/ martes 25 de junio de 2019

Bazar de la Cultura | El pecado original del Fonca

Por: Juan Amael Vizuet

El Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) arrastra hasta hoy su gran pecado original: nació en medio de la mayor crisis postelectoral que había visto México desde el movimiento henriquista.

En 1988, numerosas figuras culturales habían apoyado públicamente al candidato opositor, Cuauhtémoc Cárdenas. A Carlos Salinas, declarado ganador por las autoridades, le urgía legitimarse; asimismo necesitaba neutralizar a los creadores con simpatías cardenistas.

Hoy casi nadie recuerda aquellos días; la mitad de la población mexicana nació después de los hechos. Una mirada a la hemeroteca puede darnos informes esclarecedores: en abril de 1988, unas 70 personalidades del ámbito cultural se reunieron con Cárdenas Solórzano para expresarle su respaldo. El poeta Enrique González Rojo fue uno de los organizadores.

Tampoco se acuerda casi nadie del donativo de obra por varios famosos artistas plásticos a la campaña opositora: Alfredo Zalce, Francisco Toledo, Vlady, Vicente Rojo y Feliciano Béjar (Cronología. La campaña electoral de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, por Yolanda Meyemberg y Francisco Rebeles, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales).

A este columnista le tocó cubrir la gira de Cárdenas Solórzano por el norte del Estado de México: las multitudes acudían para aclamarlo, sin acarreos, sin redes sociales, sin propaganda en la televisión. Lo vimos: sus partidarios desbordaron el Zócalo.

Tras los resultados oficiales, una indignación apenas contenida recorrió al país. Cundió la división entre intelectuales y artistas: Octavio Paz expresó amargo disgusto por el abrumador triunfo opositor en la ciudad de México; su revista cultural reconoció y respaldó públicamente al candidato oficialista.

El 2 de marzo de 1989, tres meses después de tomar posesión, CSG fundó el FONCA; Octavio Paz pronunció el discurso inaugural sobre el noble fin del fondo.

Para los disidentes, el objetivo verdadero era político: asegurarse la lealtad de los creadores al gobierno surgido de un proceso electoral altamente cuestionado, y no solamente por inconsistencias de procedimiento.

Aún estaba fresca la memoria de los cardenistas Xavier Ovando y Román Gil, quienes debían vigilar los resultados del 6 de julio de 1988. Ambos cayeron baleados el 2 de julio, en la capital. Conforme avanzaron los años del salinismo, la prensa publicaba noticias de las muertes violentas de dirigentes cardenistas.

En 1992, Paz renunció a su responsabilidad en el FONCA: alegaba falta de imparcialidad y cooptación de las disidencias.

Ya en esta época, la crítica de arte Avelina Lésper ha denunciado cómo se beca a solicitantes sin talento, mientras se rechaza a jóvenes brillantes, pero sin contactos. El FONCA, afirma, nació como "un soborno" del gobierno salinista. A ese pecado original se suman hoy muchos otros.

Por: Juan Amael Vizuet

El Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) arrastra hasta hoy su gran pecado original: nació en medio de la mayor crisis postelectoral que había visto México desde el movimiento henriquista.

En 1988, numerosas figuras culturales habían apoyado públicamente al candidato opositor, Cuauhtémoc Cárdenas. A Carlos Salinas, declarado ganador por las autoridades, le urgía legitimarse; asimismo necesitaba neutralizar a los creadores con simpatías cardenistas.

Hoy casi nadie recuerda aquellos días; la mitad de la población mexicana nació después de los hechos. Una mirada a la hemeroteca puede darnos informes esclarecedores: en abril de 1988, unas 70 personalidades del ámbito cultural se reunieron con Cárdenas Solórzano para expresarle su respaldo. El poeta Enrique González Rojo fue uno de los organizadores.

Tampoco se acuerda casi nadie del donativo de obra por varios famosos artistas plásticos a la campaña opositora: Alfredo Zalce, Francisco Toledo, Vlady, Vicente Rojo y Feliciano Béjar (Cronología. La campaña electoral de Cuauhtémoc Cárdenas Solórzano, por Yolanda Meyemberg y Francisco Rebeles, de la Facultad de Ciencias Políticas y Sociales).

A este columnista le tocó cubrir la gira de Cárdenas Solórzano por el norte del Estado de México: las multitudes acudían para aclamarlo, sin acarreos, sin redes sociales, sin propaganda en la televisión. Lo vimos: sus partidarios desbordaron el Zócalo.

Tras los resultados oficiales, una indignación apenas contenida recorrió al país. Cundió la división entre intelectuales y artistas: Octavio Paz expresó amargo disgusto por el abrumador triunfo opositor en la ciudad de México; su revista cultural reconoció y respaldó públicamente al candidato oficialista.

El 2 de marzo de 1989, tres meses después de tomar posesión, CSG fundó el FONCA; Octavio Paz pronunció el discurso inaugural sobre el noble fin del fondo.

Para los disidentes, el objetivo verdadero era político: asegurarse la lealtad de los creadores al gobierno surgido de un proceso electoral altamente cuestionado, y no solamente por inconsistencias de procedimiento.

Aún estaba fresca la memoria de los cardenistas Xavier Ovando y Román Gil, quienes debían vigilar los resultados del 6 de julio de 1988. Ambos cayeron baleados el 2 de julio, en la capital. Conforme avanzaron los años del salinismo, la prensa publicaba noticias de las muertes violentas de dirigentes cardenistas.

En 1992, Paz renunció a su responsabilidad en el FONCA: alegaba falta de imparcialidad y cooptación de las disidencias.

Ya en esta época, la crítica de arte Avelina Lésper ha denunciado cómo se beca a solicitantes sin talento, mientras se rechaza a jóvenes brillantes, pero sin contactos. El FONCA, afirma, nació como "un soborno" del gobierno salinista. A ese pecado original se suman hoy muchos otros.

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