Masses en París durante les années folles. En El arte y el amor en Montparnasse, París 1923-1930 (Ediciones Botas, México, 1950), rememora: "Tu compatriota Federico Beltrán Masses, cada día más aristocrático; sólo se trata con millonarios, nobles y diplomáticos..." (Página 344)

Era verdad: el original y seductor arte de Beltrán Masses cautivó a la realeza y a la joven aristocracia de Hollywood. Chaplin le compró obra y Rodolfo Valentino atesoraba en su "Nido del Halcón" tres óleos: un retrato en traje campero andaluz, otro caracterizado como guerrero medieval y Gitana. La rival de Gloria Swanson, Pola Negri, le encargó al pintor un cuadro donde la estrella polaca recibía serenata del gran amante.

Beltrán Masses estudió con Joaquín Sorolla, "el Pintor de la Luz"; sin embargo, la estética del discípulo no puede alejarse más de su maestro: si el valenciano es solar, el catalán es el retratista de la noche. Sus personajes habitan las penumbras propicias a la intimidad. El cielo, matizado por aisladas estrellas, destaca el resplandor de sus personajes. "Azul Beltrán Masses" llamaron sus contemporáneas a ese color tendiente al verde y luminoso pese a las horas nocturnas. Era un arte moderno, original. Aún hoy provoca azoro.

Si bien recibió incontables premios, lo esencial es su obra y en ella la mujer ocupa el protagonismo indiscutible. Es sobre todo belleza y enigma; siempre sensual, majestuosa y hechicera. A menudo habita en épocas o reinos de leyenda: es Eva, Salomé, reina de Saba y princesa egipcia. Es la antítesis a la obra naturalista de Sorolla.

Fue un simbolista, ciertamente ya tardío, pero jamás desfasado; su talento reinventó a una vertiente casi extinta. Su erotismo desinhibido asustó más de una vez a los censores. A despecho de ellos, la obra conquistó a su época.

En este 2019 se cumplen 70 años de la desaparición de Beltrán Masses. En México apenas se conoce su obra; venturosamente existen en internet numerosos sitios dedicados a su pintura.

Por: Juan Amael Vizuet

Retrató varias veces a Rodolfo Valentino y a otras luminarias de Hollywood. Era entonces un pintor tan cotizado como Tamara de Lempicka; al desvanecerse aquel mundo, su obra cayó en el olvido. Mas, paulatinamente, resurge a la luz la creación de Federico Beltrán Masses.

El Museo Art Nuveau y Déco Casa Lis, de Salamanca, España —merecedor por sí mismo de una reseña— presentó una exposición del pintor en 2007. Contribuyó así a recuperar su legado, figurativo pero distante del realismo; fantástico y voluptuoso.

Federico Beltrán Masses nació en Guaira de la Melena, antigua Provincia de La Habana, en 1895; su padre era un médico militar catalán, asignado a la Cuba insurgente. Hay quienes lo reclaman como propio en la república insular. El pintor matancero Armando Maribona (1894-1964) coincidió con Beltrán Masses en París durante les années folles. En El arte y el amor en Montparnasse, París 1923-1930 (Ediciones Botas, México, 1950), rememora: "Tu compatriota Federico Beltrán Masses, cada día más aristocrático; sólo se trata con millonarios, nobles y diplomáticos..." (Página 344)

Era verdad: el original y seductor arte de Beltrán Masses cautivó a la realeza y a la joven aristocracia de Hollywood. Chaplin le compró obra y Rodolfo Valentino atesoraba en su "Nido del Halcón" tres óleos: un retrato en traje campero andaluz, otro caracterizado como guerrero medieval y Gitana. La rival de Gloria Swanson, Pola Negri, le encargó al pintor un cuadro donde la estrella polaca recibía serenata del gran amante.

Beltrán Masses estudió con Joaquín Sorolla, "el Pintor de la Luz"; sin embargo, la estética del discípulo no puede alejarse más de su maestro: si el valenciano es solar, el catalán es el retratista de la noche. Sus personajes habitan las penumbras propicias a la intimidad. El cielo, matizado por aisladas estrellas, destaca el resplandor de sus personajes. "Azul Beltrán Masses" llamaron sus contemporáneas a ese color tendiente al verde y luminoso pese a las horas nocturnas. Era un arte moderno, original. Aún hoy provoca azoro.

Si bien recibió incontables premios, lo esencial es su obra y en ella la mujer ocupa el protagonismo indiscutible. Es sobre todo belleza y enigma; siempre sensual, majestuosa y hechicera. A menudo habita en épocas o reinos de leyenda: es Eva, Salomé, reina de Saba y princesa egipcia. Es la antítesis a la obra naturalista de Sorolla.

Fue un simbolista, ciertamente ya tardío, pero jamás desfasado; su talento reinventó a una vertiente casi extinta. Su erotismo desinhibido asustó más de una vez a los censores. A despecho de ellos, la obra conquistó a su época.

En este 2019 se cumplen 70 años de la desaparición de Beltrán Masses. En México apenas se conoce su obra; venturosamente existen en internet numerosos sitios dedicados a su pintura.

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