/ lunes 9 de noviembre de 2020

Biden

Joe Biden se convertirá en el presidente número 46 de los Estados Unidos de Norteamérica al superar, después de cuatro días de disputas y diversas manifestaciones nunca antes vistas en esas elecciones, los 270 votos del Colegio Electoral. Falta un tramo importante para conocer los resultados oficiales y el desenlace de las impugnaciones que interpondrá Trump ante su inaceptable discurso del fraude.

El modelo electoral norteamericano demostró, de nuevo, ser tan eficaz como anacrónico y obsoleto. Basado en una elección indirecta que proviene de la duodécima enmienda incorporada a la Constitución en 1804 funciona a partir de la elección de electores que integran un colegio con 538 miembros que se eligen conforme a listas integradas por los partidos políticos y corresponden a la proporción de la población de cada uno de los 50 Estados. Así, cada Estado tiene el mismo número de integrantes del colegio electoral que número de legisladores en la Cámara de Representantes y en el Senado de la República.

Hay contradicciones en el diseño y muchas lecciones para el análisis. La más evidente está en el hecho de que gana quien más electores logra en el colegio y no quien más votos populares obtiene, lo que históricamente ha generado situaciones como la que hace cuatro años permitió a Trump ingresar a la Casa Blanca aún y cuando Hilary Clinton obtuvo casi tres millones más de votos en las urnas, aunado al hecho de que en un Estado quien suma más votos se lleva a todos los electores del colegio electoral. Otra vez, en la elección pasada los 16 votos de Michigan fueron para Trump quien apenas superó por 10 mil votos en las urnas a Hilary.

La segunda lección que advierto está en los diversos riesgos que se generan ante la inexistencia de una autoridad nacional, al menos federal, que conduzca el proceso y en la etapa de los resultados administre las tensiones políticas y las especulaciones. Son los medios quienes van presentando las tendencias de la votación a partir de los avances que dan a conocer las autoridades estatales que con sus propias reglas realizan el conteo de los votos que se recaban anticipadamente por vía postal, o presencial por las urnas, o por medios electrónicos.

Funciona sí, pero la gran pregunta es por qué no sustituir el sistema postal por uno de carácter electrónico que agilice la presentación de los resultados y evite las jornadas extenuantes de conteo de los más de 100 millones de votos postales que ahora se recibieron y que por increíble que parezca han sido objeto de los señalamientos de fraude de Trump, aún y cuando organizaciones de observación como la propia OEA declararon que no advierten elementos que lo demuestren.

9El presidente Trump será también foco de análisis porque habrá que ver cómo con una política racista y agresiva logró esa cantidad de votos y un apoyo impresionante de los latinos de la Florida y Texas que por ignorancia o conveniencia lo apoyaron y defendieron en las urnas y en el discurso. Sea como sea, estamos en presencia de otro fenómeno que probablemente para administrarlo requerirá mucho esfuerzo, inteligencia y tiempo de Biden.

En la actualidad, los sistemas electores deben garantizar eficacia operativa y técnica para hacer posibles las elecciones, para que sean pacíficas, creíbles y transparentes y para que resuelvan adecuadamente los problemas implícitos en la renovación del poder. Estados Unidos, en sus aciertos e insuficiencias, nos demuestra la necesidad de que las normas y las instituciones electorales no solo estén actualizadas si no también suficientemente equipadas y dotadas de autoridad para generar confianza en la organización de las elecciones en marcos de mucha exigencia y hoy de pandemia.

*Profesor en UP y en UNAM. Especialista en temas electorales.

@MarcoBanos

Joe Biden se convertirá en el presidente número 46 de los Estados Unidos de Norteamérica al superar, después de cuatro días de disputas y diversas manifestaciones nunca antes vistas en esas elecciones, los 270 votos del Colegio Electoral. Falta un tramo importante para conocer los resultados oficiales y el desenlace de las impugnaciones que interpondrá Trump ante su inaceptable discurso del fraude.

El modelo electoral norteamericano demostró, de nuevo, ser tan eficaz como anacrónico y obsoleto. Basado en una elección indirecta que proviene de la duodécima enmienda incorporada a la Constitución en 1804 funciona a partir de la elección de electores que integran un colegio con 538 miembros que se eligen conforme a listas integradas por los partidos políticos y corresponden a la proporción de la población de cada uno de los 50 Estados. Así, cada Estado tiene el mismo número de integrantes del colegio electoral que número de legisladores en la Cámara de Representantes y en el Senado de la República.

Hay contradicciones en el diseño y muchas lecciones para el análisis. La más evidente está en el hecho de que gana quien más electores logra en el colegio y no quien más votos populares obtiene, lo que históricamente ha generado situaciones como la que hace cuatro años permitió a Trump ingresar a la Casa Blanca aún y cuando Hilary Clinton obtuvo casi tres millones más de votos en las urnas, aunado al hecho de que en un Estado quien suma más votos se lleva a todos los electores del colegio electoral. Otra vez, en la elección pasada los 16 votos de Michigan fueron para Trump quien apenas superó por 10 mil votos en las urnas a Hilary.

La segunda lección que advierto está en los diversos riesgos que se generan ante la inexistencia de una autoridad nacional, al menos federal, que conduzca el proceso y en la etapa de los resultados administre las tensiones políticas y las especulaciones. Son los medios quienes van presentando las tendencias de la votación a partir de los avances que dan a conocer las autoridades estatales que con sus propias reglas realizan el conteo de los votos que se recaban anticipadamente por vía postal, o presencial por las urnas, o por medios electrónicos.

Funciona sí, pero la gran pregunta es por qué no sustituir el sistema postal por uno de carácter electrónico que agilice la presentación de los resultados y evite las jornadas extenuantes de conteo de los más de 100 millones de votos postales que ahora se recibieron y que por increíble que parezca han sido objeto de los señalamientos de fraude de Trump, aún y cuando organizaciones de observación como la propia OEA declararon que no advierten elementos que lo demuestren.

9El presidente Trump será también foco de análisis porque habrá que ver cómo con una política racista y agresiva logró esa cantidad de votos y un apoyo impresionante de los latinos de la Florida y Texas que por ignorancia o conveniencia lo apoyaron y defendieron en las urnas y en el discurso. Sea como sea, estamos en presencia de otro fenómeno que probablemente para administrarlo requerirá mucho esfuerzo, inteligencia y tiempo de Biden.

En la actualidad, los sistemas electores deben garantizar eficacia operativa y técnica para hacer posibles las elecciones, para que sean pacíficas, creíbles y transparentes y para que resuelvan adecuadamente los problemas implícitos en la renovación del poder. Estados Unidos, en sus aciertos e insuficiencias, nos demuestra la necesidad de que las normas y las instituciones electorales no solo estén actualizadas si no también suficientemente equipadas y dotadas de autoridad para generar confianza en la organización de las elecciones en marcos de mucha exigencia y hoy de pandemia.

*Profesor en UP y en UNAM. Especialista en temas electorales.

@MarcoBanos

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