/ martes 17 de abril de 2018

Bazar de la cultura | Open House: la Ciudad de México es la anfitriona

Por: Juan Amael Vizuet

Una máquina del tiempo. Así podría definirse a la arquitectura de la Ciudad de México: el Colegio de las Vizcaínas nos lleva a la Colonia, la Casa de Antonieta Rivas Mercado a la era porfiriana y el Frontón México hasta les années folles, los locos años 20 a la mexicana.

Éstos y otros 97 edificios podrán visitarse gratuitamente durante el primer festival Open House de esta capital, el sábado 21 y el domingo 22 de abril.

El festival Open House, casa abierta, nació en Londres, hace 25 años. Fue una iniciativa de la escritora Victoria Thornton, quien deseaba ofrecerles a los profanos la experiencia de la arquitectura en los propios edificios históricos de la capital inglesa, habitualmente cerrados a las miradas ajenas.

Su “loca idea” despertó el entusiasmo en muchas otras ciudades. México se une por fin a este movimiento. En algunos inmuebles inscritos ya se ha cubierto el límite de visitantes. Sin embargo, restan muchos recintos irresistibles.

La página del festival ofrece toda la información:https://ohcdmx.org/info/ La Casa de Antonieta Rivas Mercado, en la calle de Héroes toma parte en el festival. Aunque al parecer ya cubrió su capacidad, vale la pena comentar algunos detalles acerca de esta mansión, salvada del derrumbe por un prodigio.

Corría el riesgo de sucumbir como la antigua terminal ferroviaria de San Lázaro. Cuando se anunció su restauración, este reportero tuvo la oportunidad de recorrer la casona tal como se hallaba antes del rescate. Más allá de las condiciones lastimosas de los interiores, llamaba la atención un atributo compartido con otras mansiones porfirianas, como la Casa Frissac en Tlalpan: pese a la imponente presencia externa, las estancias eran de dimensiones moderadas, a menudo discretas, a la medida de la intimidad familiar. No había salones de proporciones impresionantes, como las estancias residenciales de épocas posteriores.

Los biógrafos de Antonieta Rivas Mercado recuerdan que su padre recibía en la casona a los artistas e intelectuales de su tiempo, lo que seguramente estimuló la vocación de la niña. Ya adulta, la heredera se convirtió en mecenas de los vanguardistas.

Erigido en otro rumbo y en otra época, el Colegio de las Vizcaínas (Vizcaínas 21, Centro) causa azoro por su extensión. Es como una pequeña ciudad, con su gran patio en torno al cual se organizan los corredores. Sus dechados, obra de las alumnas de otros siglos, se expusieron recientemente en el Museo Franz Mayer. El colegio estará abierto el domingo 22, de 10:00 a 17:00, no habrá registro previo.

Es una gran oportunidad para viajar a los días virreinales. Bienvenido sea este primer festival y que se repita cada año venidero.

Por: Juan Amael Vizuet

Una máquina del tiempo. Así podría definirse a la arquitectura de la Ciudad de México: el Colegio de las Vizcaínas nos lleva a la Colonia, la Casa de Antonieta Rivas Mercado a la era porfiriana y el Frontón México hasta les années folles, los locos años 20 a la mexicana.

Éstos y otros 97 edificios podrán visitarse gratuitamente durante el primer festival Open House de esta capital, el sábado 21 y el domingo 22 de abril.

El festival Open House, casa abierta, nació en Londres, hace 25 años. Fue una iniciativa de la escritora Victoria Thornton, quien deseaba ofrecerles a los profanos la experiencia de la arquitectura en los propios edificios históricos de la capital inglesa, habitualmente cerrados a las miradas ajenas.

Su “loca idea” despertó el entusiasmo en muchas otras ciudades. México se une por fin a este movimiento. En algunos inmuebles inscritos ya se ha cubierto el límite de visitantes. Sin embargo, restan muchos recintos irresistibles.

La página del festival ofrece toda la información:https://ohcdmx.org/info/ La Casa de Antonieta Rivas Mercado, en la calle de Héroes toma parte en el festival. Aunque al parecer ya cubrió su capacidad, vale la pena comentar algunos detalles acerca de esta mansión, salvada del derrumbe por un prodigio.

Corría el riesgo de sucumbir como la antigua terminal ferroviaria de San Lázaro. Cuando se anunció su restauración, este reportero tuvo la oportunidad de recorrer la casona tal como se hallaba antes del rescate. Más allá de las condiciones lastimosas de los interiores, llamaba la atención un atributo compartido con otras mansiones porfirianas, como la Casa Frissac en Tlalpan: pese a la imponente presencia externa, las estancias eran de dimensiones moderadas, a menudo discretas, a la medida de la intimidad familiar. No había salones de proporciones impresionantes, como las estancias residenciales de épocas posteriores.

Los biógrafos de Antonieta Rivas Mercado recuerdan que su padre recibía en la casona a los artistas e intelectuales de su tiempo, lo que seguramente estimuló la vocación de la niña. Ya adulta, la heredera se convirtió en mecenas de los vanguardistas.

Erigido en otro rumbo y en otra época, el Colegio de las Vizcaínas (Vizcaínas 21, Centro) causa azoro por su extensión. Es como una pequeña ciudad, con su gran patio en torno al cual se organizan los corredores. Sus dechados, obra de las alumnas de otros siglos, se expusieron recientemente en el Museo Franz Mayer. El colegio estará abierto el domingo 22, de 10:00 a 17:00, no habrá registro previo.

Es una gran oportunidad para viajar a los días virreinales. Bienvenido sea este primer festival y que se repita cada año venidero.

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